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Las claves y secretos de un Barcelona histórico


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Las claves y secretos de un Barcelona histórico

Cómo trabaja, cómo se entrena, cómo es el día a día de un Barça que, cuando sale a escena, liquida a sus rivales. La importancia de los “rondos”.

4 de diciembre de 2010 | 9:50

Messi, a pura risa en un entrenamiento / AFP

Variabilidad. Ese concepto sintetiza el abecé futbolístico del Barcelona. Lo definió a mediados de septiembre el entrenador del equipo, Josep Guardiola: “A veces viene Sergio Busquets atrás, a veces Xavi como central, ésa es la variabilidad que nos permite que los que juegan en el medio hagan circular el balón y así aprovechar mejor los espacios. Lo que es imposible que se dé si el portero no le pasa el balón al defensa, el defensa al centrocampista, y el centrocampista al delantero”. La simpleza de la explicación, sin embargo, esconde un trabajo permanente de mecanización. Vale la pregunta: ¿cómo se entrena el Barcelona? O: ¿por qué el mejor equipo del mundo juega como juega?

Posesión de pelota. El lateral derecho del equipo, Daniel Alves, aportó –tras la goleada del lunes 5-0 al Real Madrid –una pista: “En los entrenamientos, casi lo único que hacemos es trabajar en la posesión de la pelota”. Detallista impenitente, Guardiola es capaz de ensayar durante dos días consecutivos una salida desde el arco hasta que lo que él pretende se plasme, se mecanice.

Para su consecución, Guardiola no organiza partidos de 11 contra 11 (menos que menos, entre titulares y suplentes). Hace rondos: dispuestos en círculo, entre seis u ocho jugadores se pasan la pelota a un toque, a veces más, mientras dos compañeros intentan romper el circuito. En espacios –muy pero muy– reducidos, cuando no en media cancha, con los arqueros incluidos.

Desde ya, Guardiola entiende que para que su equipo haga circular la pelota, debe monopolizarla. En junio de 2009, durante una disertación ante 150 entrenadores titulada –no sin redundancia– “Fase de recuperación de balón en posesión del contrario”, desgranó: “En el fútbol o tienes el balón o no lo tienes. El Barça opta por tenerlo. Por eso, cuando no lo tenemos, debemos recuperarlo, y para ello, debemos correr. ¿Por qué queremos el balón? Porque nos ordena en el campo. Cuantos más pases damos, más juntos jugamos, y así es muy difícil que nos contraataquen”.

“Pero al jugador –amplió– hay que decirle que no tenga miedo de perder la pelota, porque el fútbol también es eso. Messi sabe que lo puede intentar siempre porque tiene diez jugadores detrás para ayudarlo cuando falle. O sea: que si la caga, no pasa nada.”

Didáctico, Guardiola resumió: “Mi mensaje, en definitiva, es: ‘¡Corred, cabrones, corred!’. Aunque sé que la preparación física no es lo preponderante para conseguirlo”.

Preparación física. Paco Seirulo trabaja en el Barcelona desde 1978, cuando asumió como entrenador de atletismo del club. Desde 1996, último año de Johan Cruyff, es el preparador físico del equipo. En noviembre de 2007, en una entrevista que le realizó Angel Cappa –a la sazón, entrevistador del diario Marca–, Seirulo sentenció: “La preparación física no existe. Existe la preparación de un futbolista: antes, por error, se pensaba que primero había que fabricar un atleta y luego que jugase a lo que sea”.

Seirulo derribó tres mitos en esa entrevista: la supuesta importancia de la pretemporada, el calentamiento previo a los partidos y la utilización de pesas. De la pretemporada, analizó: “Es imposible que, entrenando un mes, se llene el tanque de un futbolista para toda la temporada, como se pretende. Hacer entrenamientos dobles y triples durante dos semanas no es bueno para los jugadores. Sólo consigues fatigarlos”. Del calentamiento: “Para mí, el calentamiento es apenas un acto socio-afectivo. Esto es: sólo sirve para ponerte en contacto con tus compañeros y con el ambiente. Por ejemplo, nunca vi a un tenista dando vueltas a la cancha antes de jugar”. De las pesas: “Casi no las uso, porque preparan al músculo para otras acciones que no son las que va a realizar el futbolista en la cancha. Lo que digo es que utilizar las pesas de forma genérica, en movimientos y en cargas que son ajenas al fútbol, es un error”.

Aunque metódicos, Guardiola y Seirulo varían los contenidos de los entrenamientos físicos. Argumentó Seirulo: “No quiero que los jugadores sean funcionarios de los entrenamientos. Los hábitos generan estabilidad inicial, pero acaban por destruir. Entonces, los jugadores, para adaptarse al nuevo entrenamiento que se les propone, sacan la energía que tenían aparcada. De lo contrario, pierden interés si hay mucha repetición”.

No llama la atención, de última, que el Barcelona se ejercite sólo con la pelota. “Si tú haces tres saltos de piernas –ejemplificó Seirulo– pero sin balón, no tiene sentido. Dónde saltas, cómo apoyas… todo es diferente si metes un balón de por medio.”



Cuestión de conducta. No bien asumió a mediados de 2008 como entrenador del equipo de Primera (venía del Barça B), Guardiola redactó un código de conducta interna. Allí se establecía, por ejemplo, que los jugadores no podían usar sus teléfonos celulares en el vestuario, ni escuchar música con auriculares y que debían ser amables, y hasta solícitos, con los simpatizantes y con los empleados del club (incluido, desde ya, Martín Rueda, el podólogo del equipo).

Además, Guardiola multa a los futbolistas que llegan a destiempo a las prácticas: seis mil euros, máximo. Más: los obliga a que lleguen una hora antes para que desayunen juntos (desayuno que es parte de una dieta que él encargó confeccionar a un cocinero, hoy empleado estable del club). Después, se entrenan durante apenas una hora y media. Almuerzan, y se van a sus casas (así es: rara vez, el mejor equipo del mundo practica en doble turno).



El Barça no se concentra en la previa de los partidos: cuando juegan de local, los futbolistas deben presentarse una hora y media antes en el estadio (así sucedió, sin ir muy lejos, el lunes, ante el Real Madrid); cuando lo hacen de visitante por la Liga, Guardiola procura que el viaje se realice en el día del partido. Día del partido en que Guardiola realiza un entrenamiento para trabajar –por primera y última vez– en pelotas paradas (en ataque, ya que en defensa el equipo marca en zona, nunca hombre a hombre). No bien se terminan las prácticas, los jugadores se van a sus casas a dormir una siesta. Después, a la cancha. A destrozar al rival de turno.

(*) Fuente: Diario Perfil


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