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Primera edición en inglés, 1988 Primera edición en espafiol, 1995


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EL HOGAR PATERNO Y LA JUVENTUD I03



EL HOGAR PATERNO Y LA JUVENTUD
pero a pesar de esto nunca he leído algo con tanto placer com0 leí ¿ [Fingal] antes y hoy Las canciones de Selma, Carthoun [Carthon] OgI [Oithona], y otras. Cuando el poeta nos hace volar sobre laLs aguas bruj en veloces veleros, cuando nos hace rondar por el bosque nirnoroso ti-a,, relámpagos o nos hace montar el calor vaporoso en una furiosa tenp obtenemos tanto placer, aunque de un tipo diferente, como cuando Hq nos lleva sobre el mar azul entre suaves céfiros y a lo largo de costas ve’ tes o nos hace sentar, apaciblemente, ante unos alimentos en una habi cálida. Ambos poetas hablan de la juventud desde el punto de vista de laA pero en formas muy distintas. Homero tiene una visión gozosa de laju mientras que Osián ofrece el punto de vista de un viejo sabio. Ve fe1jc jóvenes sólo en el sentido de que sus vida son sueños. Así, dice son mente al principio de un poema de batalla:29 Nuestra juventud es como ño del cazador en la colina de los brezos. Duerme bajo los benignos ra. sol; despierta entre una tempestad; el relámpago rojo vuela a su alre ilos árboles sacuden sus copas al viento! ¡Recuerda con alegría el día d -- los gratos sueños de su reposo!” Este poema muestra muy claramente sión sentimental, confusa y atormentada del viejo poeta del norte, en te con los escritos ingenuos, llenos de sol, apacibles del viejo meridjon otro momento, conmovedor, en que Osián se queja de que él, el anciano ya no puede ver la hermosa luz del sol. Pero esto es lo menos que larnent verdadera queja es que ya no puede ver al bárbaro Fingal, que ha perdjE fuerza juvenil de sus brazos y su valor juvenil. iQué cornrasre con el suri un hombre no conoce nada superior a la vida, a ver la hermosa luz d (opaoG Hepto?o). Para un heleno, el más allá es gris, sombrifo, lleno de t res. Gobernar las sombras en el negro infierno es el destino de los héroes n tos. A los antiguos habitantes de Italia la muerte, al menos, no les parecía terrible. En contraste con los helenos, criadores de ganado, ellos estaban tumbrados a recibir de la tierra todas las cosas buenas. En cambio, los r bIos nórdicos creían que la muerte no albergaba terror ni sufrimient menudo les parecía deseable. Esto explica las descripciones de batallas escritos de ambos poetas. Mientras que en Homero la fuga no parece des rosa si con ella se salva la vida, Osián ve la muerte como lo necesario:
fuga es el único escape de ella. Perdóname, querido Fritz, si he vuelto a hal demasiado; como ya te dije, es porque garabateo tanto que he perdido el minio de mí mismo, y simplemente sigo y sigo... (19 de diciembre de l87
La lectura de tales cartas dio a Helene una idea de la vida intelectual c su primogénito, pero cofltifluó entristecida por el velo que la separali de aquella joven alma, particularmente en el momento de su confirml ción, cuando ella intentó comunicarse más aún con él. Su enseñanza e colar era convencionalmente dogmática, y no ofrecía nada a su ávi intelecto. Max la soportó, no sin respeto pero con visible indiferencia año después escuchó, fascinado, las conferencias de un venerable profe sor “liberal” sobre la historia de la religión, y por propia decisión apren dió hebreo para estudiar el Antiguo Testamento en la lengua original.
Antes de su confirmación su madre trató de que él apreciara su
29 Aquí, Weber cita la traducción alemana versificada de La guerra de Inis-Thona. [E.]

pía emoción religiosa: “El domingo pasado tuve algunas horas de paz con los niños, y le pedí a Max, Jr., que me leyera un sermón intitulado “Domingo” del pastor Rif, un ingenioso alsaciano. Al principio dijo que no tenía ganas y que preferiría algo histórico, o bien Homero o Dante, pero luego empezó, y yo noté que ese estilo realista y enérgico claramente se había apoderado de él ylo hacía pensar.” Así, Helene, ansiosamente, trató de interesar a su hijo en el mundo que ella conocía bien. Y sin embargo, tuvo que ver, con dolor, que el muchacho de 15 años no experimentaba ninguna emoción religiosa profunda y, ante todo, que se resistía a la influencia materna. Se sintió indefensa y sufrió mucho por ello:


Cuanto más se aproxima la confirmación de Max, menos puedo ver que todo este periodo de su desarrollo haya ejercido sobre él una influencia más profunda, que pudiera hacerlo reflexionar acerca de las cosas que deberá decir frente al altar como su propia convicción. El otro día que volví a estar sola con él, traté de hacerlo hablar de lo que piensa y siente acerca de las principales cuestiones de la conciencia cristiana. Al principio pareció asombrado de mi suposición de que la consideración y autoaclaración de cuestiones como la creencia en la inmortalidad, la Providencia que dirige nuestros destinos, etc., debieran ser resultado de lecciones de confirmación para cada persona pensante. Yo tenía una cálida sensación interna de la que se ha vuelto para mí la convicción más vital, aunque no dependa de ninguna forma, y sin embargo
—1querida Ida!— no me fue posible decírselo a mi hijo de modo tal que le dejara alguna impresión. Es bastante fácil para Fritz elogiar el viejo dicho “También podemos saciar nuestra sed en las fuentes pequeñas”. ¡Pero las fuentes tienen que fluir!... Y no ha sido fácil para mí ceder también en este ejemplo, dejar la influencia a otros o a los tiempos o a la experiencia.
Fritz, el más viejo amigo de Max, también trató de penetrar en su cerrada mente, al parecer a petición de Helene, y la respuesta del muchacho
—que muestra que él conocía su propia naturaleza y estaba consciente de lo que lo hacía tan difícil para su madre— acaso tranquilizó un poco a
Helene:
Me preguntas por mis lecciones de confirmación y me hablas de la buena impresión que la tuya te causó. Tenemos un pastor que está en la plenitud de la vida, pero esto realmente no beneficia la instrucción, porque la energía que acaso le faltaría a un caballero de mayor edad, probablemente la compensaría con su aspecto venerable. Pues siempre hay tipos fatuos que se divierten interrumpiendo la clase con su conducta pueril. No creo que se atrevieran a hacerlo a un caballero de mayor edad y más imponente. Otra cosa extraña es que casi no se nos deja tarea para casa, con excepción de unos cuantos versículos de la Biblia, que la mayoría de los estudiantes despachan superficialmente. Lo que dices acerca de quienes se burlan de la religión es muy cierto, pues yo creo que un hombre que pueda decir con toda honestidad que no tiene absolutamente ninguna convicción o esperanza en un más allá debe ser extremadamente infeliz. Vagar por la vida sin ninguna esperanza y en la creencia de que cada paso sólo nos acerca más a la absoluta desintegración, a una disolución que termina la existencia para siempre, debe ser en realidad

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una sensación terrible que priva al hombre de toda esperanza en la vida. Q cada quien pueda albergar dudas es algo que huelga decir, y yo creo que est mismas dudas pueden servir para afirmar más aún la fe, una vez super das. Me escribes acerca de la enorme impresión que te causó tu confirmacjó Créeme, yo también estoy consciente de este importante paso en mi vida. N creas que sólo porque no te he escrito o no te he dicho nada acerca de sentimientos, éstos son menos grandes. Creo que está en mi naturaleza coni partir rara vez mis sentimientos con los demás. A menudo tengo que hacer u gran esfuerzo para lograrlo. Por regla general, me guardo para mf cada alegrí pero eso no significa que mis sentimientos sean menos profundos. Como i he dicho, es difícil para mí discutir estas cosas con los demás. Por lo gener me guardo mis pensamientos para mí, a riesgo de que las personas crean qu no tengo ninguno. Por la misma razón, soy mal compañero y, como me d cuenta con dolor, totalmente inepto para la conversación, lo que hasta hoy — he logrado corregir ni con la mejor voluntad del mundo.


Un documento posterior, una carta acerca de la confirmación de su h
mano menor, muestra que Max quedó impresionado por la solemnidad la Jugendweihe,3o aunque no en la forma que su madre hubiera querido:

Hay algo peculiar en una confirmación. La solemne ceremonia como tal conmovió, porque por entonces yo la consideraba como una especie de capí- tulo en mi vida. Pero la naturaleza de este capítulo no quedó clara para mf - logré ni pude adivinar dónde estaba su esencia, pues desde luego no había ocurrido en mi vida ningún cambio notable... Por consiguiente, no es tare» fácil poner en claro el sentido y la significación de tu confirmación para un mu-y chacho de nuestra clase social. A me significó el ingreso oficial a una gran comunidad con cuyas enseñanzas teóricas y visiones yo me había familiarizado desde mucho antes de mis clases de confirmación, Uno naturajmentei busca el significado de esta ceremonia en la esfera prdctica. Sin embargo, p una parte, a esta edad ciertamente no estamos calificados para mostrarnc activos en esta esfera.., y, por otra, una comprensión del significado prá’- del cristianismo en nuestra vida diaria es algo que sólo se puede alcanzar en otra ocasión. Por ello, sin duda no es fácil para un candidato a la confirma- 1 ción apreciar la importancia que supuestamente tendrá para él este día, y definitivamente sólo podemos hacer exigencias modestas al respecto.


El texto de confirmación que Weber recibió fue “Porque el Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, allí está la libertad” [2 Cor. 3:17]. Casi ningún otro texto bíblico habría podido expresar mejor la ley que había gobernado la vida de este niño.
Con sus hijos más pequeños, Helene experimentó el mismo pesar de un esfuerzo vano por arraigarlos en la esfera de su propia vida. Una vez escribió acerca de Alfred:
30 Literalmente, “tu consagración” término habitualmente aplicado a la ceremonia que remplaza a la comunión de la confirmación en las iglesias libres, o a los ritos de la mayoría de edad de los pueblos primitivos. En el primer sentido, esta ceremonia aún se practicaba en la República Democrática Alemana. [E.]

Está pasando por una época muy difícil. Lo noto por la vehemencia y la terquedad con que aprovecha cada oportunidad de demostrar que cualquier otra opiniÓfl tiene al menos la misma justificación y probabilidad que la religión cristiana. Luego cita Das Leben Jesu, de Strauss31 y la filosofía de Kant. Yo estoy allí y me siento pesarosa y triste de no poder ayudarlo, porque no encuentro las palabras apropiadas en el momento oportuno. Y luego también él tiene la sensación de que yo no lo comprendo y no puedo ayudarlo, y esto me es muy difícil de soportar... Pero en otras cosas es mucho más accesible y a veces viene y me lee algo, aunque lo único malo es que por las noches estoy tan terriblemente agotada.


El hijo menor al menos consultó a su madre en las dificultades de sus años de crecimiento. El hijo mayor por naturaleza soportaba todo por sí mismo y no dejaba que otros notaran sus luchas internas. Parecía que cuanto más conciencia tuviera de los esfuerzos de Helene, más se retiraba. Como lo escribió él mismo, después, durante aquellos días su corazón estaba desafiante y decaído. Pero esto no desalentó a Helene:
Estoy haciéndome un espacio durante las horas antes y después del té para alentar a Max, a quien no puedo atender en ningún momento durante el día, para que hable conmigo o me lea, y así me deje atisbar sus intereses. El casi no siente necesidad de hacerlo y, considerando nuestras muy distintas disposiciones naturales, yo debo estudiar el modo de impedir un alejamiento interno entre el muchacho y yo. Para mi alegría, me parece ahora que ha modificado un tanto su principio de nunca decirme nada sensato, y estoy tratando de hacer que siga así sin que se dé cuenta (1880).
¿Por qué esta mujer encantadora, graciosa y amante, tan notablemente valerosa, llena de buen humor y alegría, pese a su seriedad interna y tan dedicada a sus hijos, no podía comunicarse con ellos durante sus años de desarrollo? Pues los demás tampoco veían en ella a una compañera y una confidente. Max —ella lo llamaba Grosser [el grande]— conservaría un claro recuerdo de sus relaciones con ella aquellos años. Según él, una razón de que estuviera a la defensiva era su propia y secreta arrogancia intelectual. Su madre no tenía realmente nada que ofrecer a su espíritu precoz y superior, y su corazón permanecía como un capullo cerrado. Aún no lograba apreciar a su madre. Y además, ambos padres evidentemente cometieron errores al criar a sus hijos. Aún eran demasiado jóvenes y demasiado apegados a la tradición autoritaria para encontrar la actitud apropiada para con aquel hijo precoz, con mayores dones intelectuales que ellos. Los primogénitos con frecuencia son objeto de excesiva moralización y de una censura violenta. Cuando Fritz Baumgarten escribió a su abuela de Heidelberg sus impresiones sobre los distintos miembros de la familia y dijo que Max, Jr., aún era un misterio para él, ella replicó:
La Vida de Jesús, de David Friedrich Strauss, apareció en 1835. Su rechazo del dogma tradicional y su defensa de un liberalismo heterodoxo provocó una tempestad de controversias. [E.]

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Yo estaba segura, de antemano, de que te sentirías a gusto en Charlottenburg. Helene es, realmente, toda bondad. Desde que tenía tres años, literalmente me encantó con su gracia, y ha seguido siendo la misma, espiritual y físicamente, aunque se ha vuelto aún más sensata al envejecer. También puedo imaginarme al tío con su profunda bondad y la vivacidad con que discute y maneja a los muchachos, incluyéndote a ti mismo. Todo es sencillo allá, y sin embargo no sólo los padres sino también los hijos son totalmente distintos entre sí. Con respecto a Max, Jr., creo que es una persona interiormente vehemente y un tanto reservada. Y sin embargo tiene un buen cerebro y también buena voluntad (es decir, si alguien no lo ha irritado). Cuando estuvimos allí en el verano pasado, le tocó a él traer de la cava el vino de mesa y lo hizo alegremente, pero cuando no había traído el vino apropiado y lo regañaban, se ponía un tanto moroso. Pero esto sin duda cambiará con el tiempo. Cuando era un pequeñín en Erfurt, yo lo vi jugar a solas durante horas. Por entonces, era indescriptiblemente cariñoso. Dábamos un paseo cada día y él tenía las ideas más originales. Creo (y te lo digo en confianza) que hay que tratarlo con un poco más de amor para que deje de pensar en sí mismo.


Weber padre se arrogaba autoridad intelectual y en realidad no le gustaba que los jóvenes tuvieran opiniones distintas. Cuando había conflictos, él siempre sentía que la razón estaba de su parte. Helene era distinta; siempre veía la razón por error suyo, y esto la oprimía grandemente:
“Mi jaqueca fue causada en parte por mi depresión interna —estaba yo siguiendo el camino recto en muchas cosas?— y una fatiga interna que me trae a la mente el verso ‘Ach, ich bm des Treibens müde’.
Una afirmación acerca de su relación con uno de sus hijos más jóvenes muestra cómo se equivocaba sin darse cuenta: “Siempre me pregunto, ¿una vez más voy por el camino errado si lucho contra algunas cosas que me gustaría cambiar eh él? ¿Va a ensimismarse como lo ha hecho Max?” La idea era que deseaba cambiar muchas cosas en sus hijos. Sin tener conciencia de ello y con toda humildad, ella luchaba, como su padre, por moldear aquellas jóvenes almas a su propia imagen. La justificación era su conciencia de un absoluto, de una ley divina que ella estaba cumpliendo.
De esta manera Helene impuso a sus hijos, con su ejemplo así como con demanda expresa, un modo de pensar y una actitud moral que ellos no podían comprender ni realizar a su edad y con sus personalidades. Ella esperaba frutos de una cierta clase de arbolillos débiles que acaso hubieran dado otros frutos. Además, solía moralizar y a veces regañaba a sus hijos enfrente de desconocidos, lo que a su sensible primogénito le causaba gran resentimiento. Ella provocó su oposición secreta porque tomaba demasiado a pecho todas las fallas y los hechos indeseables. Por último, su propio carácter ejemplar constituía una carga. Los hijos se medían secretamente con ella y reconocían que este ideal era inalcanzable. De este modo, los adolescentes adoptaron actitudes de oposición
32 ‘Oh, estoy cansado de este tráfago”. Tomado de Wandrers Nachilied, de Goethe [“Dm du von dem Himn1el bist ]. [E.]

para librarse de sus sentimientos de inferioridad. Ocurrió algo extraño:


no le fue dado a esta mujer, que tanto encantaba a otros, jóvenes y viejos por igual, hacer verdaderamente felices a sus propios hijos en sus años de crecimiento ni comunicarse con ellos. En particular, la altivez de su primogénito le parecía reprimir la corriente de su amor, haciéndola ineficaz.
Sin embargo, la noble disposición de Max se mostraba de cuando en cuando. Quería tiernamente a sus hermanos y hermanas menores, seguía sus actividades con interés, y escribió a su madre unas cartas acerca de ellos, que debieron de complacerla. Por ejemplo, en 1879, mientras ella estaba pasando sus vacaciones en Heidelberg con sus dos hermanos más pequeños, le escribió:
Echo mucho de menos a Klara y a Arthur. A veces, cuando estoy sentado aquí en mi habitación, me parece oír sus alegres gritos, pero sólo son los niños de Charlottenburg jugando en la calle los que me provocan esta agridulce ilusión. Ahora, la casa siempre me parece muerta; cuando se piensa en ello, unos pequeños pulmones pueden hacer mucho ruido. Desde luego, Alfred está tratando de compensar la falta de ruido con vocecilla de gallo. Por lo demás, todo va bien. Vamos a la escuela, haraganeamos un poco y vivimos como una maquinaria de relojería: más apaciblemente, si puedo decirlo. Las cosas se han vuelto más idílicas por aquí, dado que Charlottenburg alberga muchos tesoros poéticos e idílicos... Yo, por mi parte, preferiría estar contigo en Heidelberg entre el ruido y el escándalo, a estar aquí en Charlottenburg en una poética paz.
En aquellos años no era claro si el “hijo mayor” se inclinaría hacia el tipo de su padre o al de su madre. Ya tenía la oscura sensación de que algún día habría de hacer tal elección: en cuanto se posesionara de sí mismo y empezara conscientemente a desarrollar su propia personalidad. Ahí estaba su madre, en quien vivían los poderes del Evangelio, para quien el servicio amoroso y el total sacrificio de sí misma eran una segunda naturaleza, pero que también vivía de acuerdo con engorrosos principios he- micos, y desempeñaba sus extraordinarias tareas cotidianas con un gasto Constante de energía moral; nunca “dejaba en paz”, y apaciblemente coloCaba todo hecho significativo en el marco de la eternidad. Era dinámica en todo lo que hacía, enérgica al hacer frente a sus labores diarias, alegremente abierta a todo lo bello de la vida, y tenía una risa liberadora. Pero cada día se hundía en las profundidades y estaba anclada en lo sobrenatural.
El padre de Max era absolutamente honorable, totalmente desinteresado en la política y en su trabajo, inteligente, de buen carácter, cordial y amable mientras las cosas fuesen a su favor, pero era un típico burgués, en paz consigo mismo y con el mundo. Se negaba categóricamente a reCOnocer los problemas graves de la vida. En sus años de madurez buscaba a Comodidad interna, cerraba los ojos ante el sufrimiento y no compar

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tía los pesares de los demás. No se podían poner en práctica sus ideas políticas liberales. Las nuevas ideologías, que habrían podido inspirarlo a sacrificarse en alguna dirección, no despertaron su entusiasmo. Su alegre apertura al mundo, su entusiasmo por la naturaleza y su capacidad para un goce sin pretensiones; su convicción de ser una persona afortunada a quien todo le salía bien, a cuyo paso sonreía el sol; su capacidad y su deseo de ver el lado brillante de todo: todas estas cualidades lo predestinaban a ser un buen compañero de sus hijos en pleno crecimiento. Y aunque dejara su crianza en gran parte a su madre, acompañaba mucho a sus hijos y viajaba con ellos, y así les ofrecía un estímulo que les es dado a pocos. En los viajes se mostraba especialmente encantador; en tales ocasiones sacrificaba su amada comodidad por sus hijos y pare- cia joven junto con ellos.
¿No se complementaban estos padres mutuamente de la mejor manera posible? ¿Y no era natural que el hijo se apegara al padre, cuya naturaleza le evitaba la incómoda sensación de su propia inadecuación? Desde luego, Weber no era muy “buen compañero” para el precoz muchacho. Era, en exceso, el tradicional y patriarcal paterfamilias, demasiado convencido de su propia superioridad y de sus derechos inalienables al respeto y a la autoridad. Algunas de sus peculiaridades —como la manera en que dejaba que su esposa lo atendiera— provocaron secretas criticas de sus hijos, aunque luego siguieron su ejemplo. Pronto fueron evidentes sus diferencias de disposición y estilo. Por ejemplo, cuando Max fue a Italia con su padre por vez primera, a los 17 años, el muchacho quiso de pronto irse de Venecia y volvió solo a su casa, pues no pudo tolerar la forma en que su padre esperaba que él expresara su entusiasmo. Y sin embargo, por entonces el muchacho sentía que tenía mucho más en común con su padre que con su madre.

uI. LA VIDA DE ESTUDIANTE
Y EL SERVICIO MILITAR
EN LA primavera de 1882, Max Weber se presentó a sus exámenes finales [Abitur] en el Gymnasju, y también ayudó a sus amigos a abrirse paso, mediante ciertas trampillas. Sus profesores certificaron su sobresaliente conocimiento, aunque por desgracia no lo hubiera adquirido mediante la tradicional laboriosidad académica. Pero expresaron sus dudas acerca de la madurez moral de aquel joven buscabullas que, en su fuero interno, era inespetuoso. Desgarbado y flaco, “candidato a Ja tisis”, con sus miembros delicados y sus hombros hundidos, Weber, apenas de 18 años, se inscribió en la Universidad de Heidelberg, animado por una sed de conocimiento y también por el deseo de voiverse un Kerl [tipo] robusto y vigoroso. Enontró una habitación frente al castillo en el Waldhorn (hoy llamado la $cheffelhaus),1 justo aliado de la propiedad familiar de sus abuelos. Allí, alegremente pero sin sentimentalismos pudo inhalar la belleza y la libertad. Sus cartas a sus padres contienen cierto prosaico humorismo berlinés, y reflejan una receptiva alegría de vivir.
Como su padre, Weber escogió la jurisprudencia como su principal mat rja y preparación profesional. También estudió historia, economía y filosofi’a, y pronto empezó a estudiar todas las artes liberales que ensefiaran profesores de cierta distinción Llevó clases de derecho romano:
pandectas e instituciones, con Immanuel Bekker,2 quien se encontraba en La Cúspide de la fama, y por sus propios esfuerzos se abrió paso hasta el ctrpus juris, “labor muy ardua al principio”. Al neófito, que inicialmente estaba buscando verdades establecidas y demostradas y no hipótesis inge1 losas en el campo de la ciencia empíricodogmática le resultó perturbadór el escepticismo critico del erudito en jurisprudencia Bekker ofrecía
demasiadas controversias y dudas, muy pocos puntos firmes. En cada punto tenía que obsear que la aplicación del sistema está completamente atrasada, y que los tribunales no han seguido una práctica definida, que Winscheid Sostiene esta opinión, e Ihering3 cree tal y tal cosa, etc., todo ello sin presentar
‘Una Posada situada en la olla derecha del Neckar que fue el punto de reunión del esCfltor Joseph Viktor von Scheffej y sus amigos desde finales del decenio de 1840. Es el Cenan0 de la novela de Meyer-Fórster Alt Heidelberg [El pncipe escudiantej. La Schef‘ naus fe arrasada hace varios años. [E.]
Emst Immanuej eer 1827-1916, profesor de derecho romano en Halle, Grejfswajd Heidelberg (desde 1874; rector después de 1886). tE.]
3Rudolph Von Ihening, 18 18-1892, justa y profesor en Gotinga desde 1872. [E.]

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110 LA VIDA DE ESTUDIANTE Y EL SERVICIO MILITAR

LA VIDA DE ESTUDIANTE Y EL SERVICIO MILITAR



sus propias opiniones, algo a lo cual aferrarse hasta que nos familiarizáramos con las fuentes. Esto hace que el derecho parezca mucho más fluido de lo que puede ser, y la gran tarea de la evolución jurídica parece considerablemente disminuida si se le aplaza en los mismísimos puntos en que debieran tomarse las primeras grandes decisiones, con la explicación de que ahí existe una gran laguna.
Tampoco pudo Weber soportar las conferencias de economía, sumamente secas, del veterano profesor Knies.4 En cambio, adquirió los fundamentos del tema leyendo a Roscher5 y a Knies. Por otro lado, quedó fascinado por el curso de Erdmannsdórfer6 sobre historia medieval y por su seminario histórico, al que Weber pronto decidiría someter un escrito. Por su parte, leyó la Geschichte der romanischen und germanischen V5lker [Historia de los pueblos románicos y germánicos] de Ranke, y su Kritik neuerer Geschichtsschreiber [Crítica de los historiadores modernos]: “Ambas obras están escritas en un estilo tan peculiar que al principio fui incapaz de leerlas; si no hubiera conocido yo los hechos, no las habría entendido. Su lenguaje recuerda al de Werther y al de Wilhelm Meister”.7
Con las conferencias de Kuno Fischer,8 intentó Weber aumentar sus conocimientos de filosofía, cuyos fundamentos ya había echado durante sus años de Gyrnnczsiurn. Asistió al curso de lógica de Fischer, a las siete de la mañana, pero le pareció que su absorción del realismo conceptual de Hegel no era compensación suficiente para el gasto de energía requerido para madrugar así: “Odio al que me obliga a levantarme a las seis y cuarto de la mañana”. El joven estudiante también era muy sensible a toda huella de vanidad que llevara a los conferenciantes a hacer alarde de personalidad. Sólo cuando tomó historia de la filosofía en el segundo semestre se mostró tan apreciativo como crítico.
La sed de conocimientos de Weber no le impidió mostrarse abierto al otro lado de la vida académica. Lo buscaron varias asociaciones de estudiantes. Pero los Korps [corporaciones de estudiantes] inmediatamente lo disgustaron, al prometerle ayudarle con su “carrera”. Al principio se mostró abierto a todas ellas, aceptó sus invitaciones y disfrutó en ellas. Utilizó la sala de esgrima de los Alemannen [Alemanes], la fraternidad de su padre, y practicó allí, por la mañana, entre la lógica y las pandectas. Aceptó la hospitalidad de los Alemanes, e hizo observaciones que después utilizaría, pero de momento no sintió ningún deseo de meterse en compromisos.
Weber tuvo muchas otras oportunidades de establecer contactos sociales. La familia Hausrath vivía ahora al lado de la casa de sus abuelos.
Karl Knies, 1821-1898, profesor en Heidelberg de 1865 a 1896. [E.]
Wilhelm Roscher, 18 17-1894, profesor en Gotinga y Leipzig. [E.]
6 Bernhard Erdmannsdórfer, 1833-1901, profesor en Heidelberg desde 1874. [E.]
Obras en prosa de Goethe (1774 y 1795 s., respectivamente). [E.]
8 1824-1907, filósofo neokantiano, profesor en Jena y Heidelberg, autor de una HistorIa de la filosofía moderna (1852-1877), en 10 tomos. [E.]

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Su tío, muy talentoso y distinguido aunque un tanto misántropo, que estaba volviéndose un recluso, en su propia casa, se interesó en el brillante muchacho, y le gustaba discutir con él los defectos de sus colegas que no le eran simpáticos, o los males de la época. Su esposa Henrjette, tía materna de Weber y, como Helene, una personalidad maravillosamente rica, cálida y profunda, pronto le instiló amor y una comprensión interna. También estaban allí los Hausrath, primo y prima, los compañeros de juegos de su infancia, así como un primo varios años mayor que Max, Otto Baumgarten, segundo hijo de Ida, que estaba pasando el último semestre de sus estudios de teología en Heidelberg. Otto pertenecía a la escuela de teólogos que estaba libre de dogmas. De gran actividad intelectual, bien organizado y maduro, inmediatamente atrajo a su primo menor a la esfera de sus intereses religiosos. Por segunda y última vez, Weber se encontró bajo la influencia de un amigo mayor que él y más docto. Se reunían para comer y por la noche leían juntos obras de teología y de filosofía: el Mikrokosnzos de Lotze, Platón, la Dogn’zarjk de Biedermann, Der alte und der neue Glaube [La antigua y la nueva fe] de Strauss, Paul inisnius de Pfleiderer, Reden ñber Religion9 de Schleiermacher, etc. Max asistió a los sermones de práctica de Otto y hasta leyó con él los sermones de sus condiscípulos. Escribió a casa acerca de estas lecturas:


Der alte und der neue Glaube de Strauss no contiene mucho que sea nuevo, nada que no conozcamos, poco más o menos. Tan sólo intenta ser una breve revisión enciclopédica de la Weltanschauung de los librepensadores y, por tanto, tiene que parecer un tanto superficial en muchas partes. Los Discursos sobre religión de Schleiermacher, en los que realmente no he penetrado aún, no me han causado hasta ahora ninguna impresión. Pensándolo bien, sí me han dejado una impresión muy desagradable. O, mejor dicho, aunque tengo una idea más o menos clara de las intenciones del hombre, siguen siendo incomprensibles para mí, al viejo estilo franconiano, ciceroniano. Pero estoy impaciente por ir al grano y no me pasa inadvertida la gran bondad del hombre, que a menudo asoma. El Paulinjsmus de Pfleiderer es, en todo caso, muy interesante y hasta su Introducción promete algo significativo.
La lectura de Lotze fue abandonada después de pocas semanas, “lleno de ira por su falta de seriedad, su fatua seudopoesía y su tedioso y emotivo filosofar”, En cambio empezaron a leer la Geschichte des MaterialisflUSIo de Lange, “cu modo de desarrollo eminentemente sobrio, resultórefrescante después del Wust [caos] de Lotze. Ésta es la única palabra Para este tipo de sistema aparte de unas cuantas secciones notablemente bellas”.
JUrisprudencia economía, historia, filosofía, teología: esta vasta gama
18 ‘Rudolf Hermano Lotze, 1817-1881 filósofo y fisiólogo; Gustav Biedermann, 1815-
90, filosofo y médico; Otto Pfleiderer 1839-1908, teólogo protestante. [E.]
EJ litulo completo de la obra de Friedrich Albert Lange, 1828-1875, es Gesclzjchte des a:enalts,;,us ond Krjtik seinerBedeut,ng jo der Gegenwart [Historia del materialismo y tlca de su signjfica actual], 1866. [E.]

112 LA VIDA DE ESTUDIANTE Y EL SERVICIO MILITAR

LA VIDA DE ESTUDIANTE Y EL SERVICIO MILITAR 113

de proyectos intelectuales tenía que caber en cada día del estudiante. Por ello, Weber pronto hizo regulaciones para aprovechar su día, las cuales, sin embargo, frecuentemente fueron violadas, pues él empezó a participar cada vez más en la vida de las asociaciones estudiantiles con uniforme:


El curso de lógica de las siete de la mañana me obliga a levantarme temprano. Luego, corro al salón de esgrima para pasar ahí una hora cada mañana, y concienzudamente, soporto mis lecciones. A las doce y media como al lado por un marco, a veces me bebo un cuarto de vino o de cerveza con los alimentos. Luego, a menudo participo en un juego de skat, con Otto y Herr Ickrath, el posadero, hasta las dos (Otto no puede vivir sin el skat), y entonces nos retiramos a nuestros respectivos aposentos. Yo miro mis notas y leo Der alte und der neue Glaube, de Strauss. En la tarde a veces vamos a caminar por las montañas. Por la noche, una vez más estamos con Ickrath, donde nos dan una cena bastante buena por 80 pfennigs, y luego leemos regularmente el Mikrokosmos de Lotze, acerca del cual tenemos las más caldeadas discusiones.
Ocasionales invitaciones a las casas de los maestros fueron buen material para su don de imitar características de personas y acontecimientos, convirtiéndolas en vívidas anécdotas.
Durante las vacaciones de Pentecostés, Weber acompañó a su primo Otto a la casa de este último, en Estrasburgo. En aquellos días formó un nexo intelectual con la familia Baumgarten. Una larga carta a su madre, acerca del sermón de Pentecostés del pastor Rif —el mismo clérigo cuyo sermón había leído una vez a su madre— muestra cuán firmemente lo había relacionado Otto con los intereses religiosos. Sin embargo, no es claro si realmente lo movía un sentimiento religioso o si había absorbido todo con el desapego de un hombre que tiene un candente interés en el fenómeno intelectual de la religión pero no está bajo su influjo. Otro documento nos ofrece un atisbo de lo que en aquellos días consideraba como la “esencia” de la religión. Por entonces, falleció su abuela Bielefeld, dejando una hija huérfana sola, soltera y entrada en años. El estudiante de 18 años se conmovió profundamente por su destino y escribió a su madre:
En ocasiones tan infinitamente tristes, cuando un ser humano ha enterrado su propia vida, al menos su vida interna, junto con otro, ¿qué podemos decir a esta persona, como no sea asegurarle nuestra simpatía y respeto? Y, ¿qué otra cosa debo decir a mi tía, mucho mayor que yo en años, en experiencia y en cultivo del corazón? Sólo podemos expresar la esperanza de que la fe de esa persona le dé compostura, de que su esperanza, cualquiera que sea, le dé consuelo. También podemos repetirle las hermosas palabras que, para mí, expresan la quintaesencia del cristianismo y la auténtica tolerancia: “Anda; que te suceda como has creído” [Mateo 8:13]. Esto, esto es lo único que deseo a mi tía, y sé que con ello le deseo todo, pues lleva una fe en su corazón que es en sí misma una poderosa fortaleza contra todo lo que de fuera le llegue como flaqueza.

En el segundo semestre de Weber en Hejdelber, Otto ya no estaba ahí. Personas más vulgares e intereses más prosaicos ocuparon las horas libres de Weber. De hecho, el otro lado de su personalidad pareció pasar ahora al primer plano. Estableció una mayor relación con los Alemannen, almorzaba con ellos, asistía a las obligatorias sesiones de bebida dos veces por semana, y llevó, cada vez más, la vida de un hermano de la fraternidad. En su tercer semestre peleó los duelos necesarios y recibió el listón. Se entregó entonces por completo a la alegría de la vida estudiantil, se volvió un tipo divertido, y pronto se distinguió por su extraordinaria capacidad para consumir alcohol. Esto no carecía de importancia en aquellos días, porque una parte de la educación de un “hermano” para llegar a la virilidad era poder ingerir la mayor cantidad de alcohol sin perder el dominio de sí mismo. Además, los alimentos, que fueron volviéndose cada vez peores conforme avanzaba el semestre, obligaban a todos a tomar más cerveza. Este modo de vida cambió por completo la apariencia física de Weber, y se realizó el deseo con el que había llegado a la universidad. El aumento de su volumen físico fue aún más notable que la expansión de su intelecto: el desgarbado muchacho se volvió ancho y fuerte, tendiente a la corpulencia. Cuando su madre lo vio por primera vez así cambiado, con una cicatriz en la mejilla, dejada por un duelo, aquella mujer vigorosa no encontró otro medio de expresar su asombro y su temor que el de darle una sonora bofetada.


También en otros aspectos la metamorfosis de su hijo mayor acaso no complacía mucho a los padres, aunque él no había descuidado considerablemente sus estudios. Las “obligaciones” de la fraternidad, las gorras rojas, los trajes de gala, las borracheras y canciones, los duelos y un apetito voraz devoraban bastante más que su asignación monetaria mensual. El estudiante, incapaz de ahorrar, repetidas veces tuvo que pedir a su padre sumas adicionales, con gran irritación de este último. No obstante, contraer deudas era lo único que podía hacer, y llevó adelante la vieja tradición. Aunque hubo que hacer contribuciones para pagar todo lo que los “alte Herren”1 consumían en las fiestas del santo fundador y similares, el crédito que en todas partes se extendía a las corporaciones estudiantiles hacía que pedir prestado fuera casi una Standessitte [costumbre de clase]. Almuerzos, gorras y viajes en carruaje sólo se pagaban, por regla general, años después, y entonces con intereses de usura. Así lo hizo Weber y por ello no pudo sanear su presupuesto ni siquiera en sus Últimos años estudiantiles, cuando ya no formaba parte activa de la fraternidad
Pero la vida de la fraternidad influyó grandemente sobre su disposición interna, así como sobre su apariencia. La corporación era pequeña, y cada quien se sentía responsable de su reputación. Los “hermanos” no se asociaban con amistosa cordialidad, sino que se trataban unos a otros
Los “viejos muchachos” o alumni que en un tiempo habían pertenecido a una
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