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Nuestra propia autoeducación, aprendizaje y formación socio-política, como individuos y también como movimiento social


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Al pie de un limonero, a 25 de mayo de 2001

Compañeros:

Siguiendo en el tenor del número anterior, es necesario continuar seria y colectivamente nuestra propia autoeducación, aprendizaje y formación socio-política, como individuos y también como movimiento social. Intentando la construcción de una nueva forma de hacer política, de organización, de difusión de información a través de high tech, de debate, de decisión y acción-actuación desde abajo desde la diversidad de los semejantes es que transcribimos-difundimos estos trabajos [¿¡habrá más!?]. Entre las diversas fuentes de aprendizaje también se encuentran otros movimientos estudiantiles, sean nacionales o extranjeros, pasados o presentes, y por ejemplo, este documento fue recuperado por una serie de conexiones que se dieron al calor de la huelga. A todos los que, habiendo participado en nuestro movimiento o no, sientan la necesidad de re-pensar y co-pensar lo sucedido, desde la visión que da la perspectiva histórica, para aprender y enfrentar juntos una nueva etapa, les exhortamos a la difusión de materiales como éste.
GRUPO DE ESTUDIANTES DE POSGRADO - UNAM

No. 3 -Cuadernos del GEPAH



Trascripción del que se suele conocer como “el libro rojo”:

UNIVERSIDAD CRÍTICA

Documentos y programas de la

contra-universidad de los estudiantes berlineses
Traducido de la versión italiana por Julián Meza


INDICE




Reseña histórica...........................................................
Nota introductoria.........................................................
PREFACIO....................................................................
DOCUMENTOS............................................................

La contra-universidad en los Estados Unidos por Norman Birnbaum.........................................................

Kenkyukai: una carta desde el Japón por Johannes Ernst Seiffert.................................................................

“Sembrar dragones académicos” por A. Holtz...........


CONTRIBUCIONES PARA LA DISCUSIÓN.............

La “ciencia politizada.................................................

La Universidad Libre como experimento no controlado......................................................................

Importancia de la Universidad crítica para los estudiantes del Politécnico............................................

La contra-universidad en la Universidad Crítica........

¿Cómo trabaja la Universidad Crítica........................

Objetivos y organización de la Universidad Crítica....
ELENCO Y PROGRAMAS DE LOS GRUPOS DE TRABAJO PARA EL SEMESTRE 1967-68...................


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RESEÑA HISTÓRICA

Las siguientes líneas fueron anexadas con el afán de dar reconocimiento tanto al llamado ‘efecto boomerang’ como al aumento de la ‘longitud de correlación’ cuando se tienen ‘fenómenos críticos’:
Ciudad Universitaria, 13 de septiembre de 1999

Dr. Flavio Cocho Gil

Facultad de Ciencias

ADVERTENCIA PRELIMINAR

Dicen las “autoridades universitarias” que Congreso Resolutivo no puede haber entre otras razones porque el estudiantado “no tiene proyecto académico”. Es falso, a tal extremo que siempre el estudiantado lo tuvo en diversas partes del mundo. Por ejemplo, en 1966, cuando los estudiantes berlineses definieron a su “Contra-Universidad Crítica”, un ejemplo de lo que se puede hacer. El documento que sigue exhibe ese ejemplo concreto, que todos debemos conocer.


Además, y con el fin de lograr una perspectiva más completa de este documento, tanto de sus autores como del momento en que lo escribieron, reproducimos algunas palabras sobre los estudiantes europeos tomadas del No. 8 de la serie Deslinde, Cuadernos de Cultura Política Universitaria: El movimiento estudiantil: Alcances y Limitaciones, [15.01.1972], aportadas por el Lic. José Luis Hoyo (el mismo sujeto al que supuestamente le cortaron los pantalones la madrugada del 6 de febrero de 2001 en la FCPyS), quien decía:

“El movimiento estudiantil europeo revela en sus orígenes una serie de variables convergentes que provocan en primer lugar la inquietud de los estudiantes, pero llevan posteriormente a la radicalización y extensión del conflicto... El primero... y sin duda también el más importante, es el alemán... [que] viene a manifestarse abiertamente a partir del invierno de 1965. Las primeras escaramuzas son por supuesto en contra de las autoridades académicas, a las cuales acusa de intransigencia y autoritarismo... presenta desde el principio un frente bastante homogéneo, dirigido por un grupo estudiantil que logra unificar en torno suyo a distintas agrupaciones universitarias.... el SDS (Sozialistischer Deutscher Studentenbund), Unión de Estudiantes Socialistas Alemanes, el cual... después de haber sufrido... un denso programa de auto-formación marxista y de haber trabajado pacientemente en la politización efectiva de otros grupos... se pone a la cabeza de la protesta universitaria demandando principalmente una democratización de la misma... [luego] deciden atacar directamente al [sistema], transportando el movimiento del campus a la ciudad [Berlín]... logran ridiculizar al aparato gubernamental... [pero a] dos años de provocación [constante] llegan a exasperar a las fuerzas de derecha, cuya prensa... logra cambiar... la imagen pequeño-burguesa del estudiante por la del enemigo declarado de la sociedad... [por lo que] el movimiento se repliega a un terreno más conocido y familiar: la Universidad... los signos de debilidad se hacen cada vez más visibles: el intento de la “Universidad Crítica” termina por convertirse de tribuna libre en tribuna de libre confusión, limitada por la incapacidad intelectual de los estudiantes, degenerando bien pronto en una tribuna dogmática de proposiciones repetidas hasta la saciedad. Numerosas ‘células rojas’ aparecen en las distintas facultades, el movimiento se escinde en varias fracciones que mutuamente se acusan de reaccionarias. La frustración sufrida... se traduce en un ‘narcisismo revolucionario’ inoperante, que se atrae la crítica acerba de Habermas... Ante la inoperancia y degeneración del movimiento, el SDS decide disolverse a escala nacional en marzo de 1970”. Después describe al movimiento francés, y Hoyo termina su aporte citando a Marcuse: “Toda acción revolucionaria debe estar basada en el apoyo popular... actualmente éste no existe para el movimiento estudiantil... Vosotros debéis ser quienes preparen el terreno, las inteligencias y los cuerpos para la nueva sociedad... porque vosotros sois aún capaces de pensar, de hablar y de amar, de resistir y de luchar”. Fin del anexo. Ahora sí, va documento.



NOTA INTRODUCTORIA

Los textos y programas organizativos publicados en este folleto constituyen un primer testimonio de la tentativa estudiantil de emancipación de las formas y contenidos escleróticos de la enseñanza académica. Son el resultado de un proceso experimental de estudio que permanecerá siempre abierto. En realidad, la Universidad Crítica (UC) se presenta momentáneamente como un desordenado taller, en el cual se encuentra material elaborado grosso modo. Una mejor sistematización de ella también deberá ser tarea del lector interesado.

El Comité Directivo Provisional, constituido en septiembre por representantes de los estudiantes de la Universidad Libre (UL), del Politécnico y de una Asociación de representantes de los grupos preparatorios de trabajo, hizo públicos los textos introductorios como material de discusión. Los programas de cada uno de los grupos de trabajo han sido elaborados por grupos preparatorios. En lo que respecta a los objetivos y organización de la UC se presentan bosquejos, sobre los cuales se pronunciará la primera asamblea general estudiantil.

Los horarios de la asamblea y los temas a tratar se harán públicos mediante volantes y cartas mimeografiados. Por conducto de la Secretaría de la UC se enviarán a los estudiantes bibliografías, planes de trabajo y otros materiales preparatorios, producto de cada uno de los grupos de trabajo.


PREFACIO

En el sit-in del 22-23 de junio de 1966 fue aprobada la siguiente moción:


  1. Nosotros no combatimos sólo por el derecho a poder estudiar durante más tiempo y expresar con más vigor nuestras opiniones. Estos son sólo algunos de nuestros objetivos. Nos interesa mucho más que las decisiones que conciernen a los estudiantes sean adoptadas democráticamente con la colaboración de los propios estudiantes.

  2. Esto que está ocurriendo aquí en Berlín, como en el resto de la sociedad, es un conflicto cuyo problema central no es lograr un curso de estudios más amplio o un período de vacaciones más extenso, sino el abatimiento de poder oligárquico y la realización de una libertad democrática en todas las esferas sociales.

  3. Nuestra lucha es contra aquellos que, de cualquier manera, pisotean el espíritu de la Constitución, aun cuando pretenden respetarlo a la letra.

  4. Es justo ver la libertad en la universidad como un problema que se extiende más allá de los límites de la propia universidad. Por esta razón la asamblea estudiantil se da cuenta de la necesidad de colaborar con todas las organizaciones democráticas para alcanzar sus reivindicaciones.

En la Asamblea General Estudiantil del 21 de junio se explicaban las decisiones de la asamblea General de todas las facultades en una proclama que afirmaba:



«La Asamblea General Estudiantil demanda:

  1. La abolición del cupo limitado y la suspensión de la autoridad para las inscripciones en nuestra escuela.

  2. Participación de representantes del público, y en particular de representantes de la Academia de Ciencias y Artes, en la comisión paritaria de profesores, asistentes y estudiantes, creada para la planificación y ejecución de una reforma integral del plan de estudios.

  3. Discusión pública de todos los problemas con el rector y el senado Académico»*.

La décimo octava asamblea, efectuada el 24 de junio, dio origen a la proclama de los estudiantes y prorrogó la inmediata ejecución de la reforma al plan de estudios de esta universidad. Sin embargo, a la Comisión Universitaria para la reforma al plan de estudios, integrada bajo la presión de los estudiantes, la cual ya en su composición y en reglamento interno presentaba un notable empobrecimiento de los intereses de los estudiantes en beneficio de un posible compromiso, se le asignaron todavía las siguientes tareas para la sesión del 15 de noviembre de 1966:



«Elaboración de una precisa toma de posición relacionada con las recomendaciones de la conferencia de rectores», «posible función coordinadora en el ámbito de toda la universidad«, «discusión pública en enero de 1967, entre el rector, los estudiantes y los integrantes de la Comisión».
En febrero de 1967 se hizo pública la toma de posesión de la Comisión Universitaria, tomando en cuenta las recomendaciones de la conferencia de rectores sobre la cual se habían pronunciado los estudiantes y profesores pertenecientes a la Comisión.

El rector rechazó la difusión pública de esta toma de posesión, de manera que la A. St. A.1 Debía finalmente hacer la publicación con sus propios medios.

El rector no tenía intenciones de sostener, a nivel de conferencia de rectores, las posiciones expresadas por la comisión paritaria como posiciones de la UL. En sus labores, las facultades no tomaron en consideración la toma de posesión, que mantiene tanto el cupo limitado como la suspensión de inscripciones.

Las comisiones de estudio, que surgieron entonces por doquier, comenzaron con discusiones que, en verdad, hallaron respuestas prácticas incluso entre algunos catedráticos. Sin embargo, no se inició una reforma integral del método didáctico.

Los estudiantes no concebían la reforma a los estudios como algo aislado del resto de la sociedad. Por eso no se limitaron a exigir planes para la reforma universitaria. Para poder lograr sus reivindicaciones debieron tomar posición respecto a la tendencia autoritaria en la República federal, que obstaculizaba la democratización de la Universidad. Para poder ser efectivo, un empeño similar no podía limitarse únicamente a discursos y mociones. Los estudiantes comenzaron a darse nuevas formas de organización y nuevos métodos de lucha para independizarse de loa aparatos fosilizados de los partidos, puesto que éstos no podían y no querían mantener ya la necesaria lucha de oposición. Con la fuerza de la nueva oposición aumentó también la represión al movimiento por parte de las autoridades.

En el curso del semestre de verano se trató de solucionar el conflicto con la UC por medio de estúpidas tomas de posición por parte de las autoridades (K: Schütz) y mediante la violencia material. El 2 de junio muchos estudiantes fueron heridos y un estudiante asesinado.2

En la sesión del 5 de julio la asamblea estudiantil de la UL suscribió las reivindicaciones de la asamblea estudiantil general del 3 de junio. En la parte decisiva, en la cual la asamblea explica la importancia que atribuye la UL a los acontecimientos del 2 de junio se dice:

«Si los estudiantes enarbolan estas justas pretensiones, al mismo tiempo saben que la acción política de la universidad tiene un efecto insignificante sobre la ciudad y la sociedad, y saben igualmente que esto no es por culpa de los estudiantes.

Parece que llega tarde el llamado para que la universidad alemana no sea culpable una segunda vez del fracaso de la democracia y la deshumanización de la sociedad. Por esto las universidades no pueden esperar más para definir las tareas socio-políticas de las ciencias universitarias y fijar la praxis política en el interior de la universidad.

La asamblea de la UL considera como un deber propio a los estudiantes a iniciar de hoy en adelante un proceso de autoclarificación y desarrollo de la praxis política, que sea la respuesta teórica y práctica y la declaración de guerra de la UL a todas las tendencias políticas que amenazan con destruir la segunda democracia alemana.

La asamblea exige a la universidad que:

El curso regular de las clases sea sustituido al menos por una semana de discusiones entre estudiantes y profesores en base a los siguientes temas:


  1. Acontecimientos de los últimos días;

  2. Distorsión de los hechos por políticos, policía y prensa, y efectos producidos por esta manipulación en la opinión pública;

  3. Estado de emergencia existente de hecho en Berlín, tendencia a la abolición burocrática de la democracia y terror ejercido por los órganos legales del poder ejecutivo;

  4. Posibilidades para la universidad como lugar de autoconciencia política, para intervenir en la restauración, defensa y desarrollo de la democracia en Berlín».

Los estudiantes consideraron después, en cada una de las facultades e institutos, la forma más conveniente de realizar lo anterior, e intentaron dar contenido completo a las diferentes partes de la discusión realizada.

Cada tarde tendrán lugar (cuando sea posible en el edificio de la fundación Henry Ford) discusiones colectivas.

Estas reivindicaciones surgieron para ser llevadas lo más adelante posible, aun cuando estén aisladas por una semana. En las numerosas asambleas de facultad e instituto y en las cotidianas reuniones vespertinas realizadas en el aula magna, se discute la función de la universidad y la ciencia en nuestra sociedad.

En los institutos se formaron espontáneamente grupos de trabajo, que en el ámbito de su respectiva competencia disciplinaria trataron de comprender la situación psicológica, económica, social y política que se había creado en el Berlín oeste el 2 de junio.

Estas investigaciones no se efectuaron para crear falsas apariencias, ni siquiera al servicio de la “ciencia”. Llegaron a ser necesarias porque los estudiantes, en los días siguientes al 2 de junio, debieron darse cuenta de cuan poco idóneos eran los métodos de trabajo científico hasta ahora seguidos para alcanzar sus intereses y los de sus conciudadanos.

En esos días los estudiantes se dieron cuenta de cuan poco se habían ocupado hasta entonces de los problemas de la ciudad y de sus habitantes. Incapacitados, se encontraron con los prejuicios del berlinés medio, y conocieron la hostilidad que acompañó a toda sus campaña de clarificación.

En las primeras semanas que siguieron al 2 de junio, para llevar adelante el trabajo, se formaron comités de acción compuestos por estudiantes de casi toda la Universidad de Berlín, y el Comité de Acción para el trabajo político del Politécnico (APA).

Fue necesaria entonces la creación de grupos de trabajo que desarrollaran metódicas elaboraciones a largo plazo, para ser usadas como base para una clarificación más precisa y una acción más incisiva.

Estos grupos de trabajo se formaron, bien entre estudiantes pertenecientes a las mismas facultades, o bien entre estudiantes de diversas disciplinas en el ámbito de los comités de acción. Sus temas se orientaron hacia los problemas del Berlín oeste. Los resultados debían quedar a disposición de los estudiantes.

El problema consistía en establecer los límites dentro de los cuales el grupo de trabajo debía estar coordinado, el tipo de relación que debía tener con la universidad oficial, cuáles debían ser sus estructuras constitutivas y sus métodos de trabajo, para no reiterar la estructura autoritaria en la universidad.

El ejemplo americano de las “Free Universities” (N. Birbaum)3, proporcionó un elemento de orientación. Se estableció no salir de la universidad existente. Los grupos de trabajo de la UC debían mantenerse en relación permanente con la organización del plan de estudios de la UL, y debían proporcionar el ejemplo de cómo conciben los estudiantes la reforma universitaria. Los estudiantes, en los grupos de trabajo, por ellos mismos ideados y realizados, debían aprender a realizar una crítica más sagaz de los métodos y de los contenidos didácticos.

Los estudiantes de la Universidad Crítica debían por esto implantar un análisis crítico de su facultad, prepararse para la futura profesión y, además, ocuparse de los problemas actuales del Berlín oeste, de su crisis económica, del monopolio de la prensa, de las leyes de emergencia y del movimiento revolucionario en el Tercer Mundo.

Las discusiones sobre la organización en el interior de la UC se hallaban muy distantes de la conclusión cuando iniciaron la campaña de oposición a la prensa (Morgenport: “La mina di Dahlem”) y a la asociación de profesores. (Se tomaron precauciones jurídicas contra los asistentes que querían colaborar en los grupos de trabajo. El rector no puso a disposición de la A. St. A. sede alguna para los debates. Ordenó una investigación jurídica y de contenido de la UC. Esta última ha sido publicada).

El asesor Stein envió la siguiente carta a la A. St. A. y mandó una copia para su conocimiento al rector:



El asesor de ciencias y artes, Berlín-Charlottenburg, 11 de septiembre de 1967.

Al Presidente de la Asamblea General Estudiantil de la Universidad Libre de Berlín, señor Häussermann:

Estimado señor Häussermann:

La proyectada institución de una organización de estudios de los estudiantes de la universidad y escuelas superiores de Berlín, designada como “Universidad Crítica”, cuyos objetivos y preparativos por ahora son para mí solamente notas sueltas de un “programa provisional” en venta en las librerías, me obliga, antes de emitir un juicio decisivo, a precisar lo siguiente:

Debo, sobre todo manifestar objeciones, dado el Reglamento Universitario, sobre el hecho de que los estudiantes instituyan, en su universidad, una organización que no sólo quiere llevar el nombre de universidad, sino desempeñar también sus funciones esenciales. Mas si alguna cosa es entendida como “Universidad Crítica”, ésta no debe interferir de ningún modo, ya sea directa o indirectamente, en el curso regular de las clases y de las investigaciones, ni ejercer influencia negativa sobre otras universidades de Berlín, sobre la organización estudiantil o aquellos que pertenecen a ella.

Las organizaciones universitarias que la UC está formando no son en modo alguno organizaciones oficiales de la UL. Las organizaciones de la UL son, a manera de ley, las aceptadas por el reglamento interno de cada una de las facultades.

Las actividades de las organizaciones estudiantiles oficiales son admitidas sólo:

cuando la libertad de estudio e investigación no sea puesta en peligro;

cuando se discuta sobre la independencia de los documentos universitarios;

cuando una sola organización o una serie de organizaciones culturales no se sirvan de la propaganda de ideas políticas preconcebidas, que luego sean practicadas, para excluir la libertad de opinión;

cuando no se perjudique el funcionamiento regular de la universidad:

  1. alterando el curso regular de las clases o de las labores de investigación;

  2. influyendo negativamente sobre las estructuras estudiantiles o sobre cada uno de los estudiantes;

cuando, por la forma y el contenido de la actividad, el organismo estudiantil no promueva o sea portavoz de acciones políticas sobre problemas extrauniversitarios.

Lo que en el “programa provisional” se denomina objetivos y tareas de la UC no está, a mi parecer, dentro de los límites que he presentado como admisibles. En primer lugar, la referencia hecha a la deliberación de la asamblea del 26 de mayo de 1967, en la cual se impugnaba la neutralidad política de la universidad. Se pone a discusión la independencia de los profesores en los artículos del “programa provisional”, en donde se dice que, en el curso normal de las clases y de las investigaciones, los programas no deben ser elaborados de acuerdo con la sola invención de los profesores, sino también “seguidos de una pública discusión crítica...” Los parágrafos del opúsculo en el que se pone a discusión “el método de enseñanza, el contenido y la comprensibilidad” de determinadas materias y se somete el actual status de profesor a una crítica “necesaria”, hacen temer que la independencia de los docentes se vea en peligro.

Hasta aquí hemos enumerado solamente algunos puntos que pesan mucho sobre la actual constitución universitaria. A esto hay que añadir los informes de numerosos actos políticos realizados fuera del ámbito universitario. En particular la noticia de que la “libre organización de los estudiantes” puede transformarse en “una oposición radicalmente democrática o en una contraposición en el campo de las ciencias, de la escuela y de la cultura, para formar un componente de oposición extraparlamentaria y antiautoritaria...”, demuestra que sus autores tienden a una revolución política, que no debe ser en absoluto tarea de un organismo universitario.

Dentro de los límites legales que ya he aclarado en mi alocución sobre la Universidad de Berlín, subsiste para la organización estudiantil un amplio espacio en el modo de concebir su tarea de sensibilización y educación política y de aportar una contribución crítica a la reforma universitaria. Pero este tipo de organización me hará responsable también de una futura legislación universitaria. Además, es mi propósito que las aspiraciones lícitas de los estudiantes sean atendidas como complemente del programa escolar, en cooperación con los profesores.

Esclarecido esto, creo que, si los estudiantes aspiran a un asentamiento de la universidad en la forma que ahora está en discusión dentro de los límites que he citado, la misma constitución de la universidad deberá prever la colaboración entre estudiantes y Senado Académico. En caso de que, en el curso de las discusiones con órganos universitarios, surja una diferencia de opiniones que conduzca a una intervención mía, sé ya por consiguiente, que mi decisión dependerá exclusivamente del hecho de que se atengan por lo menos al marco arriba señalado.

Por esto espero de usted, lo más pronto posible, a más tardar hasta el inicio de eventuales actividades, una precisa toma de posición de la A. St. A., que aclare si de ahora en adelante se conformará todavía a los métodos y programas del “programa provisional” o si se pensará solamente en conseguir algún resultado concreto.

Una copia de esta carta será enviada al rector de la Universidad Libre de Berlín.

Con el más atento saludo,

profesor y doctor Stein.
Una semana más tarde se reunió el Senado Académico y decidió que no se daría apoyo alguno (es decir local) a la UC, hasta que ésta hubiese trabajado sobre la base del “programa provisional”.

El 24 de septiembre de 1967 tuvo lugar una asamblea, a la cual enviaron delegados de los grupos de trabajo y la A. St. A de las universidades interesadas.

Los participantes aprobaron un esquema de organización para la UC relativo a un proyecto y a la discusión que le sucedió.

Entre las consideraciones hechas estaba en primer plano la colaboración responsable de todos los interesados, la discusión permanente, la revisión de todos los objetivos de la UC y una estructura mínima de organización.



LOS GRUPOS DE TRABAJO deciden los temas y los métodos de trabajo.

LA ASAMBLEA GENERAL es el órgano fundamental de la UC. Debería ser convocada por turno en la UL y en el Politécnico. Está compuesta por todos los presentes que quieran colaborar. Puede ser convocada a iniciativa de una tercera parte de los miembros del consejo de delegados, por tres grupos de trabajo y de una A. St. A. La Asamblea General se debe reunir por lo menos dos veces por semestre. Puede abolir asimismo las decisiones de otras corporaciones. Cada grupo de trabajo envía dos delegados al CONSEJO DE DELEGADOS. Los delegados deberán ser escogidos por turno entre los pertenecientes a los diversos grupos de trabajo. El Consejo de Delegados se reúne cada tres semanas. Estas reuniones deben hacerse extensivas, de viva voz, a los grupos de trabajo. El Consejo de Delegados debe reunirse públicamente.

EL COMITÉ DE INICIATIVA es el órgano ejecutivo que tiene a su cargo el trabajo para la Asamblea General. Tiene el deber de redactar el programa definitivo, de proporcionar la sede, realizar los preparativos y ocuparse de la publicidad de la UC en público. Coordina la planificación y elaboración de los grupos d trabajo. Está compuesto de seis miembros elegidos por los delegados: dos representantes de la A. St. A. de la UL y dos de la A. St. A. del Politécnico, uno del Instituto de Teología y uno del Instituto de Pedagogía. El Instituto de Pedagogía, el Instituto de Teología y la Academia de Bellas Artes son miembros asociados.

Los representantes estudiantiles del Politécnico y de la UL tienen en el comité de iniciativa, derecho de veto que puede ser abolido sólo por la Asamblea General, de manera que los conflictos internos de la UC sean resueltos con la discusión y no con medidas administrativas.

Este proyecto será sometido a votación en la primera asamblea general de la UC.

DOCUMENTOS


LA CONTRA-UNIVERSIDAD EN LOS ESTADOS UNIDOS

por Norman Birnbaum4
Es notable, en estos proyectos de universidades libres de los EUA, la medida en que se han adaptado a la estructura de las universidades ordinarias. En efecto, el término de “free university” es mucho menos usado que el de “counter university”. Las contra-universidades son, sin embargo, ideadas y realizadas por estudiantes –e incluso por profesores- que (en atención a sus ocupaciones normales durante gran parte del tiempo) siguen siendo miembros completamente integrados a las universidades normales.

El movimiento de las contra-universidades en los EUA tiene varias causas: La agitación general, social, política, ha implicado a una gran parte de la población norteamericana que estudia y ha alcanzado incluso a los profesores; el interés público por la educación existente en Norteamérica ha tenido el efecto secundario y no deseado de convencer a profesores y estudiantes de que lo que hacen es muy importante. Dentro de las universidades se experimentaba y criticaba bastante, lo cual muchas veces es iniciado por directores, decanos, o profesores de fama indiscutible. El aspecto general de estas contra-universidades es muy similar en todos los países. Un grupo de estudiantes decide que en su universidad ciertos temas importantes no son enseñados o lo son demasiado poco. Se subleva ahora a estudiantes más antiguos o a estudiantes graduados (aquellos que se preparan para el doctorado), y con frecuencia también a profesores jóvenes o antiguos; se procuran uno o más locales próximos a la universidad (a veces también en su interior, como un favor de las autoridades universitarias); se improvisa el material e inicia el trabajo.

En general, estos programas son más parecidos a seminarios y grupos de estudio que a una serie de clases, aunque se hace notar que en Norteamérica las lecciones van acompañadas de discusiones. El tema de estos cursos es muy diverso: En ellos he oído hablar sobre todos los argumentos posibles, desde la política exterior norteamericana hasta los estudios sobre el Viejo Testamento.

La formación de estas contra-universidades no es únicamente la consecuencia de agitaciones, estudiantiles, entre las cuales es típica la revuelta de Berkely, sino también de un período de intensa autocrítica por parte de los profesores norteamericanos (confirmado en el Muscatine Report, en el cual el Senado Académico afirma que los estudiantes universitarios tienen suficientes motivos plausibles para estar descontentos con su instrucción). Conforme a sus propias posibilidades, un gran número de directores, decanos (e igualmente profesores más jóvenes) han aprobado y favorecido la creación de contra-universidades en sus colegios. En realidad, algunas veces es difícil distinguir entre contra-universidades no oficiales y experimentos oficiales, con nuevas formas y nuevos contenidos en la instrucción universitaria.

Se proyecta, por ejemplo, un colegio totalmente nuevo de la State University de Nueva York, que deberá constituir un experimento continuo: Los estudiantes se enseñan recíprocamente y se halla en preparación un programa de estudios radicalmente anticonvencional. En la famosa universidad jesuita Fordham, la presión ejercida por los estudiantes era responsable en gran medida de dos experimentos: Una forma colectiva e intensiva de educación para estudiantes y profesores, quienes también compartían los alojamientos, y un programa de estudios de la ciudad, en el cual Nueva York es concebida como laboratorio. En fin, se puede decir que las contra-universidades han sido estimuladas con bastante frecuencia para efectuar una revisión oficial de los contenidos conceptuales y de la técnica de la enseñanza.

No se piense, sin embargo, que un proceso de tal adaptación y de integración de las contra-universidades en la universidad oficial sea inequívoco. Por el contrario, las contra-universidades, como representantes de la opinión estudiantil, se oponen decidida y explícitamente a la estructura oficial. El año pasado, la universidad de Berkely no estaba en condiciones de renovar (por causas que no son muy claras) el contrato con un profesor muy estimado: la autogestión de los estudiantes le permitió súbitamente desempeñar su trabajo durante un año, y ha sido remunerado (e incluso bien remunerado) con los medios de aquellos. Otra forma de conflicto, que ha llegado a ser institucional, entre contra-universidad y universidad oficial es el hecho de que los nuevos profesores sean llamados y pagados directamente por los estudiantes. Así, ninguna persona estúpida ha sido llamada a la cátedra. En toda esta evolución, los innovadores han sido ayudados por el hecho de que algunas de las mejores fundaciones y personalidades del gobierno (que gasta al año cerca de cien millones de dólares en la instrucción y la cultura) consideran positivamente estas novedades y tampoco vacilan en subvencionar a hombres e ideas que puedan parecer excéntricos o insólitos.

Existen además movimientos de procedencia académica (por ejemplo la llamada “Free School” de Nueva York) que se han formado con independencias del sistema universitario. Es verdad que gran parte de los movimientos que he descrito se hallan en una relación fecunda –y sólo parcialmente en antagonismo- con el sistema universitario oficial que , a su vez, se está reformando. De esta manera, si se exige preguntar por qué tantos empleados administrativos y profesores norteamericanos son en tal forma tolerantes en las confrontaciones de la contra-universidad, se obtendrán respuestas discordantes.
Los más tolerantes son aquellos que están dispuesto a admitir que sus métodos deben ser cambiados. Si los estudiantes exigen también la participación en la administración de la universidad (y no solamente una reforma del programa de estudios) hallarán una mayor oposición. Pero en este caso los estudiantes tendrán su parte, probablemente, un número siempre mayor de profesores que están muy descontentos con su status de dependencia, y por esto no se mostrarán contrarios a unir sus propios impulsos revolucionarios a los de los estudiantes. Esperan tiempos interesantes a la universidad norteamericana: por ahora el movimiento de las contra-universidades ha hecho salir de su indiferencia a muy pocos profesores.

KENKYUKAI: UNA CARTA DESDE EL JAPÓN

por Johannes Ernst Seiffert5
Al señor Wolfgang Nitsch

Colaborador del Instituto Bildungsforschung

¡Honorabilísimo señor Nitsch!

Por un artículo no muy inteligente publicado en Zeit el 21-7-67 he sido informado de sus intenciones y las de sus compañeros. Lo que ahí ha sido dado a conocer de su memorándum, que desdichadamente todavía no conozco, me parece muy notable. Además sirve para rebatir el comentario que lo acompaña en Zeit.

Francamente me parece importante subrayar algunos puntos. Si recalco aquí alguna cosa ya observada, tanto mejor. Puedo además contar con su compresión si pasó rápidamente, sin giros de palabras en medias res.

La opinión de que la empresa sea insólita es absolutamente rechazable, antes debe interpretarse como normal, en su sentido más auténtico.

La idea y el principio de la universidad consisten propiamente en el Éxodo, en un cierto “exilio” de la situación dada a priori respecto de la sociedad existente (como testimonio se puede citar a Schelsky: de 171/172/S.16). Por esto el carácter de éxodo no es anormal en la fundación de las universidades más importantes. No solamente la UL sino también la Universidad de Viena, Heidelberg, Colonia, Erfurt y Leipzig se han formado por la “partida de los profesores y estudiantes de otras universidades” (Schelsky, página 17).

En particular, la UL no tiene motivo alguno para refutar una emancipación que sea espiritual, social y política.

El hecho de que estudiantes y profesores estén frustrados en una universidad existente, debe ser expresado institucionalmente en el sentido más amplio –incluyendo formas de organización muy diversas. Un ejemplo: aquí en Japón algunos de los innumerables grupos de estudio e investigación (Kenkyukai) en la periferia de la Universidad de Tokio y de Kyto-Osaka forman universidades de reserva, y frecuentemente adoptan también una posición antitética en confrontación con la universidad integrada, con la intención de intervenir, coordinadamente, en la universidad existente, con su estructura feudal (kokenteki), y de democratizar programas y métodos de enseñanza. En lo personal me hallo situado dentro de esta última corriente. Nuestro grupo de investigación ha obtenido del Ministerio de Instrucción Pública (Mombusho) dinero por dos años para libros, materiales y viajes. Esto es, naturalmente, para la investigación de una temática real y no para la instrucción de reformas que, no obstante, en la práctica eran inevitables. A mi parecer, hace cincuenta años Walter Benjamín en su ensayo “La vida de los estudiantes”, que seguramente usted conocerá, sentó las bases para una iniciativa de los estudiantes en esta dirección, bases que en gran medida son todavía actuales.

El establishment presuntuoso de algunas universidades lleva a la esterilidad científica como podemos ver, por ejemplo, en la condición actual de la filosofía. Una universidad que da importancia al propio desarrollo debería acoger favorablemente una contraposición tan estimulante en el interior de la propia universidad.

Debe ser cambiada no solamente la forma sino también el contenido.

La efectiva tematización de clases y los seminarios (¿qué cosa es tematizada y cuál no?); por lo menos en las facultades de estudios germánicos, de ciencias históricas y de filosofía sería conveniente que grupos de trabajo estudiarán críticamente el tema. Ahora se deberían contraponer al currículum por debatir, actividades extracurriculares que provocan todo eso que ha sido transferido, reprimido y sofocado, en grupos de trabajo, antiseminarios, y si fuera posible, anticlases. El asesinato cotidiano de las ideas debe acabar. Quizá estoy poco informado, pero me parece que tampoco los demás interesados saben en qué forma y en qué medida haya sido sofocado o interpretado falsamente. Puesto que trabajo en el campo político-filosófico y político pedagógico para el cambio y la reforma aquí en la Universidad Estatal de Hirosaki, en los programas oficiales de estudios germánicos y college (studium general), podría estar en condiciones, dentro de poco tiempo , de proporcionar material más preciso. Por mi parte espero también una colaboración.

La denominación programática “Universidad Crítica” me parece una elección muy feliz: reclama la atención sobre el hecho de que la ciencia, por su propia naturaleza, no puede ser separada del concepto de ciencia. La expresión “Universidad Crítica” debería ser una tautología. Pero hasta esto no se realice, esta denominación y la práctica correspondiente están justificadas.

El momento utópico de la universidad (lo percibe también Schelsky –p.111- infatigable anticipador y precursor de la “Skeptische Generation” hasta la “Einsamheit und Freiheit”, creador de palabras clarificadoras, convenientes a la vida actual para substituir palabras iluministas) no debería ser olvidado jamás, pues es una gran cosa.

Tengo apenas tres años como lector de la Universidad Kyoto; según los estudiantes de esta universidad soy el mejor de todo Japón (de cualquier modo hace cinco años que trabajo en este país). Me disgustaba ver cómo los estudiantes venían siempre a la universidad con esperanzas utópicas, y que luego hubiese muchos desilusionados y en parte también desmoralizados. Se debe exigir que la juventud tenga el derecho a una existencia más plena en el ámbito de la universidad. Esto me parece el principal argumento para la contra-universidad y por otra parte, la somete a la crítica más severa: ¡ay de ella si llega a ser un campo de acción para organizadores sagaces, y los estudiantes se vuelven a hallar en statu alienationis!

Quiero decir esto para expresar mi solidaridad con sus intenciones mediante una contribución financiera (a pesar mío muy exigua), por lo cual les ruego me indiquen el número de su cuenta corriente.

Pese a no conocerlos les envío mis saludos y les deseo éxito.

J. E. Seiffert.



SEMBRAR DRAGONES ACADÉMICOS

Renuncia a la investigación en

favor de una batalla política

[Tomado de Neues Deutschland... 1948]

por A. Holtz
La Universidad “libre” de Berlín, estimulada por una suave presión por parte de los EUA, reanudará sus clases en el aula del Instituto Wilhelm en Dahlem. No tiene institutos a su disposición, y por esto no podrá servir a la investigación: deberá fungir solamente como “Instituto Universitario”, sobre todo como instituto de lucha por parte de aquellos que no están satisfechos, por motivos políticos, con la división de Berlín –en especial de la vida cultural-. El hecho es que no se logra convocar a un número decoroso de profesores, porque éstos, al igual que los estudiantes, en realidad no están dispuestos a abandonar las aulas de la Universidad Humboldt para tomar una “posición de combate” de dudosa calidad –sin medios y sin la posibilidad de investigación (los medios financieros están a disposición para un solo año-. Se ha propuesto organizarlos (naturalmente “como en EUA”) con asistentes y cursos. ¿Por esta razón “una universidad de asistentes”? Los estudiantes quedarán muy agradecidos. Por otra parte, las universidades alemanas tienen problemas internos por resolver.

No, las cosas tienen su propio peso, incluso en el ámbito de la universidad. Una fundación, en este ámbito, debe tener legitimidades internas. Una de estas sería una reforma universitaria. Pero no es este el caso, no puede ser el caso. El fantasma de la no-libertad debe servir para enmascarar a una fundación corrompida con medios insuficientes. El decano de la Facultad de Jurisprudencia de la Universidad de Humboldt, profesor Hans Peters, miembro del CDU de Berlín, hace poco tiempo declaró en Colonia: “Estudiantes de otras universidades confirman que todas las declaraciones críticas hechas en público por parte de los maestros sobre los inconvenientes de la Universidad Humboldt durante los últimos dos años, respondieron mejor que cualquier otra cosa sobre la leyenda de la teoría de la mordaza. No se vio –continúa Peters- un solo caso en el cual sus lecciones o su investigación le produjera daño a un profesor”.

Aclaremos el asunto: se habla de no-libertad, de estudiantes “engañados”, de servirse de la enseñanza para alcanzar objetivos de partido. ¿Pero qué otra cosa significa la tentativa de una fundación de combate sino atraer jóvenes, “orientarlos hacia un oeste”, de ricos ciudadanos e instigarlos contra la vieja Alma Mater?

¿No es “alineación” esto? No, estamos de acuerdo con los estudiantes que de nuevo y siempre se sirven de sus principios. “Berlín tiene una universidad y está en ‘Unter den Linden’!” “Esperamos que el rector y el Consejo de Facultades de la Universidad Humboldt se quieran unir oficialmente a estas voces libres y francas.


CONTRIBUCIONES PARA LA DISCUSIÓN

LA CIENCIA POLITIZADA

Para el pensamiento científico moderno la idea de una “ciencia politizada” parece tan absurda que, en el mismo momento en que una actividad científica es caracterizada como “politizada”, parece perder completamente su carácter científico: por su propia naturaleza, la ciencia crítica debe así estar libre de cualquier politización. Para el pensamiento científico moderno la “neutralidad” política de la ciencia es obvia; pero precisamente porque parece tan obvio este pensamiento es completamente erróneo. No existe ninguna ciencia políticamente neutral, y este hecho no puede ser modificado por ninguna conjura ni por ninguna deliberación del Senado Académico. Para demostrarlo no podemos referirnos solamente a la forma más notoria de “investigación sobre comisiones” –ni a evidentes aberraciones como la “matemática rubia de los años sombríos”- sino por el contrario volver a la propia concepción político-neutral de la ciencia.


I

La ciencia funda su investidura propiamente científica en la teoría del conocimiento y en la reflexión metodológica, que son su garantía de verdad. Durante la Ilustración, la burguesía emancipada criticaba la teología y la metafísica, las tradicionales garantías de verdad, como protectoras del poder clerical-feudal. En su lugar, la burguesía ponía al individuo humano racional, que reflexiona sobre su propia existencia.

La exigencia de una “justa” elaboración de la experiencia por parte del individuo racional denotaba la nueva exigencia de una garantía de la verdad científica. El punto difícil estaba en el adjetivo “justa”; no se trataba solamente del hecho de que la ciencia fuese “justa” con y para sus fines, sino también de que fuese “justa” para aquellos que la estudiaban, para los hombres. La dificultad estaba en delegar la verdad en el individuo concreto, con todos sus errores e intereses particulares. La solución de volver a hallar en el individuo una estructura racional pura –en la cual la subjetividad fuese reducida al mínimo, y de la cual se pudiese fiar- no podía resolver nada, exactamente como no lo resolvía la otra solución, que elevaba la razón a una entidad supraindividual, que recorre victoriosamente la Historia a través de los pensamientos de un infinito de mentes limitadas. Ninguna de estas dos “soluciones” podía resolver el problema fundamental: desde el momento en que los valores tradicionales de la teología y de la metafísica no ofrecían ya ninguna orientación, la verdad debía ser custodiada por los hombres reales, concretos y no por su estructura racional pura, por una razón suspendida en el vacío. Frente a la furiosa lucha de los intereses particulares entre los individuos concretos, a la ciencia le quedaban dos posibilidades nada más para garantizar su propia cientificidad. O lograba comprender la lucha concreta entre los hombres como lucha histórica para el individuo capaz de comprender la verdad, como lo logró en la revolución burguesa contra el ancíen régime; en cuyo caso estaba constreñida a inmiscuirse en la lucha concreta y a seguir siendo política. O bien reducía la investigación de la verdad a la justa percepción de las cosas, y se eximía así del problema. El positivismo, afirmado en el siglo XIX, representa esta elusión del problema. (Podríamos omitir el hecho de que el primer positivismo, el de A. Comte por ejemplo, estaba vinculado a los problemas propios de la Ilustración; pero este positivismo no logró afirmarse). Cuando el positivismo ofrece como garantía de verdad la pura percepción de la realidad, elude así la dificultad de la ciencia burguesa, identificando la realidad con la verdad.

No por casualidad la capacidad crítica de la ciencia burguesa en los confrontamientos con la realidad se agotó precisamente en el momento en el cual la sociedad burguesa se convertía ella misma en esta realidad. El positivismo era y es cualquier cosa menos objetivo o “neutral”.

Sin duda alguna, la ciencia se resuelve a favor de la autoconciencia político-neutral del positivismo, precisamente por la no-criticabilidad de la sociedad burguesa. No se trata de ingenuidad. En la medida en que –y esta es nuestra primer conclusión- para la sociedad burguesa la ciencia se convierte en ley y justificación de innumerables delitos políticos, cuyas víctimas son pueblos enteros, no se puede considerar despreciable el carácter legalista de la ciencia burguesa, que consiste precisamente en su pretendida neutralidad política.
II

Con la reducción de la investigación de la verdad a la investigación de una “más justa” captación de la realidad, el científico se transforma en un mero instrumento de recepción. Con esto, la decantación de cualquier interés personal es empujada tan a fondo que la concepción del “individuo humano racional” como garantía de verdad, queda solamente el hecho de que este individuo no debe ser más que un instrumento. La autodecisión racional –como la concebía la Ilustración- es transformada, por la ciencia positiva neutral, en una decisión irracional que proviene del exterior. Si la ciencia se declara agnóstica en los confrontamientos con todo aquello que trasciende la racionalidad instrumental, se asegura prácticamente el privilegio de la irracionalidad, es decir, de no ser sino puesta bajo reconvención. Se asume además el deber de refutar cualquier otro uso menos restringido de la razón.

Entre esto que la ciencia debe refutar está también la reflexión sobre su propia naturaleza. Ella califica cualquier crítica a su incapacidad de reflexionar sobre sus propios métodos, si no de manera puramente instrumental, sí como atentado totalitario al principio según el cual los métodos deben ser elegidos en función del objeto. Definen cualquier crítica a su rechazo de reflexionar sobre sus propias finalidades como una sucia pretensión de sustituir el dogmatismo por la apertura. La crítica a la escisión entre la ciencia y la praxis es definida como una indebida presión para sacrificar su dimensión crítico-universal a los pequeños problemas cotidianos. La crítica a su oportunismo es calificada como tentativa de sustituir la parcialidad por la imparcialidad, el sectarismo a la libertad de cualquier prejuicio. La crítica a su participación activa en los crímenes políticos es definida como una arremetida teórica a su libertad y a su autonomía (como óptima demostración véase la pericia de Knauer y Borinsky).

En esta autodefensa, la ciencia burguesa no se manifiesta del todo agnóstica o pluralista-tolerante, sino absolutamente categórica. Por amor a la “apertura”, a la “libertad”, a la “imparcialidad” y a la “autonomía”, está siempre en condición de demostrar formalmente que cualquier crítica que ataque su carácter dependiente y servil en nombre de la autodecisión racional de la ciencia, es una crítica política y no puramente científica. Su agnosticismo no tiene nada que ver con la modestia socrática ni con la duda de la primera Ilustración; por el contrario, es un instrumento de lucha apto para impedir cualquier evasión de su fijación en la dimensión puramente instrumental.

En esta autolimitación instrumental la ciencia burguesa desacopla la relación bastante “explosiva” entre teoría y praxis. La superación de la pura instrumentalidad conduciría a la reconquista de la reflexión racional sobre los objetivos del trabajo científico, y a la reconquista de la idea según la cual la verdad no es el resultado de la reflexión pura, sino el de la praxis orientada racionalmente y el de la racionalidad que se determina en la praxis. Por esto la ciencia burguesa tiene razón si rechaza la acusación de ser política; pero procede de mala fe si sostiene no ser política en este rechazo: la ciencia burguesa lleva a cabo una lucha política contra una ciencia que admite su propio carácter político, y por esto está en condiciones de someter los propios objetivos políticos a una crítica racional, de liberarse de los vínculos de la estrecha realidad burguesa y de su colaboración oportunista y cínica en la realización de crímenes políticos, y es, finalmente, capaz de determinar racional y autónomamente su praxis y su racionalidad en la praxis.

Nuestra segunda conclusión es, por tanto, que la ciencia burguesa, con el rechazo a la ciencia políticamente comprensiva y activa, va más allá de la evidente e imperdonable condescendencia en las confrontaciones con la sociedad burguesa: en este rechazo acepta activa y concientemente un papel específico: la lucha contra la emancipación de la razón, que podría hacerla impropia para los fines de la burguesía. La importancia de esta lucha contra tal razón aumenta en la misma medida en que el uso burgués de la ciencia es un factor indispensable para el mantenimiento de la sociedad burguesa.


III

La “neutralidad” de la ciencia, su incontaminación con la vida política de la sociedad, halla su más clara expresión en la universidad burguesa. En ésta es más evidente la posición superior del productor científico en comparación con los otros productores de la sociedad. En la autonomía formal de la universidad se expresa la independencia parcial de los productores científicos, su privilegio.

La institucionalizada disponibilidad de la ciencia para mantenerse “neutral” –en lugares como la universidad- en los confrontamientos con la vida social real, y la consiguiente posición institucionalizada de privilegio de los científicos, premio a esta disponibilidad, halla su propio carácter político-social en el hecho de que los científicos pueden rehusarse a equipar con su ciencia a otros productores. El hecho de que la ciencia alcance a otros productores sólo a través de la mediación de las clases dominantes parecerá casi natural a los científicos que, de la opresión y de la minoría de otros productores, sacan su posición de privilegio. La verdad, que debe ser delegada al individuo racional despojado de cualquier interés particular, es, en realidad, confiada a una clase, cuyos intereses particulares –de importancia variable- dependen de relaciones sociales. Puesto que es de esta manera como se intensifica la cruenta lucha histórica por alcanzar una condición en la cual el individuo pueda hallar su verdad, y puesto que entra de nuevo en la guerra por la abolición de los privilegios, de la opresión y de la minoría, la verdad no puede ser vinculada a la integridad de los individuos privilegiados.

De la posición social de los científicos en la sociedad burguesa podemos sacar la tercera conclusión: los científicos burgueses son oportunistas, “neutrales” solamente en las confrontaciones con aquellas fuerzas que garantizan su posición privilegiada; esto significa que la ciencia burguesa es explícitamente política: es contrarrevolucionaria.

No se trata de ciencia política o apolítica, sino de una permanente reflexión científica –no separada de la praxis- sobre los objetivos políticos de la ciencia. En nuestra situación, mientras tanto, tenemos dos tareas a desarrollar:

1. Desenmascarar y criticar el carácter de élite, cínico y antirracional de la ciencia burguesa;

2. Crear las condiciones para una permanente discusión científica de los objetivos políticos que son compatibles con la razón y, por consiguiente pueden llegar a ser objetivos de la ciencia.

La universidad actual es, por su naturaleza, incapaz de hacerlo. Por tanto estas tareas competen a la UC. Si ésta ha sido acusada de ser política, significa que está siguiendo el camino justo.




LA UNIVERSIDAD LIBRE COMO EXPERIMENTO NO CONTROLADO

El análisis de lo acontecimientos sociales no mantienen inalterable estos acontecimientos, sino que ejerce sobre ellos un influjo notable. Esta es quizá la razón por la cual determinados grupos no alientan mucho las investigaciones profundas en este campo (Brecht, Flüchtingsgespräche).

En este ensayo se ponen en evidencia algunos indicios, rasgos de diversos campos del desarrollo de la UL, que hasta ahora no han sido incluidos en la discusión por razones prácticas: Fenómenos diferentes se unifican sobre la base del principio por el cual aquellos que son culpables de decisiones burocráticas exigen el derecho de poder someter estas decisiones a un control propio. La fuerza demostradora de ideas, que hasta ahora, en la separación del trabajo práctico-técnico del trabajo teórico, no tenía que contraponer más que su propia perplejidad, depende del acierto de una práctica solidaria.

La historia de la UL, contrariamente al desarrollo de las instituciones fundadas sobre bases heroicas, no se sustrae el control empírico. El desarrollo efectivo de su construcción, tanto organizativa como material, es determinado por un proceso de adaptación casi natural y por una “investidura”, cuya generosidad se basaba en esta adaptación: el reconocimiento obtenido de una “Universidad Libre”, en el ámbito de las universidades de Alemania occidental, replantea a los promotores de la UL diferir el objetivo de su protesta antistalinista para echar mano a una reforma escolar para una universidad decididamente democrática. El donativo de la Fundación Ford, entregado ya en 1951, tampoco estaba ligado formalmente a la posibilidad de un correctivo, como está en uso en las universidades norteamericanas, es decir un variante de los Institutes for College Self Study. Por tanto, se estaba de acuerdo en que, en las diversas situaciones políticas y sociales, las autoridades políticas y la administración tenían pleno poder para dar una nueva definición a la situación, en sustitución a la precedente, sin que aquellos que fueran eventualmente culpables pudieran intervenir en virtud de un control permanente.



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