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Las cartas de El Amarna


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Notas sobre “ las cartas de El Amarna”
Los tres centenares largos de tablillas descubiertas en Tell-el-Amarna, pertenecientes a los archivos reales de Amenofis III y su hijo Amenofis IV, escritas en acadio, proporcionan una información extraordinariamente importante y completa sobre la situación internacional del Próximo Oriente en la primera mitad del s. XIV. Las cartas revelan la importancia del protocolo, que requería una forma de salutación elaborada. Todas revelan el interés obsesivo de los principes asiáticos por el oro egipcio (tan abundante en ese país como el polvo, dirá Assuruballit), que emplearían para ornar las construcciones emprendidas de palacios y templos. A cambio, Mesopotamia manda caballos y lapislázuli. Estos intercambios de objetos suntuarios o bienes de prestigio se realizan siempre en la forma de regalos entre hermanos, siguiendo el principio de "do ut des", y es esta hermandad la cualidad que mejor define la alianza y buenas relaciones entre soberanos del mismo rango. Las tres cartas muestran los reproches de los asiáticos ante la poca cantidad de oro enviado, cuya emisión ha de ser supervisada personalmente por el faraón (carta 1). Otra preocupación general la constituyen los ataques de que son objeto las caravanas de los enviados reales en tierras dependientes de Egipto por parte no sólo de elementos nómadas, sino aun de las propias autoridades egipcias (carta 1). El tono de la correspondencia entre el faraón y el casita Burnaburiash sugiere un declive en las relaciones entre ambos paises, quizás como consecuencia del debilitamiento progresivo de Egipto con Amenofis IV; en la primera carta de aquel destacan los ingenuos reproches ante la falta de preocupación de su hermano por su salud, que ignora realmente la lejanía de Egipto. Asimismo, las protestas de Burnaburiash (carta 2) y su declaración de hegemonía política sobre Asiria, muestran a las claras la expansión de ésta con Assur-uballit.




Al rey, mi señor, dice; Así Abdu-Heba, tu siervo. A los dos pies del rey, mi señor, siete veces y siete veces caigo. ¿Qué hice al rey, mi señor? Me culpan ante el rey, mi señor, diciendo: "Abdu-Heba se ha rebelado contra el rey, mi señor". He aquí, en cuanto a mí, no fue mi padre, ni mi madre, quien me puso en este puesto; ¡el brazo del poderoso rey me condujo a la casa de mi padre! ¿Porqué iba a cometer una transgresión contra el rey, mi señor?. Mientras el rey, mi señor, viva, diré al comisario del rey, mi señor: "¿Por qué favoreces a los hapiru y te opones a los gobernadores?" Y así soy acusado en presencia del rey, mi señor. Porque se dice: "Perdidas están las tierras del rey, mi señor". Así se me infama en presencia del rey, mi señor! Pero sepa el rey, mi señor, que cuando el rey estableció una guarnición, Yanhamu se apoderó de todo, y ... la tierra de Egipto... ¡Oh rey, mi señor, no hay tropas de guarnición aqui! ¡(Por consiguiente), cuide el rey de su tierra! ¡Cuide el rey de su tierra! Todas las tierras del rey se han rebelado; Ilimilku (2) causa la pérdida de todas las tierras del rey. Cuide el rey de su tierra! Repito: "Permítaseme entrar a la presencia del rey, mi señor, y déjeseme ver los dos ojos del rey, mi señor". Pero la hostilidad contra mí es recia, y no puedo entrar a la presencia del rey, mi señor. Quiera el rey enviarme tropas de guarnición, a fin de que pueda entrar y ver los dos ojos del rey, mi señor. Tan cierto como que el rey, mi señor, vive, cuando los comisarios vengan, diré: "¡Perdidas están las tierras del rey' ¿No me oís? ¡Todos los gobernadores están perdidos; el rey, mi señor, no tiene un solo gobernador!" Vuelva el rey, su atención a los arqueros, y envíe el rey, mi señor, tropas de arqueros, pues el rey carece de manos. Los hapiru saquean las tierras del rey. Si hay arqueros (aquí) este año, todas las tierras del rey permanecerán (intactas); pero si no hay arqueros, las tierras del rey, mi señor, se perderán!



Al escriba del rey, mi señor: Así Abdu--Heba, tu siervo. Presenta palabras elocuentes al rey, mi señor. ¡Todas las tierras del rey, mi señor, están perdidas! Al rey, mi señor, di: así (dice) Abdi-H_eba, tu siervo. Me he postrado siete veces y siete veces a los pies de mi señor, el rey. ¿Qué he hecho (yo) al rey, mi señor? Me calumnian ante el rey, (mi) señor: «Abdi-H_eba se ha rebelado contra el rey, su señor». Mira, a mí no me ha puesto en este lugar ni mi padre ni mi madre; el brazo poderoso del rey me ha introducido en la casa de mi padre. ¿Cómo (podría) cometer una falta contra el rey, (mi) señor? Mientras viva el rey, mi señor, diré al comisario del rey, (mi) señor: «¿Por qué quieres a los hapiru y odias a los goberna[dores]? Y por esto me censuran (?) ante el rey, mi señor. Cuando digo: «los países del rey, mi señor, está(n) perdido(s)», me censuran (?) por eso ante el rey, mi señor. Sepa el rey, mi señor, (que) cuando el rey, mi señor, ha puesto tropas de protección, Yanhamu (las) ha cogido [todas] ... (dos líneas muy deterioradas) el país de Egipto [...] el rey, mi señor. No hay tropas de protección. Que el rey cuide su país, que el rey cuide su país. Todos los [países] del rey, (mi) señor, se ha(n) rebelado. Ilimilku está arruinando la totalidad del país del rey. Que el rey, mi señor, guarde su país. Y digo: quiero entrar a la presencia del rey, mi señor y quiero ver los ojos del rey, mi señor; pero las hostilidades contra mí son fuertes y no puedo entrar a la presencia del rey, mi señor. Que plazca al rey enviar tropas de protección y pueda entrar y ver los o[jos] del rey, mi señor. Mientras viva el rey, [mi se]ñor, cuando se vaya un comi[sario], diré: los países del rey está(n) perdido(s). ¿No me escucharás? Todos los gobernadores están perdidos. No hay un solo gobernador para el rey, (mi) señor. Que el rey preste atención (lit. dirija el rostro) a las tropas de arqueros y vengan del rev, mi señor, tropas de arqueros. No queda país para el rey. Los hapiru saquean todos los países del rey. (Pero) si este año hay (aquí) tropas de arqueros, los países del rey, mi señor, permanecerán. Si no hay tropas de arqueros, los países del rey, mi señor, estará(n) perdido(s). Al escriba del rey, mi señor, así (dice) Abdi-Heba, tu siervo: dirige palabras favorables al rey, mi señor. Todos los países del rey, mi señor, está(n) perdido(s) .

Al re]y, mi señor, [di: así (dice) Ab]di-Heba, [tu] siervo: [me he postrado] siete ve[ces y siete veces a los pies] de mi señor [-- siete líneas mal conservadas...] A la ciudad de [...] he entrado. Que [el rey] sepa que todos los países están en paz, (pero) hay guerra contra mí. Así, pues, cuide el rey su país. Mira, el país de Gazru [Gézer], el país de Ashqaluna [Asquelón], y la ciudad de Laquis (L[a-ki-s]i) les han dado alimento, aceite y todo lo necesario. Que cuide el rey las tropas de arqueros. Que envíe tropas de arqueros contra las gentes que hacen el mal al rey, mi señor. Si hubiera este año tropas de arqueros, habría países y gobernadores para el rey, mi señor; si no hay tropas de arqueros, no habrá [paí]ses ni gobernadores para el rey. Mira, el país de Jerusalén (U-ru-sa-lim), éste no me lo han dado mi padre ni mi madre; el brazo fuerte del rey me lo ha dado. Mira, esta obra es la obra de Milkili y la acción de los hijos de Labayu, que han entregado al país del a los h_apiru (ha-pi-ri). Mira, oh rey, mi señor, el derecho (está) conmigo...


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