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Primera edición en inglés, 1988 Primera edición en espafiol, 1995


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Dian
na base considerablemente distinta de la del liberalismo nacional de los setente, pero igualmente libre de aspiraciones de clase y tendencias del alto clero, Y estafl completamente libres de toda sospecha de oportunismo y de otras
21 Conde Georg Leon von Caprivi, 1831-1899, canciller imperial alemán (1890-1894) y flier flimistro de Prusia (1890-1892). [E.]

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consideraciones subjetivas. En suma, no estoy en posición de discutir su libertad intelectual. También ellos consideran el periodo transcurrido entre 1867 y 1877 bajo una luz considerablemente distinta de la habitual. En su mayoría son economistas y reformadores sociales, y por ello no sorprende que la intervención del Estado en la llamada cuestión social les parezca más importante de lo que parece justificado a otros, sobre la base de las condiciones actuales.
El despertar de estos intereses sociales y sociopolíticos, cuyas primeras huellas pueden encontrarse en una carta fechada en 1887, apartaron a Weber de la política liberal nacional de su padre, política utilizada cada vez más por los grandes empresarios industriales para hacer sus demandas económicas.
Los hechos incontrovertibles de que el liberalismo de los setenta subordinó las tareas sociales del Estado a otras cosas, más de lo que se podría justificar o, en todo caso, más de lo que hoy consideraríamos normal; que la legislación social es aún hoy soportada por los liberales con una desconfianza casi enteramente pasiva que a menudo puede ser perfectamente justificada, en lugar de actuar y suprimir sus reservas verdaderamente considerables haciendo alguna modificación; que en general, los liberales no estén interesados exclusivamente en proyectos legislativos (lo que se justifica, en mi opinión): esto es lo que hace que estos políticos consideren la época nacional liberal simplemente como de transición hacia más grandes tareas del Estado... (30 de abril de 1888).
El primer viaje de Weber a las urnas electorales no lo hizo en interés del candidato del Partido Liberal Nacional; en cambio, votó por la planilla conservadora libre, acaso porque esperaba que fuera mejor comprendida la representación de los intereses sociales por ese partido y que al mismo tiempo fuera atraído por la actitud del partido en cuestiones de política del poder. Sin embargo, no se volvió partidario de ningún grupo político. Después se referiría a menudo a ese primer voto, pero nunca a sus motivos.
El “cambio de generaciones” ya había ocurrido. El soi de la cultura se había desplazado; para la generación joven surgieron problemas distintos de aquellos a los que habían estado expuestos sus padres, y con ello recibieron distintos impulsos para la acción y la investigación. “Der neue Trieb erwacht” [despierta el nuevo impulso... ].22
Desde el principio, estos intereses de Weber tuvieron dos características:
fueron forjados por ideales políticos nacionales, por una parte, y por SU recién despertada responsabilidad social y justicia, por la otra. Al evaluar la economía, la tecnología y las instituciones políticas, preguntó hasta qué punto eran pilares apropiados para la posición de Alemania corno gran potencia, y a esta pregunta añadió otra: ¿qué arreglos podrían hacerse para asegurar una existencia digna, alegre y saludable a los ale-

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inanes, quienes, fuesen granjeros u obreros industriales, estaban crean- do con sus manos la subestructura del poderío nacional?


j La pasión de Weber por el Estado de poder nacional evidentemente otó de un instinto innato que no pudo ser afectado por ninguna rexión: la nación poderosa es la extensión del cuerpo de una persona
ndemente dotada, y apoyarla es apoyarse a sí mismo. Su creciente inh social se volvió más vibrante por el hecho de ser tan caro a los cora-
es de personas de quienes se sentía cerca: su madre, Ida Baumgarten hijo de ésta, Otto.
eber trabajó en un periódico nuevo fundado por Otto Baumgarten se dedicaba a la ilustración social de clérigos. Se debían poner en con- con reformadores sociales y funcionarios, en un esfuerzo por mejo- el mutuo entendimiento de sus diversos mundos. Weber trató de inar también a Hermann Baumgarten en este proyecto, y escribió de
Siguiente:
duda será saludable para los teólogos y promoverá el respeto a su profeeJ que, como en este caso, se vean obligados a hablar con relativa sobrieen el lenguaje de los demás mortales. Y a la inversa, los legos, especial ente los funcionarios más jóvenes y quienes tienen un vivo interés en la lítica social, están muy acostumbrados a respetar a la iglesia en una forma perficial y convencional Dejando aparte a quienes son totalmente indifetes, éstos tienen graves dudas de las habilidades prácticas del clero. Me ece útil a mí —aunque sea en vista del juicio de los jóvenes reformadores jales sobre la escala social de valores y la capacidad de la Iglesia católica, comparación con la Iglesia protestante_ hacer que en estos círculos se stumbren a la idea de unir fuerzas con los ensotanados, a quienes han ocadoad acta [borradoj (1891).
aire flotaban desde hacía tiempo las cuestiones sociales; los probleprácticos del industrialismo moderno ios mantenían en la mente de y en las conciencias de la gente pensante. Desde los setenta volvió claro para pequeños grupos de la burguesía que si se querían evios infortunios inminentes, habrían de preocuparse por las cuestioSociales. La Gründerphase [fase fundadoraj,23 que favorecía la os- ación, la creación de nueva riqueza mediante el desarrollo de la tría pesada y el dar libre campo al afán adquisitivo, separaba los es- de vida de los propietarios y de masas de obreros manuales más consmente que nunca. Los brillantes pensadores del socialismo habían do armas intelectuales para que los desposeídos las emplearan en 5Ucha contra un orden social que encadenaba a millones a las máIflas para beneficio de una minoría, sin ofrecerles a cambio más que
LGründerphase Gründerjahre Grüderzejt se refieren comúnmente al periodo de ex- y de temeraria especulación financiera que siguió a la guerra franco-prusiana a
‘PIos del decenio de 1870. [E.]

22 Del Fausto 1, de Goethe, verso 1085: “El nuevo impulso enciende mi espíritu”. [E.]

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la simple subsistencia. Los socialdemócratas, como el partido de quienes no tenían nada que vender sino su trabajo, y “nada que perder Sino sus cadenas”, hicieron temblar los fundamentos de los propietarios y el orden jurídico que consagraba esa situación. Al mismo tiempo, y por medio de una nueva escala de valores, trataron de liberar a las masas del dominio de una Iglesia que les dejaba la conciencia limpia a los propietarios, que consolaba a los desposeídos con el más allá y que así funcionaba como una “policía negra” del Estado.
Un buen número de notables estudiosos del campo de la economía, como Adolf Wagner, Schmoller, Brentano, Knapp24 y otros, así como profesores de derecho como Gneist, comprendieron las razones para hacer una crítica socialista de la sociedad. Algunos de ellos atribuyeron la exacerbación de los conflictos de clase a la doctrina de laissez-faire, laissez-passer del libre cambio y a los seguidores de la Escuela de Manchester, que aprobaban la búsqueda implacable del lucro. Exigieron que la economía se onentara nuevamente por los ideales éticos y que el Estado regulara los contratos de trabajo libre. Estos hombres, a quienes sus adversarios llamaron burlonamente los Kathedersozialisten, influyeron sobre los estudiantes con sus conferencias y sus escritos. Para obtener influencia sobre círculos más vastos y sobre el Estado fundaron La Asociación de Política Social (1873), en la que ingresaron hombres de negocios, industriales y funcionarios.
En una discusión preliminar celebrada en Eisenach, en que participaron hombres de todas las convicciones políticas, el interés se centró en la cuestión laboral. Gustav Schmoller esbozó un programa al que la Asociación se adhirió en lo principal, aunque se le hicieron numerosas adiciones. Abrazó una idea del Estado que se hallaba “igualmente alejada de la glorificación del individuo según la ley natural con todos sus caprichos, y de la teoría absolutista del poder devorador del Estado”. Aunque reconociera el espléndido progreso de la tecnología y de sus realizaciones para la economía, también estaba consciente de la grave situación causada por la creciente desigualdad de propiedad e ingreso y sus efectos sobre la moral. Vio como principal causa de todos estos males el que los avances realizados en la división del trabajo y en la legislación estuvieran invariablemente centrados en el aumento de la producción y no en sus efectos sobre los seres humanos. La Asociación, confirmó, no deseaba una nivelación de la sociedad. Rechazaba los experimentos socialistas y reconocía las formas existentes de producción y de propiedad, pero luchaba por mejorar la situación de la clase obrera.
Las demandas iniciales de este círculo eran que el gobierno regulara los contratos de trabajo, aplicara leyes de fábrica, controlara los bancos
24 Adolf Wagner, 1835-1917, profesor en Dorpat, Friburgo y Berlín; Gustav von Schm0 ler, 1838-1917, profesor en Halle, Estrasburgo y Berlín; Lujo Brentano, 1844-1931, profesor en Breslau, Estrasburgo, Viena, Leipzig y Munich; Georg Friedrich Knapp, 18421926 profesor en Leipzig y Estrasburgo. [E.]

l comercio, ofreciera mejor educación, preparación y alojamiento palos trabajadores, etc. La Asociación unió así a eruditos y a hombres pvgcticos y puso la labor científica al servicio de la vida. La exploración njunta de “cuestiones” sociales y económicas fue organizada con ese u; lo material así ganado serviría como base para la discusión verbal. En u.primera década de existencia, la Asociación presentó directamente s propuestas a los legisladores. En aquellos días, en sus reuniones se 4acfa una viva propaganda destinada a interesar a personas de todos estilos de vida en la beneficencia social. Pero cuando, a principios de los i$ifrenta, Bismarck empezó a preocuparse por la política social reduciení$o así las perspectivas de ejercer influencia directa sobre la maquinaria l gobierno, la Asociación abandonó sus actividades de agitación y remIa ó la discusión propagandística por la académica. Se hizo hincapié, Ii cambio, en una investigación estrictamente científica de los problemas 4ki momento.


1ue en esta etapa cuando Weber ingresó en la Asociación, de la que siÉ Ó siendo miembro permanente. Por entonces, la cuestión agraria era ,roblema candente, pues los terratenientes —hasta entonces una daue se arrogaba el mandato especial de proteger al Estado— exigieron
una protección especial del gobierno a sus intereses económicos, diante un aumento de las cuotas a cereales, prohibición de transfereny similares.
Encargado por la Asociación, hacia 1890-1891, Weber empezó a inves!% ar la situación de los trabajadores agrarios. Se organizó un estudio y kber hizo el cuestionario que se envió a los terrateñientes. El material i%je llegó fue distribuido entre varios jóvenes reformadores sociales. El
bpio Weber trabajó en la parte más importante: La situación de los !!bajadores de las granjas al este del río Elba. Esta primera obra suya de !Ónmía política, de casi 900 páginas, fue escrita con centelleante rapien un año, mientras Weber daba sus primeros cursos de derecho. Ini diatamente estableció la reputación del joven sabio en una disciplina ie no era la suya. Desde entonces, se le consideró como experto en asun“U1s agrícolas.
Uno de los maestros de economía política, especialmente de historia ria, G. F. Kriapp, presentó un informe sobre los resultados del estudio
la convención de la Asociación, celebrada en la primavera de 1893. “Por 1h”, dijo, “una monografía fue escrita por el doctor Max Weber acerca de ‘1 situación de los trabajadores al este del Elba, que ha asombrado a 5dos los lectores con su riqueza de pensamiento y profundidad de visión. tSta obra, más que nada, me ha dado la sensación de que nuestra condi‘ tón de expertos ha llegado a su fin, que tenemos que volver a aprender”.
Tal fue la primera ocasión en que Weber habló aflte un grupo más nuflleroso de estudiosos y reformadores sociales. Hablando claramente y Sin flotas, resumió los resultados de su trabajo.25 La situación era la si-

25 Cf Gesarnmelte Aufsdte ur Wirtschaftsgeschichte, pp. 444 Ss.

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guiente: la nobleza terrateniente empezaba a experimentar una escasez de mano de obra. Los elementos más vigorosos y mejor remunerados de la población campesina, que durante muchos años habían prestado servicio por estatuto, con sus manos y su caballo, a cambio de remuneración en especie, estaban abandonando su gleba natal y yéndose al extranjero, o bien atestando las grandes ciudades. Polacos y rusos, por millares, estaban invadiendo las fronteras del este, que Bismarck había abierto a obreros migratorios y cerrado a colonos. Su sucesor no fue lo bastante fuerte para resistir la presión de los nobles terratenientes. Ahora, los extranjeros entraban al principio libremente como trabajadores de temporada. Pero algunos de ellos se quedaban y de este modo ocupaban las tierras de la frontera oriental que los alemanes habían arrancado a estos pueblos hacía siglos. ¿Cuál era la razón? ¿Dónde estaba el peligro y cómo se podía hacerle frente? Estas no sólo eran preguntas para los directamente interesados; también debían ser de interés para los políticos.


Ante todo, ¿cuál era la razón? El estudio reveló como la razón más importante del despoblamiento de las regiones rurales del este la disolución del antiguo sistema agrario colectivo, en favor de granjas a gran escala. Los terratenientes adquirían más y más tierras, remplazaban los viejos privilegios y pagos en especie de sus aparceros por salarios en dinero y administraban las cosas pensando en el mercado y dejando así de ser una clase señorial patriarcal para convertirse en una clase empresaria comercial, y destruyendo la antigua comunidad de intereses con sus trabajadores. Los peones, que ya no tenían una participación en los rendimientos del suelo ni esperanzas de independencia en forma de tierras para ellos, abandonaban el empleo de sus amos —no por razones materiales, pues quienes lo hacían particularmente eran los mejor pagados, sino por razones idealistas: la ilusión de ser libres—. “Sus ilusiones son prueba de que también en la vida económica hay ideales con un poder que es mayor que el de la cuestión del simple pan.” La sujeción de una persona a un amo no podía mantenerse si se reducía la responsabilidad personal del amo por el trabajador personal. La consecuencia de esto era el interés de la nobleza terrateniente en una mano de obra barata y tratable. Polacos y rusos eran traídos al país por millares. Precisamente en el este, esto significaba un grave peligro nacional. La inmigración de extranjeros intensificaba el deseo de emigrar. Además, el nivel nutricional y cultural de la población rural alemana se reducía al de una inferior civilización del este.
Weber contempló todo este proceso, que él mismo había iluminado, desde el severo punto de vista de un estadista. “Considero la cuestión de la mano de obra campesina simplemente como de sentido común polít1 co: no como cuestión de saber si los trabajadores de las granjas están mal o están bien, ni como el problema de cómo debe darse mano de obra barata a los terratenientes”. Sintió que la política agraria debía ser determinada no por los intereses de la producción, sino por los intereses del

,stado: la conservación de una población densa, vigorosa y leal como reserva para unas fuerzasarmadas nacionales y para la defensa pacífica 4e las fronteras del este. Por tanto, volved a cerrar la frontera, impedid que las tierras labrantías sean devoradas por ios grandes feudos; colonizad sistemáticamente. “Deseamos fundir a los pequeños granjeros con la tic.rra de la patria, no con lazos legales sino psicológicos. Lo digo abiertaente: deseamos explotar su hambre de tierras para atarlos a la patria.
aun si tenemos que atar una generación a la tierra para garantizar el futuro de Alemania, asumiremos esa responsabilidad.”
Weber consideró las tareas de su época con una resignación peculiar.
No sé si mis contemporáneos comparten mi sensación del momento con igual intensidad: es la cruel maldición del epigonismo la que abruma a la
. nación, desde sus filas humildes hasta sus altas esferas. Ya no podemos re- vivir el antiguo y entusiasta vigor que animaba a la generación anterior a la
nuestra, porque las tareas a las que nos enfrentamos son de carácter diferente
) de las que afrontaron nuestros padres... No podemos apelar a grandes emol ciones compartidas por toda la nación, como ocurrió cuando se trató de crear una nación unificada y una constitución libre.
Empero, tuvo la visión de un futuro nacional que haría que valiera la !Jena la labor realizada en los problemas internos, tareas que parecían
equeñas en comparación con la obra de la generación anterior.
i cuando un día miremos hacia atrás esperamos poder decir: en este punto, el
4stado prusiano reconoció a tiempo su misión social. Desde luego, hacernos
grandes exigencias al futuro. Creemos que pagará las letras de cambio que es tamo girando. Esperamos que al término de nuestros días se nos concederá
lo que la juventud nos ha negado: mirar serenamente el futuro de la nación
¿ y poder proceder sobre la base de una firme organización social del Estado y del pueblo para resolver las tareas culturales a las que nos enfrentaremos entonces.
“A la hora de la tarde habrá luz” [Zac. 14:7]: tal era la esperanza de Veber cuando joven, dotado de instinto político y de un juicio agudo, que
ia entonces estaba sumament preocupado por la conducta de los jefes CSponsables de la nación. Y, in embargo, el fin de su vida había de ser
ria época de profundas tinieblas.
4l mismo tiempo que la Asociación de Política Social daba a Max Weber I Ímpetu para extender su trabajo llevándolo al campo de la economía 4i*ica, us intereses sociopolíticos fueron estimulados por otro campo O lejanj. L actividad de agitación social que la mencionada Asociación babía abandondo, fue recogida ahora por un grupo de teólogos protesi antes inspirados pGr las ideas de los Kaz’hedersozialisten r que trabajaban PX1 fntima colaboraciói con ellos. La Iglesia protestante, al igual que la Ig1esj católica, se había p:rcatado de que una simple actividad caritativa

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no bastaba para aliviar la miseria proletaria. También había reconocido un peligro para su propia existencia. El inquietante crecimiento de la socialdemocracia condujo a una “revolución” intelectual, amenazando con la defección de masas del cristianismo y con su emancipación de las autoridades tradicionales. Este peligro abrió los ojos de muchos. Reconocieron los efectos de la época de la máquina y se espantaron al verse frente a problemas que antes no habían podido o no habían querido ver. Echaron una nueva mirada a la Biblia y vieron que algunas de las demandas socialistas estaban justificadas en los Evangelios.
Algunos clérigos se unieron con profesores socialistas para formar una asociación que exigía de la Iglesia un “resuelto apoyo a las justificadas demandas del cuarto estado”, y del gobierno “una vigorosa iniciativa en apoyo de los trabajadores para una política de vastas reformas sociales”. Stócker llamó a los clérigos para estudiar la cuestión social y unirse en un Partido Social Cristiano. A ese círculo le parecía que el socialismo de Estado era el sistema económico apropiado para el cristianismo. El predicador de la corte, con grandes dotes de agitador, recordó al Estado cristiano sus deberes, pidió a los propietarios satisfacer las justas demandas de los desposeídos y fundó un partido de trabajadores sobre una base monárquicOcristfla por medio del cual esperaba arrancarles las masas a los socialdemócratas de orientación marxista. Todo fue en vano. Su partido no atrajo a los obreros y se volvió un partido de “la gente pequeña”, con una orientación agraria y de clase media y una tendencia marcadamente conservadora. En especial se oponía a los judíos y a los liberales no religiosos, y esto disminuyó su influencia, asimismo, entre la burguesía. Desde el principio fue anulado por la política del cártel de Bismarck. Las autoridades de la Iglesia advirtieron que no debían mezclarse la religión y la política. Sin embargo, el intento de acercar a la Iglesia a la vida del pueblo y hacer que la idea de un socialismo de Estado fuera tolerable en los círculos conservadores habría de tener significación duradera.
Stócker buscó entonces una esfera de influencia en la política exterior. En 1890 convocó al primer Congreso Evangélico-Social, pretendía ser un lugar de reunión, no partidarista, y un foro para teólogos de diversas persuasioneS funcionarios con conciencia política, políticos y economistas, lugar de discusión conjunta de las cuestiones sociales y morales candentes. La primera convención se llevó a cabo en 1890 en WhtsUfltide Los invitados eran de todas las orientaciones políticas y eclesiásticas, “quienes creían en conservar el Estado y estaban favorablemente dispuestos hacia la Iglesia”. Asistieron personalidades sobresalientes de muchos tipos: en particular teólogos, incluyendo a muchos a.ltos d.gna tarios de la Iglesia. El mensaje imperial del 4 de febrero de 890, que eXl gía más leyes para la protección de la clase obrera, traiquilizó a los derechistas, haciéndolos pensar que al participar en i Congreso flO ibafl por mal camino. Además, la abrogación de la bgislación antisociahjsta era inminente; había que hacer algo para contner el peligro de una reV°

jçJón. Por ello hubo un acuerdo entre autoridades del alto clero, como HStócker, Nathusius, Cremer y Dryander,26 y teólogos no dogmáticos y jjidos a la investigación, como Kaftan, Von Soden, Von Harnack y, entre s hombres más jóvenes, Rade, Baumgarten, Góhre y Bonus.27 También .$istieron algunos altos funcionarios y políticos. Entre los derechistas,


*sultaba conmovedora la simple figura del viejo pastor Von Bodelsch. ngh.28 Su sencillo espíritu religioso y su amor fraternal emanaban el píritu de un auténtico discípulo de Cristo. Al principio, se consumió flpicho tiempo en disputas y discusiones teológicas sobre la política de Iglesia, entre los ortodoxos y las autoridades liberales. La gente habJaba sobre todo el “lenguaje de Canaan”, evitaba toda nota radical y so4ban duras palabras contra la democracia social, que estaba robando ¡jrebaño a los pastores para conducirlo al desierto de la incredulidad y
hostilidad a las autoridades. Pero la reunión también se mostraba énticamente deseosa de ayudar y de examinar las causas decisivas
ç ascenso del poder socialdemócrata con mayor profundidad que
cuanto a la crisis religiosa y económica, el Congreso habló de una a colectiva, y resolvió trabajar “para hacer que las clases cobraran ciencia de sus obligaciones sociales y se propusieran cumplir con y en particular para hacer que los patronos reconocieran el valor mente igual del trabajo”. Para familiarizarse con la vida interior y biente del proletariado industrial, P. Góhre fue a trabajar varios me- a una fábrica y luego publicó sus impresiones, que causaron sensa,29 El Segundo Congreso presentó un examen de la nueva “religión” os trabajadores, la visión materialista de la historia, y se declaró que ea social más importante de la Iglesia era superar estas ideas. Al o tiempo, se vio que no era posible oponerse en nombre de la Iglea los objetivos económicos por los que estaban luchando los trabaja-
encabezados por la democracia social.
tre el público estaban Helene Weber y su hijo mayor, Max, quien ‘bió: “Siempre le causa gran placer a mi madre escuchar las disputre los pastores, que a menudo son un tanto ingenuas, pero gene- ente ingeniosas. En realidad, hay algo refrescante en la envidiable

Martin von Nathusius, 1843-1906, profesor en Greifswald a partir de 1888; Hermann ner, 1834-1903, profesor en Greifswald a partir de 1870; Ernst von Dryander, 1843- Principal predicador de la corte de Berlín de 1898 a 1918. [E.]


3ulius Kaftan, 1848-1926, profesor en Basilea y Berlín: Hermann von Soden, 1852- 4, especialista en el Nuevo Testamento, profesor en Berlín a partir de 1893; Adolf von flack, 1851-1930, teólogo protestante y profesor en Leipzig, Giessen, Marburgo y ‘Ufl, presidente del Congreso Evangélico-Social de 1903 a 1911, autor de Das Wesen Chrzstentums y otras obras; Martin Rade, 1857-1940, profesor en Marburgo a partir de Paul Góhre, 1864.4928; Artur Bonus, 1864-1941, autor de Von Stócker zu Naumann 1596). [E.]
Friedrich von Bodelschwingh, 1831-1910, fundador del Bethel Heilstte (sanatorio) “a de Bielefeld, mantenido por la Iglesia. [E.]
Drez Monate Fabrjkarbejter
[Tres meses como obrero de una fábrica], Leipzig, 1891. [E.]

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facilidad con que, confiados en el mejor entendimiento del Señor, superan problemas económicos por los que nos devanamos el cerebro, y sin ern bargo, no podemos acusarlos de ser superficiales”.
Cuando por entonces un Konsistorialrat [consejero consistorial] ortodoxo atacó la publicación y la persona de Gühre, Weber salió en su defensa en Die christliche Welt [El mundo cristiano]: “El estudio de Gohre
—esto yo, y no sólo yo, puedo certificarlo por experiencia personal— ha tendido un puente hacia una comprensión entre los teólogos jóvenes y los reformadores sociales y futuros funcionarios.. .“ Al mismo tiempo, Weber rechazó la visión autoritaria, aún prevaleciente entre los teólogos de más edad, de que la búsqueda intelectual de los trabajadores fuera emancipada del dominio de la fe. “Los trabajadores modernos desean más que tolerancia, entendimiento compasivo y caridad; exigen el reconocimiento de su derecho a reflexionar sobre las mismas cosas y del mismo modo que la llamada gente educada... Su intelecto se ha emancipado de las cadenas con la tradición y no sólo debemos comprender esto y verlo con indulgencia, sino tomarlo en cuenta, y reconocerlo como justificado.”
Entre quienes asistieron al Tercer Congreso se encontraba Friedrich Naumann,3° que por entonces era capellán de la misión interna de Francfort del Main y ya conocido como “pastor de los pobres” y líder de los miembros más jóvenes del movimiento social cristiano. En aquel círculo era el hombre fogoso e impulsivo cuyo fervor social había transformado la lenta casuística teológica de espíritus más académicos y de cabezas más serenas en un reconocimiento sin reservas de la miseria social y de las obligaciones de los círculos cristianos.
Al principio, Naumann se consideró tan sólo como el defensor de los proletarios. Era demócrata por convicción y auténticamente religioso, pero no se sentía atado a ningún dogma y era indiferente a la política de la Iglesia. No buscaba ningún poder personal ni de partido, sino sólo deseaba ayudar a los menesterosos a obtener sus derechos temporales, y al mismo tiempo darles nuevas esperanzas y fe. Sólo sus convicciones religiosas le impidieron unirse a los socialdemócratas. Esperaba que el marxismo fuera conquistado desde dentro por un cristianismo vivo, creciente, y que una época social cristiana remplazaría a la democracia social. “El movimiento social-cristiano es, para nosotros, algo en evolución, una dinámica canción de primavera que llena nuestras almas.” En asuntos concretos, él, como Stócker, había partido de la esperanza de que sería posible colocar junto con el movimiento de los obreros socialdemócratas un movimiento cristiano no menos bien preparado, que no estuviera atado por el marxismo y los vínculos internacionales. Cristo había de resucitar como hombre del pueblo, y el ethos cristiano tendría un efecto regenerador.
Naumann caracterizaba al socialismo como un quiliasmo del mundo
30 1860-1919, teólogo y político, fundador de la Asociación Nacional-Social [NationaL sozialer Verein] y del periódico Die Hilf. [E.]

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iierior, aunque el pecado militara contra su realización. Sin embargo, s cristianos deben creer que están haciendo progresos en sus esfuerzos


crear la felicidad terrena; de otra manera no habría nada moral ni iasta en su labor”. Desde luego, en los Evangelios no encontró msciones para establecer un sistema económico ideal, pero sí había ntrado ahí ciertos lineamientos: “Según el Nuevo Testamento, la uista de la pobreza es tarea inmediata del cristianismo.” Las autoris teológicas reaccionaron contra tal interpretación y tales tesis liando su desacuerdo y su desaprobación. Pero el modo de pensar aumann inspiraba en particular a los jóvenes. Se unieron a él rechao el modo edificante en que sus mayores trataban de glosar las rencias de clase. “Deseamos que la clara y límpida luz del Evangelio me nuestras condiciones económicas y bajo esta luz buscar un mo4e mejorarlas y de remediar nuestros defectos morales.” Se unieron aumann los teólogos Otto Baumgarten, director de los Evangelisch‘ale Zeitfragen [Modernos problemas sociales-evangélicos]; Martin e, cuyo hebdomadario Die christliche Welt reflejaba una religiosidad Iogmática; Paul Góhre, el primero en farniliarizarse personalmente el destino interno y externo de los proletarios, y otros: un círculo de bres entusiastas y de altos ideales, unidos por unas metas exaltadas. esperanza de Naumann y de Gdhre de que los trabajadores se unieran un partido que no fuera la socialdemocracia, resultaron irrealizapara ellos, igual que lo habían sido para Stocker. Sin embargo, Nauy sus amigos ejercieron sobre el pensamiento social de las clases
ias una influencia más perdurable de lo que había logrado el antimovimiento, pues el efecto de Naumann fue totalmente positivo, y no émico. No sólo era un profeta inspirado, sino que también tenía esa ta sobriedad” que siempre trata de captar y de forjar cuestiones con- tas de acuerdo con sus propias posibilidades. Era un pensador que tigablemente se esforzaba por alcanzar un conocimiento no sesgado Ja realidad y siempre estaba dispuesto a modificar sus ideas, y que
4%mpre buscaba el consejo y la instrucción de hombres con preparan científica.
Naumann y Weber se encontraron en uno de los primeros congresos angélicosociales. Su conocimiento floreció pronto en una amistad ie sería importante en particular para Naumann. Sintió en aquel joven I innato instinto político del que él carecía, y pronto escogió al joven experto como fuente de conocimiento y guía en cuestiones políticas y eco ÓmIcas. Desde el principio compartieron una actitud positiva hacia la mecanización y el industrialismo como condición sine qua non para fla gran potencia con una población creciente. No querían hacer girar 1acia atrás las ruedas de la historia, sino combatir desde dentro los derectos del moderno sistema capitalista. Por otro lado, ambos consideraoan el desarrollo capitalista de los grandes feudos de las provincias del este del Elba como un desastre nacional y social.
La principal idea que Naumann sacó de Max Weber fue la evaluación
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