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Primera edición en inglés, 1988 Primera edición en espafiol, 1995


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Primera edición en inglés, 1988
Primera edición en espafiol, 1995
Traducción de
MARÍA ANTONIA NEI1 BIGORRA
Título original:
Max Weber: A Biography
© 1988, Transaction, Inc.
Nueva Brunswick, Nueva Jersey 08903
ISBN 0-88738-702-O
D. R. © 1995, FONDO DE CULTURA ECONÓMICA
Carretera Picacho-Ajusco, 227; 14200 México, D. F.
ISBN 968-16-4490-5
Impreso en México

PRÓLOGO DEL TRADUCTOR AL INGLÉS 2

CORRIENTES DEL FEMINISMO ALEMÁN ANTES DE 1914
12


LA PRIMERA GUERRA MUNDIAL: LAS MUJERES Y EL NACIONALISMO
31


WEIMAR: CUIDANDO EL LEGADO DE MAx WEBER,
Y VALIÉNDOSE POR SUS PROPIOS MÉRITOS
39


Los AÑOS DEL NAZISMO Y SUS SECUELAS:
LA OPOSICIÓN Y LA CULPA DEL SOBREVIVIENTE
51


. ANTEPASADOS 59

EL HOGAR PATERNO Y LA JUVENTUD 89

. EL ÉXITO INICIAL 159

EL MATRIMONIO 232

. EL JOVEN PROFESOR Y POLÍTICO.
OTOÑO DE 1893 A 1897 243


EL COLAPSO
274


LA NUEVA FASE 312

. LA NUEVA FASE DE SU PRODUCCIÓN
351


LA EXPANSIÓN 386

ACTIVIDAD EN EL MUNDO Y CONTROVERSIAS
420


LA VIDA BUENA 475

IMÁGENES DE VIAJE
510


LA MADRE 537

. EL SERVICIO 547

EL POLÍTICO PRERREVOLUCIONARIO
580


INTERMEDIO 621

EL PROFESOR Y PENSADOR 685

PRÓLOGO DEL TRADUCTOR AL INGLÉS

Es un privilegio estar relacionado con la primera publicación en inglés de un libro al que Peter Gay ha llamado “una biografía importante”, al que Robert Nisbet ha descrito como “unas memorias biográficas conmovedoras y profundamente sentidas”, y al que Gerhard Masur consideró “una de las biografías más conmovedoras jamás escritas por una mujer acerca de su marido” y “fundamento de todas las futuras investigaciones [acerca de Weber]”.


Marianne Schnitger Weber nació en Oerlinghausen el 2 de agosto de 1870 y falleció en Heidelberg el 21 de marzo de 1954. Escribió Max Weber, em Lebensbild en los años que siguieron a la prematura muerte de su esposo en 1920. Su libro fue publicado por vez primera en 1926 por la editorial de J. C. B. Mohr (Paul Siebeck), en Tubinga. En 1950 apareció una segunda edición, con el sello de Lambert Schneider, de Heidelberg; era ligeramente abreviada y combinaba los capítulos 19 y 20 de la primera edición. Ambas ediciones están agotadas desde hace tiempo y son difíciles de conseguir en el mercado de libros de segunda mano. Mi traducción se basa en la edición de 1926, pero también toma en cuenta las pequeñas enmiendas y correcciones de la edición de 1950. Por ello, es la versión más completa de esta obra, la más precisa y tal vez hasta la más clara que se haya publicado. Estoy seguro de que no hay una “Vida y obra” de Max Weber comparable a ésta en el mercado internacional de libros.
Ninguna de las ediciones alemanas está anotada. Puede suponerse que por consideración a personas que aún vivían, Marianne Weber decidió no identificar a muchas de las personas acerca de quienes escribía, y a ratos su libro se lee como un roman & clef La edición de 1950 sí contiene un índice, debido al pastor Bruno Goldschmit, pero esta lista de personas y lugares, aunque útil, está incompleta y a veces es engañosa y deficiente.
La presente edición está copiosamente anotada, aunque no ha sido posible dar información sobre cada persona mencionada y ni siquiera identificar a quienes Marianne Weber llama Herr X, el Dr. Y o el profesor Z. También con frecuencia fue difícil saber si palabras o frases que Marianne o Max Weber pusieron entre comillas son citas más o menos célebres o tan sólo el tipo de reminiscencias, bromas u otras alusiones que tienen “vida privada” en cada familia. Espero que los lectores eruditos y con buena memoria ofrezcan nuevas identificaciones, notas y correcciones para ui-ja posible segunda edición de este libro. Con pocas excepciones, las notas sobre personas, lugares y hechos se encontrarán en la página en que se les menciona por primera vez. Mis notas llevan la E de Editor,

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Deseo expresar mi gratitud al profesor Johannes Winckelmann, del Instituto Max Weber de la Universidad de Munich, al profesor Wolfgang J. Mommsen, de la Universidad de Düsseldorf, al doctor Michael Baumann, de la Universidad de Heidelberg, y a Georg Bangen, de la Universidad Libre de Berlín, por su anuencia a responder a mis preguntas y a ayudarme en la difícil tarea de poner notas a este volumen. También estoy en deuda con el profesor Reinhard Bendix (Universidad de California en Berkeley), con Robert Lilienfeld (Universidad de la Ciudad de Nueva York) y con Egon Bittner y Kurt H. Wolff (Universidad Brandeis) por su amable interés en este proyecto. Debo unas palabras especiales de agradecimiento a Eric Valentine, de John Wiley & Sons, y a Christine Valentine, por ser tan ideales editores.

Brandeis University, Waltham, Massachusetts. Diciembre de 1974

HARRY ZOHN



para diferenciarlas de las de la autora. Para fines de referencia, o por si algunos capítulos se leen en otro orden o si se los salta el lector, puede consultarse en el índice la primera aparición de alguien o de algo que se haya comentado.
Si ciertas referencias misteriosas resultaron desconcertantes y requirieron más labor detectivesca de parte del traductor y de sus informantes, el estilo de Marianne Weber planteó un problema de otra índole. Frau Weber, connotada feminista, era una consumada escritora por derecho propio; además de varios libros sobre problemas femeninos, publicó en 1948 una autobiografía. La biografía de su marido constituye un gran panorama de la vida alemana y europea durante más de un siglo y arroja mucha luz sobre la vida social, política, intelectual, académica y cultural de la Alemania del periodo. Está repleta de detalles y escrita con gran desenvoltura. El idioma alemán de la autora es, a menudo, pintoresco, evocativo, adornado, metafórico, profundo, elevado y ocasionalmente hasta ampuloso; este sabroso lenguaje con frecuencia refleja su manifiesto amor a las imágenes exuberantes. Yo me propuse hacer una traducción fiel dentro del marco de un inglés claro y correcto, pero traté de resistir a la tentación —típica de los traductores— de sacrificar el estilo característico de la autora en aras de la claridad. Si la frase del conde Buifon Le style c’est l’honime méme tiene alguna validez, hay que permitir que al menos algunas de las peculiaridades estilísticas de Marianne Weber brillen a través de la traducción inglesa, pues ciertamente el estilo de esta autora refleja su personalidad y su especial manera de contemplar el mundo. Se hizo un esfuerzo por simplificar algunos de sus pasajes más floridos y por modificar algunos de sus caprichos estilísticos. Pero, aparte del hecho de que es difícil alcanzar una homogeneidad estilística en una obra de este tipo y de estas dimensiones, eliminar todos los manierismos de Marianne Weber, por muy anticuados o estrambóticos que hoy puedan sonar, habría sido un acto de desnaturalización, de la clase que teóricos o practicantes de la traducción, desde Goethe hasta Walter Benjamin y Vladimir Nabokov, han criticado. No me convence el argumento de que sea deseable o aun permisible rescribir y por tanto “mejorar” una obra en el proceso de traducción. Mucho más persuasiva me parece la siguiente frase de Nabokov (de sus Con genes): “Debemos rechazar de una vez por todas la idea convencional de que una traducción ‘debe leerse sin tropiezos’ y que ‘no debe sonar como traducción’. De hecho, toda traducción que no suene a traducción está condenada a ser inexacta, si se la examina, mientras que, en cambio, la única virtud de una buena traducción es la fidelidad y la integridad. Que se lea tersamente o no es algo que depende del modelo, no de la imitación.” Espero que los lectores atentos convengan en que, al tratar de ser a la vez fiel e íntegro, los he servido a ellos y a la vez a la autora, produciendo una versión que refleja casi todas las virtudes, aunque también necesariamente algunas de las deficiencias del magnum opus de Marianne Weber y que, ante todo, transmite su sabor especial.

Deseo expresar mi gratitud al profesor Johannes Winckelmann, del Instituto Max Weber de la Universidad de Munich, al profesor Wolfgang J. Mommsen, de la Universidad de Düsseldorf, al doctor Michael Baumann, de la Universidad de Heidelberg, y a Georg Bangen, de la Universidad Libre de Berlín, por su anuencia a responder a mis preguntas y a ayudarme en la difícil tarea de poner notas a este volumen. También estoy en deuda con el profesor Reinhard Bendix (Universidad de California en Berkeley), con Robert Lilienfeld (Universidad de la Ciudad de Nueva York) y con Egon Bittner y Kurt H Wolff (Universidad Brandeis) por su amable interés en este proyecto. Debo unas palabras especiales de agradecimiento a Erie Valentine, de John Wiley & Sons, y a Christine Valentine, por ser tan ideales editores.

Brandeis University, Waltham, Massachusetts. Diciembre de 1974

Amigos y colegas de Max Weber han puesto a mi disposición las cartas que él escribió, para aprovecharlas en esta biografía. Tan sólo integrando numerosos pasajes de cartas al relato ha sido posible dejar que Max Weber hablara directamente en este libro e ilustrar sus reacciones a la vida cotidiana —y su impacto sobre ella—, así como a los movimientos intelectuales y políticos de su época. La autora desea dar las gracias a todos ellos» particularmente a los amigos y colegas que no se reservaron ni siquiera las cartas que Weber les escribió en casos de conflicto, y que autorizaron su publicación parcial. Pero la autora debe particular agradecimiento a aquellos amigos que le dieron inestimable ayuda y aliento con su interés personal y sus consejos.


Das war der Mann, der immer wiederkehrt
wenn eme Zeit noch emma! ihren Wert,
da sie sich enden will, zusammenfasst.
Da hebt noch einer ihre ganze Last
und wirft sie in den Abgrund seiner Brust.
Die
VOT ihm hatten Leid und Lust;
er aher fühlt nur noch des Lebens Masse
und dass er alíes wie em Ding umfasse,

nur Gott bleibt über seinem Willen weit:
da liebt er ihn mit seinem hohen Hasse
für diesse Unerreichbarkeit.
[Era el hombre que retorna siempre» cuando una época que está a punto de finar recoge de nuevo su valor. Entonces alguien retorna toda su carga, y la arroja al abismo de su pecho: El sufrir y el placer de los que le preceden» mas él siente sólo el peso de la vida y lo engloba todo como una cosa. Dios sólo queda por encima de su voluntad, no puede más que amarlo con ese odio inmenso por su inaccesibilidad.]
De Das Stundenbuch [El Libro de las horas] de Rilke, primera parte. La referencia es a Miguel Angel (“Das waren Tage Michelangelos»’). [E.]
RAINER MARIA RIL

GUENTHER ROTH


CUANDO Marianne Weber (1870-1954) comenzó a editar los voluminosos restos literarios de su esposo a principios de la década de 1920, Othmar Spann (1878-1950), sociólogo en un tiempo célebre, creador de una teoría “orgánica’» de la sociedad, observó que Max Weber había sido “una persona demoniaca» inquieta, que era capaz de afectar a otros por la fuerza de su personalidad pero a quien se le había negado dejar a la posteridad una obra que pudiera perdurar... Su tiempo ha pasado, y la suya es una ciencia muerta”.’ Pocos juicios han sido más errados. Max Weber ha resultado el único economista y sociólogo alemán que aún hoy es ampliamente leído» el único que llegó a tener “influencía” mundial muchos años después de su muerte.
En vida» Weber sólo fue un miembro de una galaxia de brillantes sabios, y no fue obvio que su voz penetraría en el fragor de la batalla y fuese oída en el futuro. Queremos creer que Marx, Durkheim y Weber sobrevivieron a su época por la calidad intrínseca de su realización, pero su tan decantada “influencia” ha dependido mucho de nuestra propia receptividad y de nuestras propias orientaciones. Sin embargo, también es justo decir que sin Marianne Weber acaso la obra de su marido no hubiera cobrado su ulterior importancia en el curso de la ciencia social. En última instancia, ella no estaba interesada en la contribución de Weber a la sociología. Sólo unas cuantas páginas de su biografía tratan de esto. Pero nunca vaciló su fe en la grandeza de su marido como ser humano y como sabio. Tras completar las ediciones y la biografía, escribió en 1926 a Paul Honigsheim (1885-1967): “A mi juicio, la fama de Weber sólo está en sus comienzos. La gente quedará estupefacta cuando ponga las manos en su obra (10 a 12 volúmenes). Yo vivo para su inmortalidad en la tierra”.2 De hecho» antes y después de la muerte de Weber, ella vivió para mucho más» aun cuando su “compañía”» viva y recordada» siguiera siendo el fundamento de su vida.
* Los números entre paréntesis se refieren a páginas en la biografía. Yo he cambiado un tanto la redacción en la traducción. Una L mayúscula con números entre paréntesis se refiere a la autobiografía de Marianne Weber, Lebenserinnerungen, Storm, Bremen, 1948.
1 Othmar Spann, “Bemerkungen über Max Weber’, Tote und lebendige Wissenschaft, 2a. ed., Fischer, Jena, 1925, p. 140; reproducido en Gesamtausgabe, W. Heinrich et. al., comps., vol. 7, Akademische Druckanstalt» Graz, 1969, p. 200.
2 Citado en Eduard Baumgarten, comp., Mo. Weber. Werk und Person, Mohr, Tubinga,
1964, p. 605.

Ç

ESPOSAS AMANTES E HIJAS PIADOSAS


Hoy, Marianne Weber es reconocida como la esposa de un hombre célebre y como una especie de feminista. En su biografía de Weber, ella se presenta muchas veces como la heroína, al lado de su marido. Pero aun cuando revela mucho —escandalosamente mucho, para el gusto de sus primeros lectores— acerca de sus difíciles vidas y del mundo condenado en que vivieron, podemos comprender mejor su historia si antes preguntamos qué clase de esposa y de feminista se sentó ante el escritorio de su marido para producir tan extraordinaria biografía (Lebensbild).
Durante mucho tiempo, muchas mujeres habían escrito diarios para seguir su desarrollo espiritual y habían compuesto crónicas familiares de circulación privada. Ahora, ellas publicaban lo que habían escrito. Muchas de las mujeres y hombres del círculo de Marianne Weber y de su medio académico nos dejaron biografías o autobiografías. El suyo fue el punto culminante de este modo literario de expresión. Algunas de estas biografias, que a menudo dependen mucho de cartas, pueden parecernos tendenciosas y sentimentales. Y, sin embargo, tratan difíciles cuestiones morales que siguen siendo pertinentes en la situación intelectual y política actual, cuando el liberalismo está a la defensiva y se ha lanzado una contrarrevolución contra la contracultura. Marianne Weber y la mayoría de sus amigas políticas liberales fueron portavoces de un rigorismo ético que encuentra eco en parte de la literatura neoconservadora de hoy. Pero varias de sus amigas íntimas también siguieron, en teoría y en la práctica, la “nueva ética”, como se llamaba a la moral de la liberación sexual. La contracultura anterior a la primera Guerra Mundial tocó muchos temas que habían de resucitar durante los sesentas y los setentas.
Los Weber se esforzaron mucho por hacer frente a las antinomias morales y presiones personales, y en momentos decisivos encontraron que era elusiva la congruencia intelectual y personal. La principal preocupación de Marianne era saber cómo hombres y mujeres podían llevar vidas morales, responsables ante sus “compañeros” —su término favorito para ella y su marido— y en especial para la generación siguiente. Viviendo en un matrimonio no consumado y sin hijos, ella soportó sin embargo toda la carga de promover la reforma matrimonial y sexual, convirtiéndose en madre virgen para otros, en formas que a veces ofenden nuestras sensibilidades. Pero no cabe la menor duda de su gran seriedad moral en cuestiones intelectuales y personales. Si la cosmovisión de Marianne parece abiertamente reaccionaria a los ojos de la liberación radical de las mujeres, algunas de las cuestiones a las que intentó hacer frente pueden ser tomadas en serio de nuevo hoy, cuando el movimiento feminista se enfrenta a serios desafíos.
Al morir Max Weber en 1920, Marianne Weber era presidenta de la Federación Femenina Alemana (Bund deutscher Frauenvereine, I3DF), y ocupaba el cargo más prestigiado de la gran red de organizaciones femeni MARIANN

WEBER Y SU CÍRCULO 13


nas que abarcaba. Pero, en contraste con algunas de sus amigas, ella nunca tuvo poder político ni dentro ni fuera del movimiento feminista. Ocupaba un cargo por virtud de su reputación de escritora culta, su demostrada respetabilidad intelectual y su elevación moral ante el mundo masculino. Marianne perteneció a la primera generación de mujeres que lograron estudiar en la universidad. En su mayoría tuvieron que ir a Suiza antes de que el estado de Baden primero, y por último el predominante estado de Prusia, admitieran mujeres en sus cursos.
Las barreras formales al estudio en toda forma y también a cualquier tipo de actividad política no cayeron antes de 1908, pero aún quedaron muchos obstáculos. No había profesoras en la Alemania imperial; las mujeres nunca obtuvieron el sufragio activo o pasivo, federal o estatal hasta después de la caída del Imperio. Marianne Weber desempeñó un papel históricamente significativo en los círculos académicos, que por primera vez unieron a profesores y profesoras en una auténtica interrelación intelectual. No quedan hoy tales círculos, pero su batalla por la igual participación intelectual y política está lejos de haberse ganado. El porcentaje de mujeres en el profesorado y en los parlamentos alemanes aún es muy pequeño, ciertamente más pequeño que en los Estados Unidos, donde Marianne Weber hoy sería profesora de filosofía moral —una Hannah Arendt o una Gertrude Himmelfarb— demasiado ocupada para la vida de “sociabilidad académica” (akademische Geselligkeit), el nombre de su círculo en Heidelberg a partir de los veintes.
En el voluminoso cuerpo de literatura biográfica que nos dejó la generación de Weber, el libro de Marianne y unos cuantos más pertenecen a un grupo compuesto por esposas amantes e hijas piadosas. Como Mananne Weber, también Agnes von Zahn-Harnack (1884-1950), hija piadosa, fue presidenta de la Federación Femenina Alemana (BDF) y representante literaria del movimiento feminista: combinación de papeles que hoy sería inconcebible. En parte porque varias de estas mujeres fueron hijas o esposas de varones poderosos, el movimiento feminista alemán siguió casi siempre una línea de cautelosa reforma en lugar de abierto desafío para conservar el apoyo estratégicamente importante de los hombres.
Escribiendo por piedad filial, Maria von Bunsen (1862-194 1) esbozó desde 1900 un “retrato de un carácter desde el bando de los vencidos”, subtítulo de su obra sobre Georg von Bunsen, uno de los liberales derrotados por Bismarck. En 1922, Margaret Münsterberg (1889-1958) se esforzó por rehabilitar al ex colega y amigo de Weber en Friburgo, Hugo Münsterberg (1863-1916), que luego sería el profesor más impopular de Harvard durante la primera Guerra Mundial, un olvidado defensor de la desprestigiada causa de la Alemania imperial. Por contraste, Grete Ostwald celebró a uno de los adversarios intelectuales de Weber, el químico (ganador del premio Nobel) y excéntrico filósofo “energético” y “monista” Wilhelm Ostwald (1853-1932). En tono muy digno, Agnes von ZahnHarnack contó la historia de los triunfos de Adolf von Harnack (185 1- 1930), erudito mundialmente célebre de los principios del cristianismo,

pero también primer “zar de la ciencia” en Alemania como director de la Kaiser Wilhelm Gesellschaft (hoy Sociedad Max Planck). Todas estas hijas se mostraron muy discretas al hablar de las vidas privadas de sus padres, y se mantuvieron a sí mismas en el trasfondo. Hasta donde yo puedo ver, la propia Marianne Weber comenzó la línea de esposas amantes y, en parte, influyó sobre varios esfuerzos posteriores. Su amiga Marie Luise Gothein (1863-1931) la imitó en elLebensbild de Eberhard Gothein (1853- 1923) “narrado según sus cartas”, pero se mantuvo lejos de las candilejas. Escribiendo con intención política, Julie Braun-Vogelstein (1883- 1971) publicó en 1932 una cautelosa biografía del escritor socialista Heinrich Braun (1854-1927), predecesor de Weber como director del Archiv für Sozialwissenschaft und Sozialpolitik; tanto su libro como la revista se hundieron pocas semanas después de que los nazis subieran al poder.3


En contraste con Agnes von Zahn-Harnack y Grette Ostwald, Marianne Weber no pudo narrar la historia de una triunfal carrera académica; estuvo más cerca de Bunsen y de Münsterberg, tratando de despertar la simpatía hacia un hombre que se mantuvo al margen de la política y la academia. Su solución consistió en combinar la torturada lucha de su héroe por conservar su cordura y su creatividad intelectual con una saga familiar de conflictos generacionales, tensiones maritales, enfermedades e incidentes de muerte. Al desarrollarse el drama, vemos a un hombre orgulloso que se levanta y cae y recupera su poder creador y su celo político con la ayuda invariable de la heroína. Pero un destino cruel lo den-iba precisamente cuando puede “volver a trabajar del modo como lo hacía hace 30 años” (como dijo Weber poco antes de su muerte). La atención misma puesta en conflictos familiares y generacionales indica que Marianne Weber no sólo escribió como la amante esposa de un “gran hombre”, sino también como feminista comprometida con la emancipación de su sexo.4
Esto también explica por qué el libro tiene tres figuras centrales. La sufrida madre Helene (1844-1919), el hijo recalcitrante pero protector, y una hija electiva, quien es también la esposa virginal del hijo. De hecho, gran parte del libro gira en torno de las cartas de Marianne a Helene, una
Marie von Bunsen, Georg von Bunsen. Em Charakterbild aus dem Lager der Besiegten gezeichnet von seiner Tochter, Hertz, Berlín, 1900; Margaret Münsterberg, Hugo Münsterberg, Appleton, Nueva York, 1922; Grete Ostwald, Wilhelm Ostwald. Mein Vater (Berliner Union, Sttugart, 1952); Agnes von Zahn-Harnack, Adolf von Harnaclc, Bott, Berlín, 1936 (repr. 1951); véase también id., Die Frauenbewegung. Geschichte. Probleme, Ziele, Deutsche Buchgemeinschaft, Berlín, 1928; Marie Luise Gothein, Eberhard Gothein. Em Lebensbild, semen Briefen nacherzdhlt, Kohlhammer, Stuttgart, 1931; Julie Braun-Volgeistein, Em Menschenleben. Heinrich Braun und sein Schicksal, Wunderlich, Tubinga, 1932 (reproducido como Heinrich Braun. Em Leben für den Sozialismus, Deutsche Verlagsantstalanstalt, Stuttgart, 1967; véase también id., Wo.s niemals stirbt. Gestalten und Erinnerungen, Deutsche Verlagsanstalt, Stuttgart, 1966.
1 Sin embargo, la relativa franqueza de Marianne Weber contrasta con la determinación de dirigentes feministas solteras, como Jane Addams y Helene Lange, de no revelar nada acerca de otras mujeres en sus vidas. Enfocando la causa y el movimiento, quisieron hacer un relato estrictamente impersonal de sus luchas. Véase Helene Lange, Lebenserinnerungen, Herbig, Berlín, 1927.

auténtica madre superiora y virtuosa de la caridad. Pero la historia está incompleta. Después de este poderoso triángulo intelectual, hubo otros dos. Mananne apenas revela lo que acaso nunca haya comprendido por completo: el triángulo entre ella, Max y Else Jaffé-von Richthofen (1874- 1973), quien fue su querida “amiga fraternal”, pero también la amante de Max al final mismo de su vida. Marianne tampoco hace ninguna insinuación del tercer triángulo, entre Max y Alfred Weber (1868-1958), los perpetuos hermanos rivales, y Else, por cuya atención y afecto competían. Al final, es la solidaridad de las mujeres entre sí, Helene y Marianne, Marianne y Else, con otras varias mujeres a lo largo de toda una vida de leal amistad, la que triunfa sobre el dilema ético y la fragilidad humana. En las secciones siguientes, colocaré a la biografía en el contexto de los


otros escritos de Marianne Weber a lo largo de medio siglo, y situaré a la autora y a su círculo en el medio cultural y político de su época. Esto incluye los 34 años que sobrevivió a su marido.

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