Ana səhifə

Primera edición en inglés, 1988 Primera edición en espafiol, 1995


Yüklə 2.37 Mb.
səhifə5/47
tarix23.06.2016
ölçüsü2.37 Mb.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   47

Los AÑOS DEL NAZISMO Y SUS SECUELAS:
LA OPOSICIÓN Y LA CULPA DEL SOBREVIVIENTE



En 1922, el salón de Marianne Weber volvió a cambiar de funciones una vez más. El primero había parecido a veces un salon des refusés (broma de Max). El segundo salón, reanudado tras una interrupción de cerca de siete años, ya no atrajo a opositores políticos ni a la vanguardia literaria y filosófica. Tras una breve suspensión, el círculo de Marianne logró volver a reunirse durante todo el periodo nazi, pero ya era más que nunca un grupo menguante y avejentado de académicos proscritos y de oposición. En una memoria de posguerra acerca del salón, Marie Baum afirmó que durante el régimen nazi “este círculo social acaso fuera el único de nuestra ciudad en que se daban por sentados la plena confianza y el acuerdo silencioso, pese al gran número de participantes. No había discusiones políticas. Aquellos a quienes no gustaba el aura de libertad o que la consideraban demasiado peligrosa, se apartaban”.79 Cuando la universidad fue “vinculada con la misma corriente” (gleichgeschaltet), hubo cada vez menos posibilidades de verdaderos intercambios intelectuales. Eso hizo más importante aún el círculo de Weber: “Ocurrió así”, recordaría Marianne, “que nuestras reuniones de los domingos se volvieron preciosos como restos de una comunidad intelectual anterior y más rica. Básicamente, el círculo quedó reducido a miembros de la misma cohorte, que tenían inclinaciones muy distintas pero estaban unidos en su actitud ante el nuevo Estado, y podían confiar unos en otros” (L 214).
Antes de huir, el sociólogo Karl Mannheim y el economista Jakob Marschak aparecieron como oradores, todavía en el verano de 1933. Fueron seguidos al exilio por otros oradores: Otto Meyerhof, bioquímico ganador del Premio Nobel, el clasicista E. Taubler, el politólogo Arnoid Bergstrasser, el educador Kurt Hahn, el indólogo Heinrich Zimmer. Emil Lederer, director del ahora difunto Archiv für Sozialwissenschaft y viejo amigo de los Weber, también tuvo que partir. Mientras que Alfred Weber se retiró inmediatamente en 1933,80 otros oradores fueron despedidos u obligados a un temprano retiro: Gustav Radbruch, jurista y ministro de Justicia en dos gobiernos de Weimar; el clasicista Otto Regenbogen; Hans von Eckart, yerno de Else Jeffé; Gustav Hartlaub, historiador de arte; Willy Hellpach, psicólogo social, y también Marie Baum y Karl Jaspers (1883-1969). Así, acerca de la mitad de los oradores —de una lista
Durante más de cuatro décadas, Tjele-Winckler vaciló entre periodos de gran actividad organizativa en los niveles local y nacional y periodos de retirarse del mundo. Como en tantos casos medievales, su fortaleza y obediencia fueron puestas a dura prueba por su padre y su guía espiritual, Friedrich von Bodelschwingh (1831-1910), fundador de Bethel, hasta hoy la más renombrada de las instalaciones de beneficencia protestante. Para unos paralelos medievales, véase Caroline Walker Bynum, Holy feast and holy fast. The religious signiflcance of food to medieval women, University of California Press, Berkeley, 1987.
Marie Baum en Der Marianne Weber-Kreis, p. 10.
80Eberhard Demm, ‘Ziviicourage im Jahre 1933. Alfred Weber und die Fahnenaktionen ocr NSDAP”, HeidelbergerJahrbücher, 26 (1982): 69-80.

iniciada en 1930— fueron exiliados o despedidos, y la proporción es mayor si consideramos sólo al círculo inmediato. Ricarda Huch ingresó al círculo interno de 1932 a 1934, cuando llegó a vivir con Marie Baum, para quien fue durante más de 50 años “la persona más querida, en cuyo amor encontré reposo”.8 1 Cuando la Academia Prusiana de Artes expulsó a Heinrich Mann, Kathe Kollwitz y Alfred Dóblin en 1933, Huch declaró su propia renuncia en una carta indignada: “Lo que el actual gobierno prescribe como la actitud nacional apropiada no es mi Deutschtum. La centralización, la compulsión, los métodos brutales, la difamación de quienes sostienen otras opiniones y el autoelogio jactancioso me parecen undeutsch y de mal gusto.”82


Mientras que el debate político ya era imposible en las reuniones de los domingos, Huch, Baum y Weber a menudo hablaban de política a puertas cerradas. Sin embargo, la palabra era diferente de la acción. Tarde o temprano, pruebas personales de valor y fuerza resultarían inevitables para la mayoría de las mujeres. Huch había hablado temprano y en 1936 fue amenazada de acusación penal cuando su yerno perdió su posición académica. Marie Baum participó muy activamente ayudando a emigrar a familias judías. Los nazis la habían despedido de la Universidad de Heidelberg al descubrir que su abuela cristiana era nada menos que una Mendelssohn-Bartholdy. Tras varios citatorios, la Gestapo allanó su casa en 1941, pero no encontró los documentos comprometedores que ella llevaba en su cuerpo. Sufrió gran angustia por su decidida renuencia a unirse voluntariamente a las deportaciones: “Tal es un ejemplo de nuestro fracaso, a la luz de un imperativo divino absoluto.”83
Cuando Alice Salomon tuvo que seguir a las otras lideresas judías de la 13DF, Alice Bensheimer y Bertha Pappenheim, al exilio en 1937 —sus viejas gentiles antagonistas Augspurg, Heymann y Stócker se habían ido en 1933—, Agnes von Zahn-Harnack, quien las ayudaba activamente, gritó:
“Sentí tanta gratitud al oír tu voz por el teléfono! Tu alma está sana, pero corremos como perros atontados. Quiero escribirte, pero ¿cómo podré expresarme? Mi dolor, mis lágrimas, mi vergüenza, mi gratitud, mi veneración, mi admiración, mi impotencia, mi flaqueza, mi profundo pesar, mis deseos más profundos. Dios te acompañe, Dios nos proteja.”84 Hacia el fin de la guerra, su hermano Ernst von Harnack (1888-1945), su primo Arvid Harnack y su esposa estadunidense Mildred Fisher fueron ejecutados por su participación en el movimiento de resistencia, así como Elisabeth von Thadden (1890-1944), íntima amiga suya, de Baum y de Huch.
Un testimonio de su relación es la biografía de Marie Baum, Leuchtende Spur. Das Leben Ricarda Huchs, Wunderlich, Tubinga, 1950.
82 Huch al presidente de la Academia Prusiana de Artes, Max von Schillings, en Briet
and die Freunde,
p. 284.
83 Baum, Rückblick auf mcm Leben, p. 284.
84 Harnack a Salomon, 12 de junio de 1937, reproducida en Joachim Wieler, Er-Innerung emes zerstórten Lebensabends. Alice Salomon scihrend der NS-Zeit und im Exil, Lingbach, Darmstadt, 1987, p. 183.

A] parecer, Marianne Weber no participó en ningún esfuerzo activo de rescate. Conse1’ su amistad íntima con Anna Neumeyer, esposa de un conocido experto en derecho internacional, ambos judíos. Hacia 1938, Anna trató de calmar los sentimientos de culpa de Marianne. En agosto de 1940, Marianne celebró su cumpleaños número 70 con los Neumeyer y con Else Jaifé, en la casa de campo de la ex dirigente de la I3DF, Dorothee von Velsen (1883-1970); para entonces, la reunión fue ilegal. Karl Neumeyer, admirador, como su esposa, de Max Weber, pronunció un discurso acerca de él, y cuando, un año después, llegó la orden de deportación, los NeumeYer se quitaron la vida tras una cuidadosa deliberación. Marianne cayó en una depresión “como nunca había yo experimentado. Tal fue la respuesta de mi alma, mi penitencia. Esta muerte fue un severo reproche: sobrevivir significaba ser culpable” (L 433).85 Para entonces, dos de los hijos adoptivos de Marianne se encontraban en grave peligro. El esposo de su hija Klara, ministro de la Iglesia confesional (la oposición luterana a los señuelos de los nazis), fue encarcelado por negarse a prestar un juramento. La esposa de su hijo Albert era judía, pero a la postre resultó uno de los pocos sobrevivientes judjos en Berlín, y dio a luz a un hijo en el momento en que el Ejército Rojo se abría paso por la capital.86


En contraste con quienes partieron o cayeron en un “exilio interno” (Innere Emigration), Gertrud Báumer optó por una estrategia sumamente ambigua y, a la postre, autodestructiva. Como una de las principales funcionarias femeninas de la República de Weimar (en el Ministerio del Interior), inmediatamente fue despedida en 1933. Sin embargo, al haber cultivado contactos con hombres y mujeres influyentes, de la jerarquía nazi, sobrevivió a su expulsión de la unión de escritores, a una orden contra hablar en público y a una orden de detención. De esta manera, logró continuar su revista Die Frau hasta 1943 y publicar voluminosas novelas sobre gobernantes femeninas medievales. Glorificó la idea cristiana del
85 Sobre el suicidio de los Neumeyer, véase también Dorothee von Velsen, Ini Alter die Fülle. Ermnnerungen, Wunderlich, Tubinga, 1956, p. 338.
86 Entre las incontables víctimas estuvieron Kathe Leichter y Gertrud Kantorowicz. Leichter, quien a mediados de los treinta se había vuelto una de las lideresas de la resistencia socialista en Austria, logró escribir su autobiografía secretamente en prisiór., recordando sus días de estudiante en Heidelberg, antes de encontrarse entre las primeras en morir, por gas, en una serie de prueba.
Después de correr grandes riesgos y liberar de Buchenwald al hermano de Fnedrich Gundolf, mediante una compleja treta, Gertrud Kantorowicz trató de huir a través de la frontera suiza en 1942, llevando consigo a la hermana de Margarete Susman, la madre de Ernst Kantorowicz y a otra mujer anciana. Sólo una lo logró. La hermana de Susman fue muerta, y Gertrud fue arrastrada de regreso a Berlín. Reconocida por uno de sus interrogadores como la enfermera que lo había atendido en Turquía durante la primera Guerra Mundial, éste logró que la enviaran a Theresienstadt en lugar de Auschwitz. Ahí, atendió a los enfermos y a los inválidos, leyó a Homero en griego, y escribió poemas al estilo georgiano, hasta morir pocas horas antes de la liberación del campo de concentración. Véase Herbert Steiner, comp., de Kathe Leichter, Leben und Werk, Europaverlag, Viena, 1973; Michael Landmarin, posdata a Gertrud Kantorowicz, Vom Wesen der griechischen Kunst, Deutsche Akademie für Sprache und Dichtung, Dermstadt, vol. 24, 1961.

Reich como realización de la historia occidental, comparado con el cual el Reich nazi tenía que parecer una simple emanación inferior. En una carta de 1936 criticó a Marianne Weber: “En mi opinión, pasas por alto lo que es esencial en el cristianismo, la idea del Reich, mientras consideres que su significado es el alma individual.”87 Y cuando, después de estallar la segunda Guerra Mundial, Marianne indicó cautelosamente que ahora su círculo “se había distanciado completamente de lo que estaba ocurriendo”, Gertrud, recordando “Entre dos leyes”, de Max Weber, invocó su memoria contra ella e insistió en que lo político y lo moral nunca pueden coincidir: “Nadie lo ha visto con mayor claridad que Max Weber. No me parece que las personas que dicen que no van a sacrificarse por este gobierno sean más morales que quienes dicen: nos sacrificamos por Alemania. Aquí es realmente cierto lo de ‘con o sin razón, por mi país’. No voy a exculpar los errores, pero no puedo escapar del destino de mi país envolviéndome en el manto de la virtud. Puesto que la culpa de mi país es mía, debo soportarla, si está en juego la existencia de la nación.”8
Este diálogo, en el que faltan las cartas de Marianne Weber, es la única prueba indirecta que tenemos de sus pensamientos de entonces, en contraste con sus recuerdos de posguerra.89 En general, el modo de Marianne de oponerse al régimen nazi fue más de persistencia que de resistencia. Continuó haciendo lo que mejor sabía hacer. Aparte de mantener abierto su salón, trató de seguir publicando y de sostener su cosmovisión ética.9°
87 carta del 23 de mayo de 1936, Baumer, Des Lebens wie der Liebe Band, p. 92.
8S Carta del 27 de diciembre de 1939, Báumer, op. cit., pp. 128 s. Recientemente, Baumer, Zahn-Harnack y Weber fueron tratadas como precursoras del fascismo en una tesis marxista de Christine Wittrock. Postulando que el fascismo era la última etapa del capizalismo, ella considera la imagen de las mujeres bajo el fascismo como la última etapa de un desarrollo que comenzó con el movimiento feminista burgués. El análisis enfoca declaraciones escritas y no toma en cuenta la conducta personal. Véase Weibichkeitsmythen. Das Frauenbild im Faschismus und seine Voridufer in der Frauenbewegung der 2Oer Jabre, Sendier, Frankfurt, 1983. Véase también ahora Claudia Koonz, Mothers in ¡he Fatherland:
women, the family and Nazi politics,
St. Martin, Nueva York, 1987.
89 El testimonio acumulativo de memorias de posguerra confirma, sin embargo, la básica oposición de Marianne al régimen nazi. Por ejemplo, Dorothee von Velsen, quien pensó en suicidarse en 1933, recordó que por entonces acudió a Marianne Weber, “quien siguió el curso de los acontecimientos con un magnífico sentido de ecuanimidad, y a Marie Baum, quien se sintió profundamente herida”. De vacaciones con Marianne en 1940, recordó, “susurrábamos cada tarde: ‘Hemos ganado otro día!’ Mientras Inglaterra se sostuviera, la libertad tenía un refugio. Pero no nos gloriábamos”. (La hermana de Velsen vivía en Inglaterra.) Véase Velsen, op. cii’., p. 346.
90 En Las mujeres y el amor, la absoluta oposición de Marianne al “amor libre” le hizo caer en un lapso moral con respecto a la represión nazi. Atacando la literatura sexualmente explícita, mencionó como triste ejemplo de educación sexual tolerante el consejo dado por un médico marxista en una correspondencia publicada con trabajadores jóvenes, de uno y de otro sexos. En una nota de pie de página, de un renglón, añadió: “Es correcto que tales publicaciones estén prohibidas hoy” (p. 35). Estoy razonablemente cierto de que se refirió a Max Hodann, Sezualelend und Sexualberatung, Greifenverlag, Rudolfstadt, 1928. Al suprimir gran parte de la vida literaria alemana, los nazis hicieron uso irrestricto de la “ley contra la basura” de 1926, que Gertrud Baumer y Theodor Heuss habían ayudado a pasar por el Reichstag, para proteger a los lectores jóvenes y elevar el gusto popular.

En la secuela del éxito de Marianne con Las mujeres y el amor, el editor le pidió una obra de guía filosófica para la vida (Lebenslehre). Compuesta como serie de cartas a un joven, trató de la estructura ética de la existencia (el bien y el mal, el deber y la felicidad, reglas y excepciones, libertad y contención, personalidad y comunidad, vocación y matrimonio); realización cultural (cultura y naturaleza, belleza y arte); y religión y religiosidad (el cristianismo y la religiosidad no cristiana). En su autobiografía, Marianne confesó que las exigencias filosóficas de los temas pusieron a dura prueba su capacidad. Escrita cuando sus facultades ya iban declinando, fue la más floja de sus obras. Pero también es verdad que, por estar tan lejos de la ideología imperante, simplemente no enibonó en la agenda nazi de años posteriores. El rechazo del primer editor fue seguido por el de otra media docena, hasta que, por último, el manuscrito fue impreso ilegalmente y salvado de la destrucción en 1944.91 Fue publicado desde 1946 con una posdata sobre el significado de la catástrofe alemana y una confesión de culpa colectiva y personal. Gertrud Báumer también se apresuró a publicar un folleto sobre “El nuevo camino para la mujer alemana”, en el que culpaba al diabólico Hitler y al susceptible pueblo alemán, hombres, mujeres y jóvenes, por los males del Tercer Reich: a todos, menos a sí misma.92


Pocas semanas después de la ocupación de Heidelberg en 1945, dos miembros de las fuerzas armadas, discípulos de Talcott Parsons en Harvard, buscaron a Marianne Weber para interrogarla. Cuando se le preguntó si se consideraba culpable, ella contestó: “No sacrifiqué mi vida, sino que sobreviví por medio del silencio cuando masas de personas inocentes fueron destruidas. Eso lo reconozco como mi trascendental culpa personal, una falla de mis más altos valores” (L 486). En una crítica a su último libro, Paul Honigsheim, quien recibió su carta de 1926 y se exilió voluntariamente después de 1933, galantemente la exoneró de toda culpa.93
Después de la guerra, Marianne continuó sus reuniones hasta cerca de 1952. En realidad, honrando su memoria con una foto rodeada de flores, el círculo siguió adelante al menos hasta fines de los cincuenta. Al morir Alfred Weber en 1958, Alexander Rüstow (1895-1963), que había retornado de su exilio en Turquía, ocupó el lugar de los hermanos Weber. Para entonces, miembros del círculo habían desempeñado su parte en la
91 Marianne Weber, Ei-fülltes Leben, Lambert Schneider, Heidelberg, 1946. En 1936, finalmente logró publicar las ya muy atrasadas Jugendbriefe, Mohr, Tubinga, las cartas del Joven Max Weber, con la ayuda editorial de Georg Kunze, profesor de escuela secundaría que se había negado a prestar el juramento del servicio civil al nuevo régimen y, sin empleo, vivió durante un tiempo bajo el techo de ella. Al parecer, se paró la tipografía de un segundo volumen de cartas que resultaron demasiado controvertidas para imprimirlas, y luego se perdieron.
92 Gertrud Báumer, Der neue Weg der den tschen Frau, Deutsche Verlagsanstaft, Stuttgart,
1946. Por su apología, de la que nunca se arrepintió, pro sua vitO, véase su declaración públIca de 1947, en Baumer, Des Lebens wie der Liebe Band, pp. 339 Ss.
° Paul Honigsheim, inAnzerjcari Journal of Sociology, 55(1949): 102 Ss.

renovación democrática de la Universidad de Heileiberg, sobre todo Gustav Radbruch, Alfred Weber, Hans von Eckardt,Otto Regenbogen, Karl Jaspers y Marie Baum, quienes también superviaron la restauración de la escuela secundaria privada de Elisabeth von Tadden, que hoy lleva el nombre de su fundadora. En 1949, Theodor Heiss, admirador de Max Weber hasta lo último, y colaborador durante tda su vida de los viejos liberales de Heidelberg, fue el primer presidente de la República Federal de Alemania, apoyado por Elly Heuss-Knapp (1831-1952), otro miembro consumado de la primera generación de mujeres académicas. Marianne Weber mostró gran satisfacción en estos nuevos comienzos.


Cuatro años antes de su muerte en 1954, Marianne volvió a publicar su biografía, en versión ligeramente abreviada. Pero en el cuarto de siglo transcurrido desde su primera aparición ella había recorrido un largo camino desde el espíritu y el contenido de la obra de Max Weber hacia la de su hermano, volviéndose más bien eco deAlfred que portavoz de Max. Desde el final de la primera Guerra Mundial y de la muerte de Max, sus intereses éticos y filosóficos se habían vuello cada vez más importantes para ellos que las tareas empíricas de la ciencia social. Alfred Weber dio un puñetazo en la mesa cuando el politóbgo Arnoid Brecht, otro célebre emigrado, le dijo en 1950 que les enseñaba a estudiantes estadunidenses la filosofía “relativista” de la ciencia (Wissenschaftslehre) de su hermano: “Cómo? ¿Les enseña usted ese disparate a los estadunidenses? Lo primero que enseño yo a mis estudiantes es cuáles son los más altos valores.” Con ello se referia a los valores espirituales. Bajo el impacto del nihilismo nazi, hombres como Alfred Weber y Gustav Radbruch volvieron más resueltamente aún de la erudición a la filosofía especulativa o a la teología en busca de valores inmutables.94 Max había enseñado a Marianne a ser sabia, pero ella había preferido verlo ante todo como un gran hombre. En este aspecto contó coL el entusiasta apoyo de Karl Jaspers, para quien Weber fue el más giande filósofo del siglo porque vivió con autenticidad. El ídolo se desplomó para Jaspers cuando finalmente supo, después de la muerte de Mrianne, que Max no había resuelto sus propias dificultades éticas, y al parecer se sintió movido a proteger a su mujer de una revelación dolorosa.95 Sin embargo, cualquiera que fuera la verdad, Marianne Weber hizo una buena elección al mandar que se grabara una frase en la estela funeraria de Max Weber. En frases que hablan de grandeza humana, así como de limitación humana, decidió colocar en lados opuestos estas palabras:
Nunca veremos a otro como él
Todo lo temporal sólo es una semejanza
Arnoid Brecht, Mit der Kraft des Geistes. LebensereniflflerUflge?1 vol. 2: 1927-1967; Deutsche Verlagsanstalt, Stuttgart, 1967, pp. 394 s.
Véase Dieter Henrich, “Karl Jaspers: Thinking with Max Weber in Mmd”, en Mommsen y Osterhammel, op. cit., pp. 539 Ss.

Reconocimientos
Estoy agradecido por el apoyo de mi esposa Caroline Walker Bynum, quien compartió mis intereses intelectuales en la materia y me concedió un año sabático personal como “esposa de sabio” en el Getty Center for the History of Art and the Humanities, en Santa Mónica. Deseo también dar las gracias a Steven Wight, quien apartó tiempo de sus estudios medievales para poner el manuscrito en la computadora. Por último, quiero agradecer a Irving Louis Horowitz, por haberme convencido de escribir la introducción.
Datos biográficos
He tratado de informar de los años de nacimiento y muerte de la mayoría de las personas mencionadas en la introducción, pero en esta bibliografía, que incluye manuales y enciclopedias, hay mucha información incorrecta. Esto también puede decirse de las fechas de Marianne Weber. Nació el 2 de agosto de 1870, y falleció el 12 de marzo de 1954, en contra del prólogo del traductor (p. 7) y de varias otras fuentes.
1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   47


Verilənlər bazası müəlliflik hüququ ilə müdafiə olunur ©kagiz.org 2016
rəhbərliyinə müraciət