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Una sola muerte es una tragedia; un millón de muertes es una estadística


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Comunicación de Riesgos: El Caso del Huracán Katrina

por Julio Ernesto Herrera


Una sola muerte es una tragedia;

un millón de muertes es una estadística”.

Stalin
El pasado 29 de agosto, el país más poderoso del mundo –Estados Unidos de Norteamérica– sufrió el desastre natural más grave y devastador del que se tenga memoria en los últimos años en ese país. En tan sólo unas horas, el huracán Katrina arrasó con la ciudad sureña de Nueva Orleáns, y –junto con ella– las plataformas petroleras y varias refinerías. El precio del crudo se disparó hasta casi 70 dólares por barril. El número de damnificados se elevó a más de un millón y el de muertos se estimó en más de un centenar. Los cálculos menos conservadores, como el del propio alcalde de Nueva Orleáns, Ray Nagin, señalaron que dicha cifra podría llegar a 10 mil. El número es quizá exagerado, pero nos da una idea de la magnitud de la tragedia.


Katrina golpeó, con todo su poder, a los estados de Alabama, Missisipi y Louisiana; demostrando que los imperios, por más poderosos que sean, tienen puntos vulnerables. En el caso del “imperio” norteamericano, quedó claro que uno de los asuntos más vulnerables, en su política actual, es su sistema de administración de riesgos.
El gobierno del presidente Bush fue incapaz de instrumentar varias –o al menos una– estrategias que incorporaran la comunicación del riesgo (que significaba el huracán), a sus programas de seguridad nacional. George W. Bush tuvo en sus manos la posibilidad de disminuir y controlar el riesgo de la tragedia vaticinada por muchos.
Como señala la revista Proceso, en su reportaje especial sobre el devastador fenómeno, “científicos estadounidenses previeron con suficiente anticipación la ruta y la magnitud del huracán, y urgieron al Gobierno Federal a reconstruir los viejos diques y represas que malamente resguardaban la actual zona de desastre; sin embargo, el gobierno de George W. Bush escatimó fondos para esas obras porque la ocupación de Irak consume muchos recursos. Así, miles de habitantes de Nueva Orleáns, que se cuentan entre los más pobres de su país, quedaron inermes y Katrina se ensañó con ellos”1.
En ese sentido, el gobierno de Bush no aprendió la dura lección de aquel fatídico 11 de septiembre de 2001, en Nueva York: ¡comunicar los riesgos de manera adecuada a la población, e informar sobre los peligros potenciales que enfrenta el país, es muy importante para incrementar la confianza y el bienestar de los ciudadanos!
Si bien existen diferencias entre estas tragedias, también hay enormes coincidencias. En primer lugar, se destaca que, en ambos casos, el gobierno no contaba con un buen sistema de administración de riesgos. En los dos, las autoridades estadounidenses contaban con información que pudo haber reducido las consecuencias de lo ocurrido, pero no reaccionaron de manera adecuada u oportuna.
Antes de los ataques del 11 de septiembre, los Servicios de Inteligencia de Estados Unidos captaron información acerca de un grupo de personas de origen árabe que tomaba clases para pilotear aviones. Pero ese dato se perdió entre la gran cantidad de informes que saturan los sistemas de Inteligencia de ese país.
Para Katrina había información suficiente y por adelantado de que el huracán alcanzaría una categoría 5, la máxima en la clasificación Saffir-Simpson, lo cual sería suficiente para inundar una ciudad construida por debajo del nivel del mar y protegida por dos viejos y frágiles diques. Sin embargo, la ciudad recibió al huracán poco preparado para enfrentar un meteoro de esa magnitud.2
I. La Cultura Estadounidense y sus Riesgos
Los daños que padeció Nueva Orleáns y el impacto del huracán en la producción de hidrocarburos, sobre los cuales descansa el funcionamiento de las sociedades industriales, arrojan lecciones fundamentales en términos de la percepción de riesgos de la cultura norteamericana. De acuerdo con la literatura de “comunicación de riesgos” (Phillip G. Clampitt, Ph. D. “Communicating about risks”) y “comunicación en tiempos de crisis”, la percepción de riesgos en una sociedad es producto de un consenso social.3 Es decir, la cultura determina el tipo y nivel de riesgo en una sociedad.
La literatura sugiere que existen dos grandes cosmovisiones que rigen la percepción de riesgos. Por un lado, la cosmovisión catastrófica, según la cual el fin de la humanidad ha llegado y el mundo desaparecerá. Por el otro, la cosmovisión cornucopia, según la cual el ser humano es infalible y el uso de más y mejores tecnologías puede contener todos los males y por lo tanto el ser humano dominará a la naturaleza.
En el caso del huracán Katrina, ambas cosmovisiones se presentaron en la sociedad estadounidense. Por un lado, los científicos y grupos de expertos –que advirtieron al presidente Bush de los enormes peligros del sobrecalentamiento global de la tierra y del cambio climático sobre las costas del sur de los Estados Unidos– representan la cosmovisión catastrófica. Eran algo así como una luz amarilla que alertaba sobre el grave peligro del huracán.
Por otro lado, estaban el presidente y su gabinete, quienes –con oídos sordos y haciendo caso omiso a los expertos– tuvieron una cosmovisión cornucopia. Pensaban que el “imperio” norteamericano era infalible y que jamás se inundaría una ciudad como Nueva Orleáns. Katrina le dio la razón a los “catastróficos”, quienes hoy todavía siguen culpando de ineptos y sordos a los “infalibles”. Como sugiere la literatura, los científicos estadounidenses amplificaron el riesgo, mientras que el presidente Bush lo minimizó... e incluso lo ignoró.
Resulta claro que si el presidente hubiera implementado un programa de comunicación de riesgo, considerando la visión catastrófica y la alta percepción de riesgo que tenían los científicos, la tragedia se habría minimizado o hasta evitado; pues los ciudadanos hubieran reconocido el peligro real del huracán y se hubieran preparado adecuadamente.
II. El Gobierno de Bush y la Comunicación del Riesgo
El objetivo principal del programa de comunicación que debió haber implementado George W. Bush ante la inminente amenaza del huracán se muestra en la Figura 14 Dicho objetivo es que los habitantes de Nueva Orleáns y de los estados afectados por el huracán reconocieran el “riesgo real”. Esto significa que conceptualizaran los riesgos de manera objetiva. Como señala Pérez-Floriano, “sin exagerarlos, pero tampoco sin minimizarlos, ya que esto llevaría a que los individuos no tomaran las precauciones necesarias”.5
Figura 1

Percepción de riesgo del huracán Katrina y valoración del peligro
Percepción Baja

Percepción Alta

Peligro real

(huracán Katrina)




Según señala Pérez-Floriano, “el objeto de la comunicación de riesgos es establecer un diálogo entre dos partes que deseen informarse o discutir sus opiniones sobre un riesgo real o percibido en situaciones en donde la preocupación es alta y la confianza baja”. Sin duda, la situación previa a la entrada del huracán Katrina en Nuevo Orleáns era de una gran preocupación por los científicos y expertos, pero también de una baja confianza en el gobierno por parte de la ciudadanía. De ahí que para el gobierno de Bush era urgente implementar una estrategia de comunicación de riesgos donde discutir las opiniones de los expertos y posteriormente informar a la ciudadanía del peligro real, a fin de que se tomaran las soluciones pertinentes en tiempo razonable.
No obstante, como señaló Isabel Turrent en su extraordinaria columna del diario Reforma, “la devastación provocada por Katrina dejó nuevamente de manifiesto la ineficacia del gobierno de George W. Bush y el costo de elegir para un alto cargo público a un hombre ignorante, con base en variables ideológicas que nada tienen que ver con el talento político y la eficacia”.6
III. El Predicamento de Bush y sus Respuestas Tardías
En su primera respuesta a la tragedia –un comunicado televisivo tardío y superficial–, Bush mostró una complacencia incomprensible que “oculta su abismal ignorancia e incapacidad para lidiar con una tragedia humana y material del calibre de lo ocurrido en la región que alberga Nueva Orleáns”.7
Para salir de su predicamento, George W. Bush mostró cierta autodiscapacidad al colocar el equilibrio ecológico en el último escalafón de su agenda política. Ha utilizado diversas excusas, cuando ha puesto en duda el calentamiento del planeta y sus evidentes consecuencias. Pero también ha recurrido a las justificaciones para no firmar el protocolo de Kyoto y para sostener que la temperatura de la atmósfera es cambiante y que “sube en algunos años y baja en otros”.
Lo que Bush y sus asesores en materia ecológica no han querido ver es que tras esos cambios existe, en efecto, una tendencia al alza de la temperatura atmosférica. George W. Bush y su gobierno han sustentado su conveniente ceguera ecológica, al servicio de los intereses de grupos industriales que apoyan al partido Republicano, en la naturaleza irregular y a largo plazo del calentamiento terrestre 8
La Casa Blanca está a la defensiva, e ideó un plan que tiene como objetivo disminuir el daño político que dejó Katrina. Hoy, el gobierno de Bush está más preocupado por su “imagen política” que por ayudar a los damnificados y disminuir el nivel del agua en Nueva Orleáns. La caricatura de Helioflores, publicada en El Universal, es muestra de ello.

No sólo el presidente acortó finalmente sus vacaciones y visitó la zona dos veces, sino que casi todo su gabinete lo ha imitado y, según reportes de la prensa, todos han recibido instrucciones de utilizar chivos expiatorios (echarle la culpa a los funcionarios locales) y de no responder a los ataques de miembros del partido Demócrata, acerca de si no reaccionaron pronto al desastre.


El principal chivo expiatorio fue Michael Brown, director de la Agencia Federal de Administración de Emergencias (FEMA), un abogado en derecho de 50 años de edad, originario de Oklahoma pero con amigos y conexiones en Washington, que sin suerte intentó llegar al Congreso en 1988 y quien antes de conseguir su actual puesto como el “experto” en crisis y desastres del gobierno de Bush fue comisionario ¡de la Asociación Hípica Internacional de Caballos Árabes! ¡Vaya que Bush no calculó sus riesgos! Por eso, ahora lo está utilizando como chivo expiatorio.
De acuerdo con el columnista de Reforma, Sergio Sarmiento, uno de los factores de la tardanza del gobierno de Bush para proporcionar apoyos a la zona afectada fue el desorden interno en el Departamento de Seguridad Interior, un nuevo gigante burocrático en el cual se han conjuntado dependencias gubernamentales de responsabilidades muy diversas, incluida la FEMA. 9
IV. Los Dos Puntos Medulares en Cuanto a la Percepción del Riesgo
De acuerdo con la literatura, existen dos puntos medulares en cuanto a la percepción del riesgo. Primero, las personas perciben como más peligrosos aquellos eventos impuestos (riesgo impuesto vs. riesgo voluntario). Y, segundo, los países –al igual que las empresas– enfrentan el problema de que las personas esperan que se les informe sobre los riesgos (riesgo conocido vs. desconocido).
Los desconocidos son los que más preocupación causan, pues no sabemos qué tanto daño pueden causarnos a nosotros o a las futuras generaciones 10, por ejemplo, el sobrecalentamiento global de la Tierra.
El gobierno de Bush no informó a la sociedad sobre los riesgos de Katrina y, por lo tanto, había un riesgo desconocido para la población en general que causó mucha preocupación. ¡Las largas filas de automovilistas desesperados tratando de evacuar la ciudad evidenciaron ese terror por lo desconocido!
La negativa del gobierno de Bush a no implementar una política de comunicación de riesgos ha suscitado –a posteriori al huracán– diversas críticas de la más diversa índole. Una de las más severas es la que emitió el alcalde de Nueva Orleáns, Ray Nagin, cuando arremetió contra el gobierno al decir que no tienen ni idea de la gravedad de la crisis y que necesita más refuerzos. “Lo siento, pero estoy muy enfadado”, dijo Nagin en una entrevista, horas antes de que Bush, presionado por las críticas, bajara de su helicóptero y conociera en persona la magnitud de la tragedia. “Muevan el trasero y hagamos algo (…) es un desastre nacional”, añadió el alcalde. 11
Por su parte, la organización ambientalista Greenpeace México también acusó a Bush y a la industria petrolera de negarse a tomar medidas para mitigar los impactos de fenómenos meteorológicos como el huracán Katrina, debido a la negativa de su administración a firmar el protocolo de Kyoto y reconocer los impactos del cambio climático por las actividades de sus industrias.

V. Conclusiones

Katrina golpeó de frente el modo de gobernar de Bush, cuyo objetivo fundamental ha sido ganar elecciones. Washington relegó la ecología al último lugar de la agenda y hoy está pagando los costos de no haber implementado una política de administración y comunicación de riesgos. Bush y su gobierno subestimaron el “poder de experto” de los científicos, en favor de una cosmovisión cornucopia, según la cual lo único que importa es la “lucha contra el terrorismo” en Iraq y no la ecología, pues el ser humano es infalible y –con las nuevas tecnologías– puede resolverse el problema ecológico. Subestimaron también la importancia de comunicar oportuna y adecuadamente los riesgos a la población. Así, en Nueva Orleáns privó un riesgo desconocido que terminó cobrándole la factura a una ciudad hoy desolada y hundida –literalmente– en una sopa contaminada.



Referencias

1. Vid. Esquivel, J. Jesus. “Negligencia devastadora”, en Proceso, Semanario de Información y Análisis. No. 1505, 4 de septiembre de 2005, p. 38.

2. Cfr. Sarmiento, Sergio. “Tragedias”, en Reforma, Corazón de México. México, D.F., 6 de septiembre de 2005, 1ª. Sección, p. 12.

3. Cfr. Pérez-Floriano, Lorena. La Comunicación de Riesgos en tu Empresa y la Seguridad Industrial. ITAM, México, D.F.

4. La figura 1 se adaptó del modelo elaborado por Lorena Pérez-Floriano, Op. Cit.

5. Cfr. Pérez-Floriano, Lorena. Op. Cit.

6. Vid. Turrent, Isabel. “Katrina entre nosotros”, en Reforma, Corazón de México. Editorial. México, D.F., domingo 4 de septiembre de 2005.

7. Cfr. Turrent, Isabel. Op. Cit.

8. Ibidem.

9. Vid. Sarmiento, Sergio. “Saldos de Katrina”, en Reforma. Corazón de México, México, D.F., 9 de septiembre de 2005.



10. Cfr. Pérez-Floriano, Lorena. Op. Cit.

11. Cfr. “Muevan el trasero”, en El Sol de México, México, D.F., sábado 3 de septiembre de 2005. Página principal.


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