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Temas 2 Conceptos básicos sobre taxonomía de malas hierbas. Dicotiledóneas. Monocotiledóneas. Gimnospermas. Pteridófitos. Briófitos. Algas


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MALHERBOLOGÍA
TEMAS 2-3.- Conceptos básicos sobre taxonomía de malas hierbas. Dicotiledóneas. Monocotiledóneas. Gimnospermas. Pteridófitos. Briófitos. Algas.
1) INTRODUCCIÓN.-
Las malas hierbas no pertenecen a una única familia, sino que se hallan repartidas por todo el reino vegetal. En este tema doble se dará una visión muy general de las especies más sobresalientes que aparecen por nuestras latitudes. Se supone que el alumno ha cursado previamente asignaturas de Botánica, por lo que no entraremos aquí en la descripción de las diversas familias. Para ello, se recomienda al alumno que revise textos básicos de Botánica, como el Strasburger o el Scagel. También son útiles las obras de Heywood, sobre las familias de las plantas con flores, o incluso tratados de aire etnobotánico, como el Dioscórides Renovado de P. Font Quer. También se aconseja la revisión de claves botánicas conocidas (Flora Europaea, Flora Ibérica, etc.), para hacerse una idea del aspecto de estas plantas y poder reconocerlas En las clases prácticas se insistirá sobre este aspecto. A continuación se comentan los diversos niveles taxonómicos (desde plantas vasculares a las algas) y, dentro de ellos, se especifican cuáles son las principales familias en cuyo seno existe un buen número de especies de ‘malas hierbas’ (indicadas con un *) y aquellas que, de modo puntual, pueden comportarse como tales (indicadas con **), pero sin generar problemas de la magnitud del primer grupo.
2) DICOTILEDÓNEAS (CL. MAGNOLIATAS).-
2.1) Subcl. Magnólidas.-
Aquí se incluyen familias muy conocidas, como las Magnoliáceas, Anonáceas o Lauráceas, aunque por aquí no funcionan como malas hierbas. Las Ranunculáceas, en cambio, sí que pueden actuar como tales, sobre todo si se tiene en cuenta el carácter venenoso de muchas de ellas. Algunas especies de Ranunculus** o Delphinium pueden actuar como malas hierbas en prados, aunque necesitan más humedad de la que hay en Almería.
Las Berberidáceas incluyen arbustos espinosos, como los agracejos (Berberis). En EEUU se han realizado campañas de erradicación contra ellos, ya que son hospedantes alternativos de las royas de los cereales (Puccinia spp.).
Las Papaveráceas* sí que presentan especies de malas hierbas muy extendidas. Las amapolas (Papaver) son especialmente frecuentes en campos de cereales. Por otro lado, pueden producir sustancias narcóticas; de una de ellas, la adormidera (P. somniferum), se extrae el opio y sus derivados (en este caso, el concepto de mala hierba depende de si uno gana dinero cultivándola, o sufre sus efectos).
Las Fumariáceas* están emparentadas con las anteriores. El género Fumaria incluye a malas hierbas muy corrientes en cultivos.
2.2) Subcl. Hamamélidas.-


Aquí se encuentran familias como Fagáceas, Betuláceas, Ulmáceas o Juglandáceas, con especies arbóreas muy conocidas y de gran importancia forestal. Las Moráceas incluyen a árboles muy corrientes, como las higueras (Ficus spp.). A este género pertenecen los árboles estranguladores, que comienzan a crecer como epifitos sobre el árbol hospedante, proyectan sus raíces hasta el suelo y después llegan a sofocar a la planta que los soporta.
Las Cannabáceas, próximas a las anteriores, incluyen especies herbáceas. La más conocida es Cannabis sativa, el cáñamo o marihuana (al igual que la adormidera, su carácter de mala hierba depende de si uno padece sus efectos o se lucra con ella). Se cultiva bastante en el Magreb, y se puede detectar fácilmente desde aquí por la aparición de grandes cantidades de su polen en la atmósfera (la dispersión es anemófila).
Las Urticáceas* incluyen a las ortigas (Urtica spp.), conocidas malas hierbas, especialmente frecuentes en lugares nitrificados, urbanos o no. Las parietarias (Parietaria spp.) son similares, aunque no urticantes, y muy frecuentes en grietas y rendijas de muros y construcciones.
2.3) Subcl. Cariofílidas.-
Las Aizoáceas* suelen presentar hojas carnosas y vistosas flores, con frutos de dehiscencia higroscópica, y están bien adaptadas a las zonas áridas. En Almería son muy frecuentes Mesembryanthemum y Aizoon, que son consideradas como malas hierbas por algunos jardineros. Hay especies ornamentales introducidas del género Carpobrotus, especialmente para fijar dunas y taludes, que pueden asilvestrarse y competir con especies autóctonas. Este carácter invasor de las especies introducidas es especialmente problemático en algunas islas, como las Canarias, donde la tercera parte de la flora es adventicia.
Las Cactáceas* son los conocidos cactus, oriundos de América. Hay especies introducidas en otros continentes, sobre todo las chumberas (Opuntia spp.). En algunos lugares, como Australia, las chumberas funcionan como malas hierbas muy agresivas, a las que se trata de combatir incluso con medios biológicos.
Las Cariofiláceas* incluyen una de las malas hierbas mesegueras más temibles: el neguillón (Agrostemma githago). Cuando sus semillas se mezclan con las de cereales pueden provocar envenenamientos. Otras especies que se comportan como malas hierbas son Stellaria media, Spergularia spp., etc.
Las Amarantáceas* (el género más conocido es Amaranthus) incluyen muchas especies de malas hierbas (bledos), aunque algunas se cultivan como hortalizas u ornamentales.
Las Quenopodiáceas* son plantas que pueden vivir en suelos ricos en sales. Las hay cultivadas, como las distintas variedades de Beta vulgaris (remolachas y acelgas) o las espinacas (Spinacia oleracea); sin embargo, otras pueden funcionar como malas hierbas, como los cenizos (Chenopodium spp.). En zonas áridas, como el SE ibérico, abundan las quenopodiáceas leñosas, que a veces actúan como malas hierbas (Salsola, Atriplex, etc.). Los saladares son especialmente ricos en estas plantas, muchas de ellas crasas (Salicornia, etc.; algunas de éstas, como las barrillas y almarjos, se han usado para obtener sosa).
Las Poligonáceas* (Polygonum, Rumex, Emex, etc.) presentan especies comestibles (ruibarbo, acedera), mientras que otras funcionan como malas hierbas en bordes de caminos.


Las Plumbagináceas son muy frecuentes en salinas, especialmente Limonium. Varias especies se utilizan por la belleza de sus flores secas (aunque algunos supersticiosos opinan que traen mala suerte).
2.4) Subcl. Dilénidas.-
Las Malváceas*, aparte de plantas tan útiles como el algodón, u ornamentales como Hibiscus rosa-sinensis, incluyen géneros de malas hierbas muy corrientes, como las malvas (Malva, Lavatera). Son típicas malezas urbanícolas, muy frecuentes en márgenes de carreteras, solares abandonados, jardines, etc. Por si a alguien le interesa, es común verlas parasitadas por una roya (Puccinia malvacearum).
Las Cistáceas son las conocidas jaras y jarillas, tan frecuentes en nuestros montes. A primera vista parece excesivo considerarlas malas hierbas, aunque pueden dar algún problema a los apicultores. Sus flores son muy poliníferas, pero no fabrican néctar. De este modo atraen a las abejas, pero la producción de miel es menor.
Las Tamaricáceas son bastante comunes en zonas áridas y salinas. Los tarayes (Tamarix spp.) son árboles que colonizan con rapidez estas áreas, tan corrientes en Almería. En realidad no se comportan como mala hierba en Europa. Es más, son plantas muy útiles para jardinería, reforestación y revegetación de taludes.
Las Cucurbitáceas** están muy extendidas en Almería, sobre todo como cultivos bajo plástico (melones, sandías, pepinos, etc.). No obstante, hay algunas malas hierbas, como la nueza (Bryonia dioica), una planta trepadora bastante molesta, o la tuera (Citrullus colocynthis). El carácter de mala hierba de esta última es obvio para el que haya comido sus frutos: es un purgante violentísimo. La mala hierba más frecuente es el pepinillo del diablo (Ecballium elaterium), que se caracteriza porque las semillas son disparadas cuando se roza el fruto.
Las Caparáceas pueden a veces tener aspecto de mala hierba (porte rastrero, espinosas), pero no se consideran malas hierbas. Al contrario, su presencia suele ser potenciada para alimentación o control de la erosión. La más conocida es la tapenera o alcaparro, Capparis spinosa.
Las Brasicáceas o Crucíferas*, aparte de especies de interés agrícola (col, coliflor, mostaza, nabo, alhelí, rábano, etc.), incluyen abundantes malas hierbas, distribuidas en numerosos géneros (las de flores amarillas suelen denominarse jaramagos). Son plantas de crecimiento muy rápido y bastante tempranas; a finales de invierno se pueden ver los campos cubiertos por auténticos tapices de flores de estas plantas. Sus diminutas semillas se dispersan con gran facilidad.
Las Primuláceas** también presentan malas hierbas, como los murajes (Anagallis arvensis), aunque hay especies de este género que se cultivan como ornamentales.
2.5) Subcl. Rósidas.-
Las Droseráceas son plantas carnívoras frecuentes en turberas y suelos ácidos. No son malas hierbas. Las atrapamoscas del género Drosera se emplean en medicina tradicional (en jarabes contra la tos, por ejemplo).


Las Rosáceas** presentan muchas especies consideradas útiles, tanto ornamentales (rosas) como por sus frutos (almendros, ciruelos, manzanos, etc.). Las malas hierbas son raras, aunque algunos Prunus arbustivos son considerados indeseables en los bosques de coníferas en países como Holanda. Las especies del género Rubus (particularmente Rubus ulmifolius), es decir, las zarzas o zarzamoras son malas hierbas de notable importancia en climas húmedos. Colonizan una amplia diversidad de ambientes desde plantaciones forestales a pastizales y canales de riego. En cuanto a malas hierbas de porte más reducido, cabe citar el género Agrimonia.
Las Fabáceas o Leguminosas* (en sentido amplio) incluyen muchas especies útiles (legumbres comestibles, alfalfa, acacias ornamentales, algarrobos, etc.), pero también malas hierbas asaz molestas. Algunos géneros, como Vicia o Lathyrus, incluyen especies comestibles o forrajeras, al mismo tiempo que otras que son malas hierbas. Otros géneros con representantes perjudiciales son Ononis, Astragalus, Medicago (llamadas carretones, las vainas de estas plantas se enrollan en espiral y suelen presentar espinas; cuando quedan en el suelo, son la pesadilla de los excursionistas que se sientan en el suelo y se las clavan en salva sea la parte, por no decir de los pobres perros de lanas), etc. Hay también arbustos y matorrales espinosos de difícil erradicación, como los tojos (Ulex), aliagas (Calicotome), genistas espinosas, etc. También hay árboles de esta familia, como ciertas acacias y robinias, que al ser introducidas en algunas zonas se asilvestran y comportan como invasoras.
Las Timeleáceas* incluyen una especie muy corriente en Almería, Thymelaea hirsuta, la bufalaga o prueba-novios (llamada así, según dicen, porque en algunas zonas, cuando el novio pedía la mano de la novia al padre, aquel tenía que demostrarle su valía arrancando con las manos una mata de bufalaga), de porte arbustivo y que coloniza con facilidad campos baldíos. El torvisco o matapollo (Daphne gnidium) puede causar problemas por la presencia de sustancias irritantes y purgantes, de efectos drásticos. No se trata de malas hierbas competidoras con cultivos, ya que se trata en general de especies colonizadoras de campos abandonados.
Las Mirtáceas presentan especies arbóreas y arbustivas, muchas de ellas productoras de sustancias olorosas (mirtos, eucaliptos). Los árboles del género Eucalyptus, oriundos de Australia, pueden comportarse en nuestro país como malas hierbas en las zonas donde se han asilvestrado, aunque resulte paradójico aplicar ese término a un árbol de varias decenas de metros de altura. Las repoblaciones de eucaliptos, tan populares a causa de su rápido crecimiento para la industria papelera, pueden desecar y acidificar los suelos. Además, los eucaliptos suelen ser plantas pirófilas, que se valen de los incendios forestales para eliminar competidores. Por tanto, su cultivo en áreas mediterráneas parece desaconsejable.
Las Lorantáceas (a veces denominadas Viscáceas) incluyen a especies hemiparásitas (toman del hospedante agua y sales minerales, pero poseen clorofila). La más conocida (sobre todo para los lectores de Astérix) es el muérdago (Viscum album), una planta perenne que parasita a árboles de hoja caduca (aunque la var. laxum puede presentarse sobre pinos, y V. cruciatum, el marojo, ataca a los olivos). El muérdago es una planta dioica, de hojas opuestas, y sus frutos se dispersan por medio de pájaros, que las encuentran deliciosas. De los frutos tradicionalmente se ha fabricado la liga, una sustancia pegajosa que se emplea para capturar aves y, en general, a modo de trampa atrapabichos. En la asignatura de Fitopatología se puede hallar más información sobre esta planta. Hay otros géneros de Lorantáceas en el mundo, también dañinas para los árboles, como Arceuthobium en América. En Australia hay árboles de esta familia que en principio no parecen parásitos, pero cuyas raíces se alimentan a costa de cualquier planta de los alrededores. No obstante no se considera una familia importante en los estudios malherbológicos.


Las Cinomoriáceas son parásitas estrictas de extraño aspecto. En las costas mediterráneas es corriente el jopo de lobo o picha de perro, Cynomorium coccineum. Tiene toda la pinta de un rábano, sobre el cual se disponen diminutas florecillas. Parasita a plantas de zonas costeras (Tamaricáceas, Quenopodiáceas, etc.). En los textos antiguos se la conoce como "fungus melitensis", el hongo de Malta. A pesar de ser una planta parásita, aparece casi siempre en zonas naturales, por lo que no es considerada una mala hierba.
Las Raflesiáceas son otras parásitas estrictas. Una especie, Rafflesia arnoldi, que parasita lianas tropicales, forma las mayores flores del mundo. Por nuestras latitudes se presentan géneros menos espectaculares, como la granadilla o hipocístice (Cytinus hypocistis), que parasita raíces de jaras y otras Cistáceas (para más detalle de estas parásitas, véase la asignatura de Fitopatología).
Las Euforbiáceas* son plantas de aspecto muy diverso, algunas de ellas bastante útiles, como el árbol del caucho (Hevea brasiliensis), el ricino (Ricinus communis), o las euforbias (Euphorbia spp.) ornamentales, como el pascuero (E. pulcherrima) o las especies con aspecto de cactus. Sin embargo, otras euforbias de aspecto herbáceo muy corrientes en áreas mediterráneas, las lechetreznas, actúan como malas hierbas. El género Mercurialis también incluye malezas de ambientes ruderales. Incluso plantas útiles, como el ricino, pueden asilvestrarse y proliferar, invadiendo canales de regadío, acequias o campos regados.
En las Simarubáceas* cabe destacar Ailanthus altissima, el árbol del cielo o del paraíso. Se suele emplear como ornamental, pero se encuentra naturalizado en numerosos puntos de clima continental, tanto en España como en numerosas zonas del mundo (USA, Australia, etc.).
Las Rutáceas son plantas eminentemente beneficiosas, especialmente los cítricos. Tan sólo algunas rudas (Ruta spp.) pueden ser consideradas molestas en situaciones puntuales.
Las Zigofiláceas** presentan malas hierbas muy corrientes por esta zona, como el abrojo (Tribulus terrestris), de frutos punzantes; la morsana (Zygophyllum fabago), una planta invasora en el sureste ibérico, sobre todo en vías de comunicación y campos abandonados, cuyos capullos pueden ser sucedáneos de las alcaparras; y la alharma (Peganum harmala), de la que se extrae un colorante rojo y cuyas semillas causan embriaguez.
Las Oxalidáceas* incluyen especies ornamentales, aunque otras son malas hierbas invasoras que se extienden con gran rapidez. La más común es el vinagrillo (Oxalis pes-caprae), de bellas flores amarillas y sabor ácido (por la presencia de á. oxálico), que se propaga eficazmente mediante bulbillos. Es cada vez más frecuente por nuestra zona, y abunda mucho bajo cítricos, donde con frecuencia, los agricultures permiten su existencia ya que confiere sombra al suelo y ayuda a mantenerlo húmedo. Aunque funcione como mala hierba, también tiene su utilidad: en cultivos de cítricos se puede usar como abono verde.
Las Geraniáceas más conocidas, los geranios cultivados, pertenecen al género Pelargonium (ojo!, no al género Geranium). Menos vistosas, y que pueden funcionar como malas hierbas, hay especies de Erodium y Geranium. Algunas de ellas son denominadas alfilerillos, a causa del aspecto alargado de los frutos. No generan pérdidas económicas importantes a no ser de modo puntual.


Las Apiáceas o Umbelíferas* incluyen algunas especies comestibles (apio, zanahoria, hinojo, perejil) o empleadas en medicina o como veneno (cicuta). Sin embargo, la mayoría funcionan como malas hierbas en cultivos de regadío y exhiben gran capacidad invasora, especialmente en climas más lluviosos que el que se da en la franja basal de Almería.. Las hay que dispersan sus semillas mediante zoocoria (más problemas para los animales peludos), y algunas llegan a ser espinosas y funcionar como estepicursores (cardos corredores, del género Eryngium).
2.6) Subcl. Astéridas.-
De las Apocináceas, la adelfa o baladre (Nerium oleander) es nativa de nuestras latitudes, donde crece espontáneamente en ramblas. Es muy utilizada como ornamental; su único aspecto perjudicial es su toxicidad, similar a la dedalera o digital. No se considera una mala hierba, a no ser en países en donde se comporta como especie invasora alóctona.
En las Asclepiadáceas* destaca una mala hierba, el matacán (Cynanchum acutum), de hábito trepador y cuyo aspecto (aunque no las flores) recuerda a una correhuela de hojas opuestas. Sin embargo, se distingue perfectamente de la corregüela porque al partir una hoja o un tallito, exuda látex (que, por cierto, es tóxico). Otras especies se han introducido recientemente en Europa o España y parecen estar avanzando con rapidez, como el algodoncillo (Gomphocarpus fruticosus), que invade zonas regadas, canales, acequias, y ríos. Más extendida y muy agresiva está resultando Araujia sericifera, una liana herbácea que invade desde cultivos de cítricos en la costa Levantina hasta relictos de encinar en la costa catalana.
Las Solanáceas* incluyen especies de gran valor económico (tomate, patata, berenjena, pimiento, tabaco, etc.), así como medicinales o venenosas (belladona, estramonio, mandrágora, beleño, etc.) u ornamentales. También abundan las malas hierbas en esta familia. Una de las más vulgares es la hierba mora o tomatillos del diablo (Solanum nigrum), pero hay muchas más, como las del género Datura, (la más común es el estramonio, Datura stramonium, especie Neotropical introducida en Europa en el siglo XVI) que además de invadir cultivos, resultan tremendamente tóxicas para el ser humano, habiéndose producido hasta la fecha numerosos casos de envenenamiento y muerte. Por ejemplo, en el Sureste ibérico destaca el gandul (Nicotiana glauca), una leñosa que coloniza con gran rapidez baldíos, escombreras, márgenes de carreteras y de cultivos, ramblas, zonas riparias libres de heladas, etc.
Las Convolvuláceas* son plantas trepadoras, algunas comestibles, como la batata (Ipomoea batatas), u ornamentales. Sin embargo, por aquí son más conocidas las correhuelas o corregüelas (Convolvulus spp.), unos auténticos incordios para el agricultor. Sus flores son muy vistosas, eso sí, pero estas malas hierbas trepadoras son verdaderamente molestas, ya que sus partes subterráneas perduran durante años. Además, recientemente, son cada vez más frecuentes los casos de invasiones de cultivos y zonas humanizadas por diversas especies del género Ipomoea que se han introducido como ornamentales y han llegado a asilvestrarse e ‘independizarse’ de sus ‘cuidadores’.
Las Cuscutáceas* se han incluido en la familia anterior, y al igual que las correhuelas tienen carácter trepador. Los cabellos o barbas de capuchino (Cuscuta spp.) son plantas parásitas estrictas, con aspecto de cabellera rojiza o amarillenta, que trepan en torno a sus hospedantes (éstos pueden ser muy diversos) y le extraen la savia mediante haustorios o chupadores. Las flores aparecen en glomérulos de 1 cm o poco más. Son muy frecuentes por nuestros montes, y algunas especies, como C. campestris, pueden atacar a plantas forrajeras (alfalfa) o de invernadero (melones, etc.). Para más detalle, véase lo expuesto en la asignatura de Fitopatología.
Las Boragináceas* son bastante corrientes en Almería, e incluyen especies de malas hierbas (Echium, Heliothropium, Cynoglossum, etc.). Sin embargo, algunas de ellas se cultivan como ornamentales, para obtener tintes (la onoquiles, Alkanna tinctoria) o como hortaliza (la borraja, Borago officinalis).
Las Lamiáceas o Labiadas* son muy frecuentes en el SE ibérico. Muchas de ellas son aromáticas y melíferas (romero, lavanda, espliego, tomillo, cantueso), mientras que otras funcionan como malas hierbas, incluso en zonas urbanas (Ballota, Marrubium, Lamium, Mentha spp. etc.). Su importancia es mayor en ambientes de media montaña.
Las Plantagináceas, y especialmente el género Plantago, incluye a los llantenes, zaragantonas, etc. Aunque algunas especies se usan como medicinales, otras son malas hierbas muy molestas. La mayoría presentan una roseta basal de hojas, lo que las hace resistentes al pisoteo y difíciles de erradicar. Son plantas típicamente anemófilas que además, al igual que las gramíneas, causan, alergias durante su época de floración (generalmente a finales de invierno y en primavera).


La familia de las Escrofulariáceas** está muy extendida en el mundo. Muchas poseen vistosas flores cigomorfas y se emplean como ornamentales, como los conejitos (Antirrhinum) o las dedaleras (Digitalis). De estas últimas se extrae la digitalina, utilizada en medicina. Sin embargo, hay especies que funcionan como malas hierbas, y alguna de ellas, especialmente en la subfamilia Rinantoideas, tiende hacia el parasitismo. En América, la hierba bruja (Striga) es una feroz parásita de raíces, especialmente del maíz, del que extraen agua y sales minerales. En España, solo el género Digitalis puede causar problemas malherbológicos puntuales.
Las Orobancáceas* son parásitas estrictas, algunas muy dañinas. Los jopos (Orobanche spp.) han sido tradicionales enemigos, en la región mediterránea, de los cultivos de leguminosas (O. crenata), aunque hay especies que atacan a los girasoles. Son plantas con aspecto de espárrago, cuyas vistosas flores cigomorfas producen gran cantidad de semillas de fácil diseminación. Si el ataque es masivo, pueden disminuir drásticamente la producción de los cultivos. Para más detalle, véase la asignatura de Fitopatología. Por Almería es frecuente el género Cistanche, de mayor tamaño que los jopos, con grandes flores amarillas y frecuente en suelos salinos.
Las Lentibulariáceas** son plantas carnívoras, bien terrestres, como las grasillas (Pinguicola), o acuáticas, como las lentibularias (Utricularia). Estas últimas pueden convertirse en malas hierbas de arrozales. Su papel de mala hierba en este caso, viene dado porque se enmarañan con el cultivo y compiten por la luz con él.
Las Rubiáceas* presentan especies de gran interés agrícola, como el café; ornamentales, como las gardenias; tintóreas (Rubia tinctorum); o medicinales, como la quina y la ipecacuana (Cephaelis ipecacuanha, originaria de los bosques húmedos y cálidos del Brasil, Colombia, Perú y México, de la que se usa la raíz como emética –es decir, inductora del vómito-, expectorante y amebicida-). Otras especies, como el amor del hortelano (Galium aparine) son verdaderamente molestas, ya que están recubiertas de diminutos ganchitos que las hacen agarrarse al pelo de los animales o a la ropa.
Las Dipsacáceas** presentan flores en capítulos, y pueden ser confundidas con las Compuestas. Algunas especies de Scabiosa pueden actuar como malas hierbas, pero aparecen casi siempre combinadas con otras especies. Tradicionalmente se han utilizado para combatir la sarna. Otra especie, la cardencha (Dipsacus sativus) se ha empleado como una herramienta natural, para el cardado de lana.
Las Asteráceas o Compuestas*, con sus flores en capítulos, figuran entre las plantas más corrientes y conocidas. Hay especies de gran interés agrícola (girasol, lechuga, endivia, achicoria, estragón, alcachofa); de otras se obtienen piretrinas insecticidas; las hay medicinales, como ciertas artemisas, o las manzanillas, cuyas infusiones son muy populares; bebidas, como el ajenjo; y abundan las ornamentales, como dalias, senecios, etc. Sin embargo, muchas han invadido áreas distintas a sus lugares de origen y se han convertido en peligrosas malas hierbas, como especies de Chondrilla, Taraxacum, Sonchus, Bidens, etc., y especialmente muchos cardos (Carduus, Cirsium, Silybum, Onopordum, Carthamus, etc.), plantas espinosas que, aparte de su competencia con las especies cultivadas, interfieren con los movimientos del ganado. El polen de algunas Compuestas anemófilas o las sustancias segregadas por los pelos glandulares de algunas especies (e.g. Artemisia spp.) pueden producir alergias.
3) MONOCOTILEDÓNEAS (CL. LILIATAS).-
3.1) Subcl. Alismátidas.-


Las especies de las familias Zosteráceas, Cimodoceáceas y Posidoniáceas merecen ser destacadas por vivir sumergidas en el mar, donde forman praderas que constituyen refugios para peces y otros animales. Sin embargo, estas familias no se comportan como malas hierbas sino que juegan un papel esencial en los ecosistemas marinos y humedales salobres litorales.
3.2) Subcl. Comelínidas.-
Las Juncáceas* son plantas sin demasiado interés comercial, salvo ciertos juncos empleados en cestería, encuadernación, asientos para sillas, etc. Algunas especies (e.g. Juncus acutus) pueden ser malas hierbas en ambientes muy húmedos o palustres.
Las Ciperáceas* están distribuidas sobre todo en zonas húmedas. Muchas son útiles, como el papiro (Cyperus papyrus); otras especies de ese género se utilizan en cestería, y una de ellas, la chufa (C. sculentus), es bien conocida por sus tubérculos comestibles. En esta familia también abundan especies ornamentales, empleadas en jardines acuáticos, y otras usadas para techar viviendas, como medicinales, etc. Por otro lado, hay una juncia (Cyperus rotundus) de aspecto similar a la chufa, mala hierba muy difícil de erradicar una vez establecida y bastante común.
Las Tifáceas son plantas típicas de márgenes de lagos, charcas, acequias, etc. Aunque ocasionalmente puedan actuar como malas hierbas, tradicionalmente han sido usadas en cestería, como las aneas o espadañas (Typha).
Las Poáceas o Gramíneas* son plantas que se han convertido en imprescindibles para el ser humano, ya que nuestra supervivencia depende en gran parte del cultivo de cereales (trigo, cebada, centeno, arroz, maíz, mijo, sorgo, etc.), tanto para nuestra alimentación como para la del ganado. Otras gramíneas se emplean en la construcción de viviendas (bambú), cestería (esparto), cañas de pescar, flautas, como ornamentales o para formar césped. Sin embargo, entre ellas se encuentran también algunas de las malas hierbas con mayor éxito. Hay géneros (Avena, Hordeum, etc.) que presentan especies útiles y malas hierbas que, al estar emparentadas, pueden mezclarse. Otras Gramíneas, además de su carácter de maleza, poseen semillas con ganchos que se adhieren a la ropa o al pelaje de los animales, pudiendo causarles daño. Algunas pueden provocar enfermedades de forma indirecta, si son parasitadas por ciertos hongos, como el cornezuelo del centeno (causante del fuego de San Antón o ergotismo) y otros endófitos. De todos modos, el concepto de mala hierba es relativo, y depende de las circunstancias. Por ejemplo, la grama (Cynodon dactylon), una mala hierba realmente persistente gracias a sus tallos horizontales (como muchas otras de esta familia), puede emplearse para formar céspedes. O las cañas (Arundo donax), introducida por los árabes, que pueden estorbar la visibilidad en carreteras, contribuir a taponar cursos de agua en caso de riada, etc., pero de múltiples usos tradicionales.
3.3) Subcl. Arécidas.-
Esta subclase no se caracteriza por tener especies de malas hierbas. Aquí encontramos las Palmáceas (palmeras), las Aráceas (muchas se emplean como comestibles en los trópicos y subtrópicos, o bien son ornamentales), etc. Tan sólo cabe citar las Lemnáceas o lentejas de agua, pequeñas plantitas flotantes que, por un lado, proporcionan alimento y refugio a la fauna acuática e incluso son muy eficaces depuradoras de aguas pero por otro pueden convertirse en malas hierbas de las aguas estancadas, obturan conducciones, filtros, etc.


3.4) Subcl. Zingibéridas.-
Tampoco abundan aquí las malas hierbas. Todo lo contrario: hay especies utilizadas como alimento (Musa, la bananera o platanera), ornamentales (Strelitzia, la flor del ave del paraíso), etc.
3.5) Subcl. Lílidas.-
Las Liliáceas** pueden presentar algunas especies que actúan como malas hierbas (ej: algunos Asphodelus o varitas de San José), pero la belleza de sus flores hace que se utilicen como ornamentales, y se mueva mucho dinero alrededor de su cultivo (tulipanes, lirios, áloes, azucenas, jacintos, etc.). Hay especies de interés culinario, como ajos, cebollas, puerros, espárragos, etc., e incluso algunas (Colchicum) que producen sustancias de uso en laboratorio (la colchicina o colquicina, para inducir poliploidía).
Algo parecido se puede decir de otras familias, como las Iridáceas (iris, gladiolos, azafrán, etc.) o las Amarilidáceas (narcisos): pocas malas hierbas, pero muchas especies de interés culinario u ornamental.
Las Agaváceas son plantas frecuentes en zonas áridas. En Almería abundan las del género Agave, de origen americano, introducidas para la obtención de fibras, como la pita (A. americana, de la que en México se obtiene un licor, el pulque), el sisal (A. sisalana) o el henequén (A. fourcroydes). Pitas y sisales se han adaptado a las zonas mediterráneas, y proliferan con éxito (a veces demasiado en ellas, especialmente en ecosistemas protegidos, por lo que deben ser controladas). Otro género (Dracaena) incluye a los dragos, que se emplean como ornamentales pero que, obviamente no se comportan como malas hierbas. En cualquier caso, no se trata de una familia que, en Europa, cuente con especies que se comporten como malas hierbas.
Las Orquidáceas (orquídeas) incluyen muchas especies epífitas, que aparecen sobre los troncos de árboles en zonas húmedas (aunque también hay muchas orquídeas por nuestra zona, de porte herbáceo y pequeño tamaño). Su posible carácter perjudicial solo se manifiesta de manera muy puntual, raramente y sin generar efectos perniciosos, y se ve compensado por la enorme importancia de sus flores como ornamentales (que ha hecho que muchas de ellas estén en peligro de extinción). De Vanilla planifolia se obtiene la esencia de vainilla.
4) GIMNOSPERMAS
Resulta difícil imaginarse a una conífera del tamaño de un pino como mala hierba. Sin embargo, las repoblaciones forestales de pinos a costa de los bosques autóctonos pueden resultar perjudiciales. Por un lado, se rebaja la diversidad de los ecosistemas forestales; por otro, los pinos son especies pirófilas, que ‘utilizan’ los incendios para eliminar competidores y recolonizar rápidamente las áreas quemadas (tal como se dijo respecto a los eucaliptos). Estos posibles perjuicios han de contraponerse a los beneficios económicos que conlleva su explotación maderera, ya que son árboles de crecimiento rápido. En numerosas zonas existen diversas especies de pinos (género Pinus) que se comportan como táxones invasores y que necesitan ser controladas.

5) PTERIDÓFITOS


Las colas de caballo o equisetos (Equisetum spp.) pueden invadir acequias y canales de riego en determinados lugares. Sin embargo, si hay algún pteridófito que funcione como mala hierba muy agresiva en Europa es el helecho común (Pteridium aquilinum). Sus rizomas son muy difíciles de extirpar, y produce diversos venenos que lo protegen de los herbívoros, entre ellos sustancias cancerígenas que pueden pasar a la leche. Otra especie mala hierba importante es la acuática flotante Azolla filiculoides, taxon de Centro y Sudamérica empelado como ornamental en estanques y acuarios que actualmente invade canales, balsas y sistemas de regadío y que se encuentra en franca expansión. Sin embargo, se trata de una especie empleada eficazmente en los programas de descontaminación y limpieza de aguas residuales o eutrofizadas.
6) BRIÓFITOS
Los musgos no suelen ser problemáticos para las actividades humanas. Más bien todo lo contrario (e.g. sirven de bioindicadores). Tan sólo en lugares húmedos los musgos epífitos, muchas veces mezclados con líquenes, pueden llegar a agobiar los árboles sobre los que aparecen, romper sus ramas, etc.
7) ALGAS.-
Las algas azules o cianobacterias pueden experimentar floraciones súbitas en los cursos de agua. Las sustancias que segregan resultan a menudo tóxicas para otros seres acuáticos. Desde otro punto de vista, las cianobacterias pueden causar problemas más dolorosos, como habrá comprobado quien haya resbalado en los tapices que forman sobre rocas húmedas.
Por lo que respecta a las algas verdes, muchos géneros pueden formar densos tapices y masas que obstruyan balsas, piscinas, acequias, etc. (lo que vulgarmente se conoce como ova o verdín).
Un alga que se comporta como una ‘mala hierba’ típica es Caulerpa taxifolia, llamada alga asesina (que conste que no todas las especies de este género son peligrosas; por ejemplo, C. prolifera, de frondes enteros, es común en las costas del Sureste ibérico) Es una especie tropical, de bellos frondes pinnados, que se escapó del Oceanográfico de Mónaco (dicen) y empezó a colonizar los fondos mediterráneos. Ha desplazado a especies de algas y plantas marinas autóctonas, y su carácter tóxico provoca la huida de peces y otros animales marinos. Se dispersa con mucha facilidad, ya que las anclas de las embarcaciones pueden arrastrar trozos de las algas a grandes distancias; de hecho, se cree que así pudo llegar el alga a las Baleares. Su erradicación es difícil, ya que se debe evitar la fragmentación, que la dispersaría sin remedio. El caso del alga asesina sirve para ilustrar el peligro de introducir especies exóticas en otros lugares, donde no tienen enemigos naturales. Si su llegada ocurre por accidente, pues mala suerte, qué se le va a hacer; no obstante, el manejo de especies exóticas requiere mucha precaución, y en bastantes ocasiones se peca de irresponsabilidad.

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